PIÉNSALO, PIÉNSALO

Columnas Social ARTURO MACÍAS PEDROZA

El Papa Francisco con su encíclica "fratellitutti", (3 de octubre 2020), afirma que suele haber formas como el populismo y liberalismo, que contradicen el deber de desarrollar una comunidad mundial con buena política en favor del bien común. En México la contraposición deambas tendencias ha logrado sembrar las semillas del odio, impidiendo reconstruir la unidad de familias, personas y comunidades.

El denominador común es el desprecio de los débiles escondido en formas populistas o liberales, que impiden la incorporación de los más débiles en una unidad con un lugar para todos.

Pretender clasificar a personas, grupos, sociedad y gobierno en populistas y no populistas, e intentar meter todo en uno u otro grupo, es ignorar lo legítimo de la noción de "pueblo" como algo más que suma de individuos. "Pueblo" implica fenómenos sociales, megatendencias, proyectos comunes, que necesitan estar unidos para lograr un sueñocolectivo y objetivos a largo plazo. La demagogia que no une "pueblo" y "popular", daña seriamente el caminar de un país. El pueblo no puede reducirse a una categoría mística y angelical ("pueblo bueno y sabio"); pertenecer al pueblo es ser parte de una identidad común que implica un proceso difícil hacia un proyecto común. Un pueblo vivo, dinámico y con futuro es el que está abierto permanentemente a nuevas síntesis incorporando al diferente.

Un líder interpreta el sentir, la dinámica y las tendencias de una sociedad aglutinándola, conduciéndola y fundando un proyecto duradero de verdadera transformación y crecimiento que implica ceder lugar a otros a fin de lograr el bien común. Pero es insano el populismo "cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad" (Op. cit. n. 159).

los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Expresa degradación el asistencialismo que "busca garantizarse votos o aprobación, pero sin avanzar en una tarea ardua y constante que genere a las personas los recursos para su propio desarrollo, para que puedan sostener su vida con su esfuerzo y su creatividad" (n. 161). Proporcionar trabajo es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. No existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo.

Pero las visiones liberales tienen también sus límites: su individualismo rechaza la valoración positiva de los lazos comunitarios y culturales; la sociedad que se convierte en una mera suma de intereses explotando al más débil;acusan de populistas a quienes defienden los derechos de los más débiles; rechazan la categoría de "pueblo", creando también una polarización innecesaria que acusa de excluir la organización social, la ciencia y las instituciones. No perdamos la capacidad de advertir la necesidad de un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida. Es lo que ocurre cuando la propaganda política, los medios y los constructores de opinión pública persisten en fomentar una cultura individualista e ingenua ante los intereses económicos desenfrenados y la organización de las sociedades al servicio de los que ya tienen demasiado poder.

¿Estamos obligados a tomar partido y considerar enemigo a quien elija el otro bando? ¿Existe otra opción que supere la manipulación o explotación del más debil? La caridad reúne ambas dimensiones e implica una marcha eficaz de transformación de la historia que exige incorporarlo todo: las instituciones, el derecho, la técnica, la experiencia, los aportes profesionales, el análisis científico, los procedimientos administrativos. La verdadera caridad se expresa en el encuentro persona a persona, llega al lejano, al ignorado, através de los diversos recursos que las instituciones de una sociedad organizada, libre y creativa son capaces de generar. "El amor al prójimo es realista y no desperdicia nada que sea necesario para una transformación de la historia que beneficie a los últimos. De otro modo, a veces se tienen ideologías de izquierda o pensamientos sociales, junto con hábitos individualistas y procedimientos ineficaces que sólo llegan a unos pocos. Mientras tanto, la multitud de los abandonados queda a merced de la posible buena voluntad de algunos.

No hay una sola salida posible, una única metodología aceptable, una receta económica que pueda ser aplicada igualmente por todos. El mayor peligro es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Hace falta dar calidad a las relaciones humanas pensando la vida humana más integralmente. Tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y hacer que la caridad nos reconcilie con quienes habíamos considerado enemigos, para que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos.

piensalepiensale@hotmail.com
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