Vasallos

EDITORIAL YAMIL DARWICH

Por todos es conocido el "motor" utilizado entre los antiguos imperios para prosperar: la fuerza física, apoyada en el abuso del conquistado y/o esclavizado; además contaban con vasallos, individuos que sin tierra o fortuna vivían condenados a la pobreza y trabajo inhumano.

La pobreza, sumada a la ignorancia, fue y sigue siendo el principal motor para ejercer dominio; nuestra historia tiene ejemplos válidos. Recuerde a Porfirio Díaz, señalado por mantener el analfabetismo -tema discutido por algunos historiadores modernos- abusando al imponer a sus cercanos en la administración del poder de México, incluyendo puestos políticos, nombramientos administrativos, posiciones de autoridad, negocios y hacendados, incluidas sus tiendas de raya.

Los abusos laborales siguen estando presentes y la corrupción profundizada; piense en el gran daño que producen los corruptos; ejemplo: manipulando la ley en las llamadas Juntas de Conciliación y Arbitraje, espacios del estado reconocidos por ser territorio de atracadores contra desvalidos trabajadores y/o empresarios resistentes al cohecho.

Contrario al humanismo, el abuso del fuerte sobre el débil sigue presente; aún más, se ha sofisticado, llegando a niveles sorprendentes.

Si bien es cierto que la economía mundial ha permitido mejores formas de vida, ésta no ha sido uniforme; existen enormes diferencias entre países pobres y ricos; en personas con poder económico/político y los desfavorecidos.

La brecha entre ricos y pobres se ha ampliado hasta llegar a generar la violencia social, incluyendo la criminalidad, protestas y/o creación de grupos agresivos que persiguen intereses propios -guerrilleros, protestantes, vándalos, etc.- incluya fraudulentos movimientos pseudo políticos.

Hoy día, podemos clasificarnos en: poderosos, vasallos y/o esclavos; los primeros ejerciendo el poder desde lo alto de la económica mundial, siendo muy pocos en la parte alta y muchos en la baja; otros, personas sujetos al "señor", con vínculos de vasallaje, denominados como funcionarios, administradores, directivos, etc., que logran alcanzar estadios de vida definidos como "suficientes" para comer, vestir, educar, habitar y hasta divertirse; los últimos, humanos sometidos al trabajo con escasas esperanzas de superación. ¿A cuál grupo pertenece?

En el pasado, las deudas generaban arraigos obligatorios, factor que permitía el abuso; hace apenas un poco más de un siglo, los mexicanos aún podían reconocerse como: poderosos, vasallos o esclavos; claro que son definiciones odiosas sustituidas por palabras suaves a la consciencia y oído.

Retomemos el caso de las tiendas de raya porfirianas, donde los indígenas y campesinos recibían los básicos para la vida -comida, ropa, utensilios de uso doméstico- a través del crédito que, con el tiempo se hacía impagable, obligándoles a trabajar abusados y arraigarse en la hacienda -de escapar eran perseguidos por ley-; ahora, sofisticadamente tecnologizados, sostenemos a los grandes comercios que cuentan con el uso y abuso de las tarjetas de crédito y el usuario deudor tampoco puede rehuir sus responsabilidades con altos intereses.

En el pasado, los poderosos contaban con la fuerza militar y hasta la autodenominación de "hijos o nombrados por Dios", utilizando su poder para gozar de niveles superiores de vida; los vasallos mantenían la esperanza de mejorar al mantenerse cercanos y serviles al dominador, prestándole sus servicios; los pobres: sometidos, "esclavizados".

Entonces, pocos tenían esperanzas de mejorar su condición socioeconómica, aunque de vez en vez aparecían revueltas y raramente triunfos de tales causas; los esclavos peleaban, los vasallos dirigían y finalmente ocupaban algún puesto de poder ganado con la victoria. Para el pobre: nuevas esperanzas fallidas.

Hoy día, sofisticados en las descripciones de los distintos sistemas políticos, vivimos la esperanza de la democracia que, en nuestro caso, es inmadura, imperfecta y violentada.

Anteriormente, algunos vasallos lograban mejorar; ahora continúan igual, solamente cambiando los términos y definiéndose como: electos, funcionarios, empresarios, trabajadores y pocos campesinos e indígenas, quienes logran aprovechar las oportunidades del sistema, beneficiándose del cambio.

Ahora, ha proliferado una nueva "casta": la politiquera, que ha desplazado al político de vocación, ocupado puestos de poder para enriquecerse brutalmente, heredar puestos a familiares y amigos imitando al porfirismo y cerrando el camino a otros, incluyendo compañeros del propio partido, bloqueándoles sus aspiraciones de superación. Repugnante.

Los vasallos de las monarquías estaban dispuestos a someterse a las más grandes vejaciones impuestas por su rey; los de ahora también, hasta llegar al ridículo extremo, si con ello agradan a su "tlatoani"; son aguerridos demensiados, defensores de dichos y acciones del "amo". Piense en los esbirros de Fidel y Chávez o nuestros representantes en las cámaras.

El fenómeno social, repetido a través de la historia, es difícil de cambiar en sus procesos y resultados; ahora aparecen alternativas para la real democracia, que presentan mayor reto a los vasallos y esclavos: romper con paradigmas de dominio, buscar libertad y promover el sufragio conforme a creencias y votando por sus preferidos.

Le pido, encarecidamente, que reflexione sobre lo escrito, luego que intercambie ideas con sus cercanos y promueva el voto inteligente. ¿Acepta?

ydarwich@ual.mx
Lea la noticia completa aquí

COMENTARIOS

Comentar esta nota
Noticias relacionadas
Tendencia
SUCESOS
PORTADA