La gran preparación

EDITORIAL JULIO FAESLER

En vísperas de las elecciones que determinarán el curso de la nación mexicana por muchos años, sorprende lo impreparados que estamos para enfrentar esta crítica coyuntura. Más que divididos estamos fraccionados. Ningún partido tiene la capacidad de elevar la mira por encima del choque rudimentario de rencillas de primitivos insultos ramplones que se desparraman.

En la cacofonía política se repite sin cesar todo lo que todos sabemos complementado con las noticias de asesinatos diarios cuyo número rivaliza con el de la terca pandemia.

Hay verdadera hambre por que cambien las cosas, salir del pasmo para encauzar la evolución que se requiere, convoque los esfuerzos nacionales a una acción que nos desate del estancamiento en que estamos.

Por doquier se advierte la intensidad de la coyuntura que vivimos, pero hay más claridad de visión en el árido suelo de Marte que aquí en México. La inevitable realidad que todos advertimos se complica con los soliloquios matutinos que niegan hechos y distorsionan la sencilla, inobjetable y válida meta de luchar contra la corrupción. Al erosionarse la muy cuestionada autoridad presidencial cunde más la confusión.

El presidente que busca, en su incesante condena a todo lo que le sabe a los regímenes anteriores, remiendos ha caído en una gestión que se desbarata a medida que van desmoronándose algunos de sus componentes más preciados. Los tres programas icónicos le llevan a fortalecer más de lo correcta la función del ejército, los programas sociales que cimientan su fuerza electoral están agotando recursos presupuestales y las reformas encallan en la práctica legislativa o en amparos.

Las candidaturas que ha apoyado sin pudor político se han frustrado exhibiendo la flaqueza de la caballada que suponía suficiente. La transparente maniobra para consolidar su predominio en el Poder Judicial demuestra lo faccioso de su convicción democrática que ahora traiciona, ante una sorpresa general, al embestir contra los organismos tan empeñosamente creados por la ciudadanía comprometida como el INE o el Tribunal Electoral anunciando su propósito de anular su independencia para incorporarlos a la estructura oficial. ¡Regresar a los tiempos en que la fotografía del Secretario de Gobernación presidía el organismo electoral!

La posición enhiesta de Porfirio Muñoz Ledo entra en acción obligado una vez más en momentos que el poder abusivo amenaza.

En el escenario revuelto de nuestra política nacional se presentan confusiones hasta hace poco tiempo inconcebibles como la creciente presencia del PRI que se ostenta, tras del exilio, como la opción con experiencia de gobierno. La opinión pública no debe olvidar que fue el partido que por setenta años reinó.

La evolución sociopolítica de nuestro país está llevándose al acompasado ritmo que no debe desesperarnos. La acción de una juventud comprometida y capacitada es el factor absolutamente indispensable para que los pasos que juntos demos sean sólidos. Ya que la generación de los mayores dejamos tan desafiante canasto de situaciones, lo menos que puede hacer es entusiasmar a los jóvenes a que realicen el papel histórico que les espera. Espero nos hagan caso.

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