Dichos de Sor Juana

Cultura SAÚL ROSALES

Como parte de los enredos amorosos que Sor Juana inventa para ir estructurando su comedia Los empeños de una casa, el guapo don Carlos entra a casa de doña Ana para refugiarse porque lo persigue la justicia. La doña lo recibe hipócrita pero feliz, porque está enamorada de él, aunque él ama a la hermosa doña Leonor. En las reflexiones que se hace la antagonista de doña Leonor dice los siguientes sonorosos versos: “pues amparándole aquí / con generosas caricias / cubriré lo enamorada / con visos de compasiva”. Así que para expresar su compasión, suena piadosa y zalamera al decirle a Carlos: “Caballero, las desgracias / suelen del valor ser hijas / y cebo de las piedades”.

Tal vez no sea totalmente cierta la máxima extraída de esos versos y proferida por doña Ana, pero sí, uno de sus filos es el de la adulación. Por ahora se quiere congraciar con el bizarro enamorado de Leonor. Lo cierto es que no siempre la acción de un valiente lo lleva a la desdicha, sino que lo conduce a lo contrario, a la culminación de un hecho que signifique la felicidad.

El valor no debe confundirse con la temeridad. La temeridad, como resumen los diccionarios, es un atrevimiento que raya en la imprudencia y don Carlos, como se verá en la comedia de la Décima Musa, temerario en la noche ha tenido un lance de espadas con un par de desconocidos y cuando se presenta la justicia al hecho delictivo, temerariamente se escure en vez de enfrentar las consecuencias de su acción. Pero en la ficción teatral todo se vale mientras lleve barniz de verosimilitud. Así que es aceptable lo que Sor Juana dice: “las desgracias / suelen del valor ser hijas”.

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