PEQUEÑAS ESPECIES

Columnas Social M.V.Z. FRANCISCO NÚÑEZ GONZÁLEZ

Esa mañana como todos los días se escuchaban lo gritos alterados de un hombre regañando a su hijo huérfano de madre.

Levántate que es muy tarde, lávate la cara y los dientes, péinate, apúrate ya es hora de entrar a la escuela, ya no hay tiempo para que desayunes, en el camino tomas algo, pero no lo vayas a tirar, ¡que te dije tonto! ya ensuciaste el uniforme, nunca aprenderás hacer bien las cosas, el chiquillo guardaba silencio, estaba tan atemorizado que no se atrevía a justificarse con su padre. En la escuela, constantemente era reprendido por su maestra porque se distraía siempre pensando porqué no podía ser feliz como los demás niños. Esa tarde al regresar a casa se atrevió a romper el silencio y le dijo a su papá. Hoy me preguntó la maestra en que trabajas y no supe que responder. Yo entreno perros, dijo el hombre. ¿Y para que los entrenas?. Preguntó su hijo. Los enseño a ser obedientes, a sentarse, a echarse, a quedarse quietos, a brincar obstáculos, a no hacer destrozos, cuidar la casa, proteger a los niños, los entreno para trabajar en la policía, en los bomberos, a rescatar personas, para salvar vidas localizando explosivos y también los entreno para ayudar a caminar a personas ciegas. Con mucho interés, el niño seguía preguntando. ¿Y les pagan a los perros por hacer todo eso? Claro que no dijo el papá, a cambio reciben mucho amor, atención y cuidados por parte de sus dueños o de quienes trabajan con ellos. ¿Y cómo logras entrenarlos? Preguntó el niño. Es muy sencillo dijo el papá. Solamente les pongo "una cadenita", los llevo a pasear, camino y platico con ellos y poco a poco les voy a enseñando. Cuando no hacen bien los ejercicios los corrijo firmemente pero sin lastimarlos, después los acaricio para que sientan que no estoy enojado con ellos. ¡Pero se necesita mucha paciencia!. El pequeño muy emocionado quería salir corriendo y decirle a sus amiguitos lo que acababa de escuchar, estando orgulloso de su padre, con una sonrisa sollozando levantó su carita y dijo… ¡Ponme la cadenita! Yo también quiero salir a pasear y platicar contigo, quiero aprender muchas cosas de ti, quiero que me corrijas si lo hago mal y después me acaricias para sentir que no estás enojado conmigo. A cambio yo seré un niño obediente, no te hare enojar más, no haré destrozos, cuidaré la casa, aprenderé a cuidar las personas, a salvar vidas…Ah y si un día te quedas ciego, yo te ayudaré a caminar, ponme la cadenita para que ya no me regañes ni me grites. El padre sintió que aquellas palabras desgarraban su alma pensando en lo ciego que había estado con su hijo. Es solo un niño pequeñito que quise convertir en hombre antes de tiempo, abrazando a su hijo prometía sollozando que sería un mejor padre. Fue así como el milagro del amor incondicional que nace de la mascota hacia su amo, había transformado el comportamiento del padre hacia su hijo con una mágica cadenita que unía sus corazones con eslabones de comprensión, paciencia y amor.

pequenas_especies@hotmail.com
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