Desencanto por la democracia

EDITORIAL RICARDO HOMS

Las dictaduras modernas entran por la puerta fácil y cómoda de la democracia: ganando elecciones. La democracia es como el flirteo: es un juego perverso de percepciones y seducción, donde las verdaderas intenciones del acosador quedan en evidencia hasta que ya no hay remedio, precisamente cuando en la mañana siguiente el seductor se despoja de la piel de oveja y muestra su rostro real con sus afilados colmillos.

La idea de que los regímenes autoritarios inician siempre a través de un golpe de estado perpetrado por militares, como sucedió en Chile, Brasil, Argentina y Uruguay, por citar algunos casos de la segunda mitad del siglo XX, o a través de una revolución como sucedió en Cuba con Fidel Castro o en Nicaragua con la revolución sandinista capitalizada hoy por Daniel Ortega, es un estereotipo con el que se trata de engañar al pueblo. En Venezuela y Bolivia, por poner dos ejemplos, el autoritarismo llegó a través de las elecciones y se consolidó cooptando a las élites militares desde el poder, dándoles prebendas y beneficios que luego no querrían perder. Por ello terminan convirtiéndose en incondicionales de quien gobierna. Los populistas hoy ganan elecciones capitalizando el descontento popular, al cual magnifican apelando a rencores ancestrales.

Evidentemente las injusticias, así como los graves e imperdonables errores de quienes nos gobernaron antes del 2018, generaron en México desencanto y resentimiento legítimo que hoy capitaliza Morena para hacer lo mismo. El resurgimiento de la trasnochada "lucha de clases" que promueve Morena para confrontarnos a los mexicanos, es un atentado contra la democracia.

Es innegable que en todo el mundo campea el desencanto por la democracia y la exigencia ciudadana de un cambio social y político radical, de raíz. La gente quiere ver un modelo diferente de gobierno y por eso está sensible a utopías. En México la democracia hoy es atacada desde el poder. De forma desleal se está manipulando hacia el descrédito del árbitro que estorba el intento de centralizar y concentrar más y más poder. Por ello la andanada morenista contra el INE.

México espera un gran cambio de verdad, pero no es a esta transformación que recicla viejos paradigmas, que destruye y no construye nada que valga la pena pues está sustentada en la improvisación. Hay desencanto por la democracia, es urgente primero defender las instituciones autónomas que garantizan el estado de derecho. Defender al INE es fundamental. Dejar que nos lo roben equivale a despojar a los mexicanos de su derecho a decidir con total libertad, como ha sido durante los últimos 25 años. ¿A usted qué le parece?

Twitter: @homsricardo
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