En sábado santo

EDITORIAL JULIO FAESLER

Se acumularon los temas que palpitan en esta Semana Santa, algunos de tal inmensidad que son imposibles de resolver pronto; otros, como el de usar los instrumentos de la Democracia para mejorar el Gobierno, son atendibles si los afrontamos y remediamos con decisión.

En efecto. Es momento para reflexionar sobre el primer lapso del gobierno del presidente López Obrador y si queremos seguir con un legislativo federal que aprobó financiar proyectos tan cuestionados como el del nuevo aeropuerto, la refinería y el tren maya o los programas sociales defectuosamente administrados y aplicados. Diputados que no crearon los indispensables apoyos a las pequeñas y medianas empresas que a diario zozobran por anemia financiera.

De repetirse el predominio de Morena en el Congreso habremos de esperar muchas más iniciativas presidenciales tan azarosas e inconstitucionales como las de petróleos y de electricidad recientemente enviadas.

Más que en muchos casos anteriores la suerte del país está en juego. Definidos los candidatos para la Cámara de Diputados, que se renovará el 6 de junio, es necesario que la ciudadanía cuelgue en una percha su desinterés y se resuelva a salir a expresar con firmeza si desea que sigan en marcha las cosas como en la primera mitad de este sexenio.

Hay que contrarrestar el abstencionismo y promover un activo interés por participar en las elecciones para tener un Gobierno fuerte y valiente, sólidamente integrado por representantes conocedores de los temas que han de examinar referentes al complicado mundo. En el angustiante tópico de la migración, nuestro país debe y puede actuar con criterio propio y atender con eficacia y sentido humano los intereses nacionales y los de otros países, muy especialmente los de nuestros hermanos centroamericanos.

La migración es el fenómeno que con mayor dramatismo expresa el resultado de décadas, si no de siglos, de injusticia general hacia los sectores de población más necesitados. El mundo ha iniciado el tercer milenio con tan intensa desigualdad de condiciones materiales y espirituales que son miles de millones de seres humanos los que buscan desesperadamente en otras tierras escapar de su realidad de sufrimiento cotidiano, los dolientes contingentes de que con sus famélicas familias se arrastran atravesando fronteras selladas por ciegos nacionalismos, egoísmos económicos y torpes burocracias.

La comunicación actual nos presenta privaciones, violaciones a derechos, horrores de los que huyen los migrantes y refugiados y que ningún televidente tiene la más remota posibilidad de atender o remediar desde su casa. Vemos a sirios, birmanos, yemenitas, afganos, augures, tibetanos y también a nuestros hermanos centroamericanos caminando cientos de kilómetros por llegar a la tierra de oportunidades.

En un ambiente que por décadas, si no siglos, ha sido regido por criterios de crudas ventajas mercantiles, sin referencia alguna a conceptos superiores al de la ganancia económica, ni mucho menos por orientaciones espirituales, intentar remediar las causas profundas de la desigualdad, injusticia o equidad de género resulta casi imposible.

Afortunadamente, el ser humano es positivo por naturaleza. Así está programado. Se sabe imperfecto y que la perfección la encontrará en los ideales que lo rebasan y trascienden. Esta irrefrenable búsqueda de mejora hace que ninguna tragedia, por más horrenda que sea, holocausto por humanos o desastres naturales, lo venza. Siempre subsiste la aspiración de superación.

Es esa la energía que dinamiza la reconstrucción social que urge. Las soluciones de hoy, a principios todavía del siglo XXI, las tenemos a la mano en los instrumentos técnicos, administrativos y económicos que hemos heredado y completado.

Con esos elementos realizaremos, por ejemplo, una magna integración económica y cultural que abarque, con ingredientes modernos, nuestra zona de influencia.

El ser realista no esteriliza la aspiración. Es conocer el trampolín del que nos lanzamos. La base de donde se parte emplea los instrumentos con que se cuenta. En el uso del talento y la experiencia acumulada está el secreto para salir de la jaula del mohoso fierro.

Es esta la lección de esta Semana Santa para los que sin oscuras premoniciones ya se abocan a la tarea de actuar con respeto a la dignidad humana y no repetir en los años que vienen desastres ya tan sufridos por mujeres y niños inocentes.

Es este el esquema mental que esperamos de una nueva Legislatura producto del 6 de junio que, libre de la disciplina oficial, independiente de las obsesiones anquilosadas del Ejecutivo y acompañada de un Poder Judicial honorable y señorial, sea por fin el ágora donde se ventilen y aprueben las decisiones que el mundo espera de nosotros.

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