EUA, puerta que no se abre a migrantes

Nacional AGENCIAS

Llorar, abrazar a sus hijas y resistir la frustración de haber fallado en un nuevo intento de encontrar paz es lo único que les queda a Julia y Ana María, guatemaltecas retornadas de Estados Unidos a Ciudad Juárez, Chihuahua, y quienes actualmente se encuentran en el albergue municipal Kiki. Ambas fueron devueltas sin tener al menos la posibilidad de exponer sus casos frente a un juez.

Con lágrimas incontenibles, Julia Vázquez, de 27 años, abraza a su hija, de cuatro. Mientras, intenta comprender por qué otra vez le negaron la posibilidad de reencontrarse con su esposo y su hijo, a quienes no ha visto en más de tres años.

La situación de inseguridad y pobreza de su familia en Guatemala era insostenible, por eso, dice, su esposo y su hijo mayor huyeron a EUA, adonde lograron internarse; no obstante, para Julia y su pequeña suman ya seis intentos frustrados de ingresar.

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"Como éramos pobres, [mi esposo] se fue al otro lado y se llevó a mi otro hijo, entonces nosotras intentamos ir: dijeron que había paso y nos fuimos. Uno se ve en grandes sufrimientos: frío, hambre, sed... para que lo deporten otra vez", reflexiona Julia, con la voz entrecortada.

La mujer se encuentra en esta frontera tras haber cruzado por Reynosa, Tamaulipas, y se siente perdida al no tener dinero ni claridad sobre lo que hará en los próximos días, sobre todo después del sufrimiento al que fue expuesta su hija para llegar al norte de México.

"Me duele. Sufrimos con mi hija tantas cosas en el camino, íbamos y nos agarró Migración. Sólo una noche nos dejaron y nos retornaron de nuevo".

SIN DERECHO A HABLAR

Para Ana María Moreno y su hija de cinco años, la historia no es muy distinta.

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"Estoy triste. Ha sido muy duro el viaje. Iba con las pruebas de que vengo huyendo de mi país y tenía la esperanza de que me apoyaran", dice entre lágrimas, mientras atiende a su hija, quien lleva tres días con vómito.

La esperanza de Ana María de ofrecerle a su hija un mejor futuro se agotó en menos de 24 horas, pues las autoridades migratorias no le dieron siquiera la oportunidad de una audiencia para narrar la terrible situación que, en solitario, enfrentan ella y su hija en Guatemala.

"Si tomé la decisión [de migrar] fue porque quería protección para mi hija, pero no me escucharon, no tuvimos derecho de hablar, no les importó".

En lo que se refiere a condiciones humanitarias para Ana María y su hija, llegar al albergue municipal Kiki Romero, en Ciudad Juárez, significó un alivio, pues la noche previa durmieron en una colchoneta a ras de piso, cubiertas con una bolsa de aluminio en un espacio con muchos otros migrantes, listos para ser retornados a México.

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Junto con ellas, otras 38 personas fueron recibidas en ese nuevo espacio, el cual se habilitó durante el fin de semana pasado y abrió sus puertas el lunes, con el propósito de desfogar los albergues ya existentes, debido al incremento en el flujo de migrantes en la ciudad.

DEPORTADOS, DE NUEVO

Rogelio Pinal Castellanos, director de Derechos Humanos del municipio, explicó que, bajo el Título 42, relacionado con riesgos de salud pública, Estados Unidos está retornando a unas 100 personas al día, por lo cual fue necesario adecuar este espacio de manera digna.

En contexto, derivado de los lineamientos de la Secretaría de Salud (Ssa), los albergues y refugios de Ciudad Juárez están funcionando a 50% o 60% de su capacidad, por lo que se prevé que resulten insuficientes para atender a las personas migrantes que sean devueltas al país bajo ese nuevo esquema.

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Migrantes son devueltos de Estados Unidos a Ciudad Juárez.

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