Veracruz: de la violencia a la paz y el progreso

EDITORIAL JOSÉ SANTIAGO HEALY

La nueva secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, por fin reapareció en público para confirmar que su plan de trabajo no se moverá un ápice al trazado por López Obrador durante los últimos dos años.

Rosa Icela estuvo dos meses ausente luego de enfermarse por Covid-19, precisamente cuando fue designada en el cargo por el primer mandatario tras la renuncia de Alfonso Durazo Montaño.

Durante la conferencia mañanera del pasado 30 de diciembre, la titular de la SPC sostuvo que no se trata "de ganar una guerra sino de ganar la paz", aseguró que "el delito se va a perseguir sea quien sea" y que la prioridad será combatir la impunidad, la prevención y la persecución de delitos.

La secretaria Rodríguez no se salió del script que ha seguido AMLO. Sin llegar al extremo de repetir la controvertida frase presidencial de "abrazos y no balazos", la funcionaria dijo que "la apuesta por la guerra no funcionó, sólo trajo miles de muertos y dolor a las familias mexicanas".

Pareciera que la nueva funcionaria ignora que México registró en el 2019 -durante el primer año de gobierno de la 4T-un récord histórico de homicidios dolosos con un total de 34,582 y que a noviembre del 2020 la cifra ascendió a los 31,781 homicidios, muy cerca del total del año anterior.

Si bien es cierto que en noviembre se registró un descenso significativo a 2,670 homicidios dolosos, todavía la tendencia del año pasado fue alta y podría superar a los años anteriores a pesar de la pandemia y los esfuerzos del actual régimen.

A propósito del tema, en los últimos días del 2020 viajamos a la lejana Veracruz por motivos familiares, el estado se mantiene en semáforo verde lo que nos motivó a realizar la travesía vacacional.

La primera sorpresa fue encontrar un moderno y floreciente puerto de Veracruz que nada tiene que ver con el que conocimos hace más de treinta años.

La ciudad está colmada de nuevos bulevares, desarrollos comerciales y residenciales de primera línea, hoteles al por mayor, un campo de golf diseñado por Greg Norman y sin dejar a un lado los atractivos tradicionales del histórico puerto como su música, su gastronomía y su cálida hospitalidad.

La segunda sorpresa fue constatar su nivel de seguridad, habíamos escuchado de episodios violentos en el pasado, pero nada que ver con la tranquilidad y la calma que se respira hoy en día en el mero Veracruz.

La historia nos la platicaron así: entre 2008 y 2012 el puerto vivió tiempos violentos, los Zetas tomaron el control de la plaza que luego fue disputada por otros carteles durante esos años.

Fue el gobierno de Felipe Calderón quien ordenó combatir a raya a los maleantes con el apoyo de la Secretaría de Marina que cuenta con una importante base naval en Veracruz además de la Heroica Escuela Naval de Antón Lizardo.

Los marinos tomaron en cuestión de días el control de la policía estatal y la municipal que estaba totalmente infiltrada por el crimen organizado. Los militares patrullaban la ciudad junto a los escasos policías que no fueron destituidos, colocaron retenes estratégicos y se dedicaron a capturar a los delincuentes.

Hubo muchos muertos y escenas terribles como aquellos 35 cadáveres que aparecieron en un transitado bulevar de Boca del Río en septiembre del 2011.

Pero en cuestión de meses la violencia cedió de manera significativa, la Marina restableció la tranquilidad y hoy una década más tarde, Veracruz y sus municipios conurbados Boca del Río y Alvarado disfrutan de sus mejores tiempos.

Los elementos de la Marina que participaron en aquel rescate podrían contarle la historia a AMLO, a doña Rosa Icela y a tantos gobernadores que todavía creen que la violencia en los estados mexicanos se acabará por arte de magia y no mediante operativos sólidos y bien trazados.

PATALEO DE TRUMP

Por demás aterrador lo ocurrido la tarde del miércoles en Washington donde una horda de extremistas irrumpió en el Congreso para protestar por el presunto fraude electoral del pasado 3 de noviembre. Escenas inéditas se vivieron en el Capitolio en donde una manifestante murió por herida de bala. Ante la zozobra, algunas voces demandan la remoción de Donald Trump, quien deberá dejar el poder el próximo 20 de enero.

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