La Administración Pública. ¿Para qué?

EDITORIAL CARLOS MATUTE

Los miércoles, cada quince días, Cristina Galíndez, Ernesto Velasco y el de la pluma, Carlos Matute, platicamos con profesores destacados que han realizado aportaciones relevantes en la administración pública contemporánea y que son reconocidos en Iberoamérica por su obra, su labor docente y su entrega personal durante décadas a la promoción y divulgación de la teoría de la gestión pública del siglo XXI.

Estamos convencidos de que la transformación de la Administración Pública, en los últimos 40 años, ha sido radical y se explica en virtud de la globalización, la evolución del Estado, la crisis de la gestión pública de fines del siglo XX y su renovación, así como el surgimiento de nuevos enfoques como el impulso a la transparencia, la rendición de cuentas, la participación ciudadana, el desarrollo tecnológico, las políticas públicas, el gobierno abierto y la exigencia de mayor certeza, confianza y combate a la corrupción.

Una idea reiterada en estos programas sobre "La Administración Pública: avances y crisis" es la invitación a quienes piensan dedicar o dedican su vida al estudio o la práctica de esta materia a ser íntegros intelectualmente, no confundir los medios con los fines, y a impulsar permanentemente la profesionalización como vía necesaria hacia la acción efectiva de los órganos del Estado.

Las administraciones públicas sólo sirven cuando tienen autonomía técnica y son capaces de oponer, integrando la orientación política del gobierno en turno, los principios de eficacia, eficiencia, economía, transparencia, honradez, confiabilidad, congruencia y certidumbre a los poderosos tanto aquellos que triunfan en las elecciones como aquellos que acumulan muchas riquezas.

Los administradores públicos o los particulares gestores de lo público deben comprometerse con el bienestar social en dos planos: contribuir con la realización de la misión de la organización en la que prestan sus servicios y ser factor para superar la desigualdad social que aqueja a nuestras sociedades latinoamericanas.

La gestión de lo público debe ser objetiva, profesional, de excelencia, leal a las instituciones, factor de estabilidad y desarrollo, promotora de los derechos humanos, integradora, incluyente y abierta al escrutinio y la participación ciudadana, y cuando esto no sucede es alto el riesgo de fracasar socialmente en la consecución de los objetivos del desarrollo sostenible como erradicar la pobreza, poner fin al hambre y garantizar una vida saludable.

Un denominador común en estas pláticas con los expertos en la administración pública es que es imposible un buen gobierno en un régimen autoritario que menosprecie a los servidores públicos y no "invierta" en su profesionalización. El mayor reto es consolidar un aparato administrativo estatal que se adapte con rapidez a los cambios sociales y económicos constantes e imprevisibles. Se puede caer en una profunda crisis si éste se limita a obedecer ciegamente al poder o reproducir rutinas burocráticas.

Las administraciones públicas potencializan su acción cuando profesionalizarse es una actitud compartida por sus integrantes, cuando hay activistas del buen gobierno comprometidos con su realización efectiva y cuando la sociedad entiende la complejidad de su labor y colabora con ella y exige que rinda resultados.

¿Para qué sirve la Administración Pública? Es una pregunta que intentamos responder cada quince días con expertos conocedores y apasionados de la misma. Los esperamos.

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