De Política y Cosas Peores

EDITORIAL ARMANDO CAMORRA

La Convención Anual de Hombres con Eyaculación Prematura empezó a las 9 de la noche. Terminó a las 9.01. La linda chica puso la fotografía de un sujeto en el piso de la jaula del perico. Su amiga le dijo: "Realmente odias a tu ex novio ¿no?". Volaban dos palomas sobre el repleto estadio de futbol. Una le dijo a la otra: "Como que así no tiene chiste, ¿verdad?". Don Cucurulo y don Carranco hicieron un solemne pacto: el primero de ellos que muriera volvería del más allá a decirle al otro cómo era la vida después de la muerte. Sucedió que don Carranco falleció. Días después don Cucurulo despertó en su alcoba al oír una voz que lo llamaba con tono de ultratumba. En la penumbra de la habitación vio una sombra rodeada de una luz espectral. "¡Caracoles! -exclamó, pues en su juventud había representado comedias españolas-. ¿Eres tú, amigo?". "Yo soy -respondió con voz grave la sombra-. He venido del más allá para decirte cómo es la otra vida". "¡Carambola! -profirió don Cucurulo-. A ver, dímelo". Describió el otro: "Me levanto por la mañana, follo con mi pareja, comemos algo y nos volvemos a dormir. Despertamos, volvemos a comer y follamos otra vez. Eso se repite durante todo el día". "¡Caramba carambita! -se entusiasmó don Cucurulo-. ¡Sí que es buena la vida en el Cielo!". Replicó la sombra: "¿Quién te dijo que estoy en el Cielo? Soy un conejo en una llanura de Chihuahua". Una ancianita llegó a la antesala del consultorio médico. Al caminar hacía con su bastón un ruido acompasado: toc, toc, toc. Buscó un lugar dónde sentarse, pero no lo halló: todas las sillas estaban ocupadas. Volvió sobre sus pasos: toc, toc, toc. Un tipo que estaba ahí le dijo con enojo: "Señora: si le pusiera usted una gomita a su bastón no haría ese molesto ruido". Sin vacilar replicó la anciana: "Y si tu padre se hubiera puesto una gomita cuando se acostó con tu mamá yo tendría dónde sentarme". Los escoceses, ya se sabe, tienen fama de ser excesivamente ahorradores. Hace unos días un turista iba por cierta calle de Nueva York y en la puerta de un bar vio un letrero que decía: "Precios de 1920. Hora feliz de 6 a 9 PM. Dos bebidas por el precio de una". Entró, intrigado por aquello de "Precios de 1920", ocupó un asiento en la barra y le preguntó al cantinero: "¿Cuánto cuesta una cerveza?". "Tres centavos" -le informó el hombre. "Me da una" -pidió el turista sin poder creer lo que oía. La bebió y le pagó al barman con una moneda de cinco centavos. "Quédese con el cambio" -le dijo. Seguidamente preguntó: "¿Cuánto cuesta un whisky?". Le indicó el cantinero: "Seis centavos". Pidió el turista uno, lo bebió y le pagó al de la taberna con una moneda de 10 centavos. "Quédese con el cambio" -repitió contento al pensar en lo mucho que se estaba ahorrando. En eso advirtió la presencia de dos escoceses (por la faldita o kilt supo que lo eran). Los dos nativos de Escocia estaban en una mesa del rincón sin beber nada. El turista le preguntó al cantinero: "¿Qué hacen ahí esos escoceses? No han pedido nada". "No -replicó el cantinero-. Están esperando que llegue la hora feliz". Aquel muchacho y su novia iban en automóvil por una carretera. A los dos les llegó súbitamente el deseo de hacer el amor, pero temieron ser vistos, pues pasaban muchos vehículos. Se metieron entonces bajo el coche y se pusieron a hacer lo que querían hacer. En eso un patrullero le preguntó al muchacho: "¿Qué estás haciendo ahí?". Lleno de confusión acertó el chico a responder: "Le estoy arreglando la trasmisión al carro". Le dijo el policía: "Debiste arreglarle también los frenos. Desde hace rato el coche está en el fondo del barranco". FIN.


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