Chalecos rivales

EDITORIAL SERGIO AGUAYO

Después de once meses de encierro recibí la vacuna contra el COVID en la CDMX. Durante las horas de cola pude constatar la politización de la vacunación y la polarización de las redes sociales.

A poco de instalarme en la fila, se acercó un organizador con chaleco verde (atuendo usado por los promotores del gobierno de la CDMX) para marcarnos sobre la mano el número que nos correspondía. Era una forma sencilla de evitar los altercados habituales con quienes se quieren meter en las filas. Me correspondió el 250. Luego pasó un grupo con chaleco guinda de Servidores de la Nación (son 23 mil enviados del presidente recorriendo el país distribuyendo ayudas y becas a los más necesitados). Cuando el Servidor vio el número refunfuñó: "está mal que les hayan puesto la inscripción en la mano. No forma parte del protocolo". Andaba de mal humor porque los Servidores habían sido marginados.

En el centro de vacunación que estuve, la organización fue controlada de principio a fin por los "chalecos verdes". Al poco rato ya nos referíamos a ellos como "los de Claudia" y a los guinda, como "los de Morena". Los verdes fueron con mucho, los más amables, empáticos y organizados. Hicieron lo que estaba a su alcance por hacernos llevaderas unas horas de espera. Uno de ellos ofreció vasos de agua, todos respondían con paciencia las múltiples dudas que nos iban surgiendo.

También influyó que la Jefa de Gobierno se dio el tiempo de visitar algunos centros -entre ellos el nuestro- para pedir disculpas por el tiempo de espera. Ningún funcionario federal ha hecho algo similar. Mantienen una arrogancia que requiere corrección con unas inyecciones de humildad democrática.

Cuando me dijeron que estaría esperando entre tres y cuatro horas, decidí ir haciendo en Twitter una crónica fiel de lo que observaba. Ni critiqué, ni me quejé. Relaté lo que iba pasando en ese microcosmos del México real.

A los pocos minutos de enviado el primer tuit empezaron las críticas virulentas. Les ofendían mis referencias críticas a la inutilidad de los Servidores de la Nación en el lugar donde estaba (los considero, aclaro, un truco electorero) o los elogios al mejor desempeño de "los de Claudia". Como también había quien apreciaba mis crónicas, se desencadenó un debate sobre la relación entre ciudadanía y gobierno.

Algunos me acusaban de "malagradecido" por no reconocer los esfuerzos hechos por el gobierno de la Cuarta Transformación; otros respondían que no había nada que agradecer porque vacunar era una obligación gubernamental que habían hecho mal. Mi postura es que los ciudadanos no somos vasallos que tengamos que "agradecer" los servicios recibidos; eso no quita "reconocer" el buen trabajo.

La parte más grata de la experiencia fue convivir con vecinos de la colonia donde he vivido 40 años. Los chilangos nos hemos ganado a pulso la fama de gruñones y criticones (hay encuestadores que toman en cuenta este factor). Ayer había un buen ánimo y una disposición a esperar con paciencia, tolerar los errores de organización y apoyarnos para sobrellevar las incomodidades y problemas.

Reapareció la famosa solidaridad y amabilidad mexicana. Compartíamos orígenes e impresiones e íbamos valorando lo hecho y dejado de hacer por quienes gobiernan. Había críticas pero también reconocimiento. En mi pequeño entorno surgió el consenso de que lo mejor había sido la actitud empática de los "chalecos verdes".

También nos motivaba, creo, la esperanza de que con la vacuna disminuirá la incertidumbre de quien teme contagiarse sin saber cómo reaccionará el cuerpo ante una invasión de COVID. Una de mis angustias en noches de insomnio durante estos meses ha sido imaginar a mi familia y amigos recorriendo el Valle de México en busca de una cama de hospital o de un preciado tanque de oxígeno.

Es cierto que somos un país polarizado y dividido por una y mil razones. También lo es que seguimos siendo un país solidario capaz de organizarse cuando las circunstancias nos lo imponen. Dicho esto, lo mejor de todo es que finalmente están vacunando a los adultos mayores. Que estos primeros días sirvan para corregir errores y mejorar la atención.

@sergioaguayo Colaboraron: Zyanya Valeria Hernández Almaguer y Alfonso David Aparicio Bolaños
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