Una desgracia cívica

EDITORIAL EDGAR SALINAS

(PRIORIDAD SOCIAL NÚMERO 1)

¿Cuántos años son necesarios para resolver un problema social grave? ¿Depende de la inversión pública y privada que se realice para eliminar el problema? ¿Siempre es un tema de dinero -o inversión, si se prefiere el término- la solución a un problema social grave? ¿Cuándo fue la última vez que en la ciudad o en la región se resolvió un problema social grave, es decir, fueron eliminadas sus manifestaciones y anuladas sus causas?

En las últimas semanas he escuchado en múltiples conversaciones conclusiones poco optimistas respecto al estado que atraviesa la región. Se esgrimen diversas pruebas para señalar que la economía no avanza ni a nivel de inversiones generadoras de empleo ni de ingresos en los hogares; también se recita de seguido un listado amplio de problemitas, problemas y problemones que tornan gris el panorama para el entusiasmo local. Y al final de los números rojos, quedan vacíos sustanciales a la hora de plantear propuestas. Incluso con evidente dificultad se enuncian los principales graves problemas, sus causas y soluciones sin resquebrajar aún más el panorama.

¿Solo en regiones como la nuestra es muy difícil solucionar los problemas sociales graves? Se dice que mal de muchos, consuelo de flojos, pero lo cierto es que aún en las mejores ciudades es difícil y toma mucho tiempo resolver problemas sociales graves.

Consideremos como ejemplo la situación de las personas sin casa o en situación de calle (homeless) en una de las dos ciudades más caras para vivir de los Estados Unidos: San Francisco, el corazón de varias de las gigantes tecnológicas y de las tendencias corporativas en cultura organizacional. La ciudad con promedio de 1.3 millones de dólares en el valor de las casas. Una ciudad opulenta. Leí en el editorial del San Francisco Chronicle "6,686: A civic disgrace" ( 6,686: una desgracia cívica) cómo este medio considera la prioridad número uno resolver la situación de las personas homeless (6686) que viven en las calles de la carísima, y orgullosa del futuro que se crea, ciudad de San Francisco. Considera el editorial que deberían plantearse tanto las autoridades como la comunidad reducir a cero el número de homeless en las calles de la ciudad y que, además, podrían aprender de las exitosas prácticas desarrolladas en otras grandes ciudades de Estados Unidos.

El famoso periódico de la bahía franciscana incluso tiene un sitio especial donde albergan investigación, opinión y propuestas en torno al tema que debería ser la prioridad número uno a resolver. Llamó mi atención el artículo porque pensé que era de antier, el día que lo leí. Pero al final de la lectura me percaté que estaba fechado en julio de 2016. Hace tres años que ese diario y la opinión pública y autoridades locales, a decir del editorial, que consideran esa situación como la prioridad número uno a resolver en esa ciudad. Hace tres años y, sin embargo, las calles céntricas de la ciudad mantienen el escenario denunciado por el medio desde hace por lo menos tres años. El grave problema social y prioritario en su atención, permanece para vergüenza de propios y lamentable sorpresa de extraños.

Parece que resolver un problema social grave no se lleva poco tiempo y no solo es cuestión de inversión pública o privada. ¿Entonces dónde está la clave? ¿Cómo definir cuál es la prioridad número uno a resolver en una ciudad o región? Enunciar problemas, desafíos o retos no necesariamente significa que se les defina y menos aún que se les comprenda en la complejidad del sistema que forman parte. Un problema social grave no se resuelve al margen del sistema que integra.

Un ejercicio indispensable que convierta la percepción, e incluso aproximaciones metodológicas de mayor rigor, de una problemática para su intervención y solución es comprender de manera robusta cómo está integrado el sistema del que forman parte los problemas o al menos ese que se considere prioridad número uno. De otro modo es difícil resolver de fondo y, a veces, hasta difícil comenzar a resolver.

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