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Bytes libres

LAS LIBERTADES DEL SOFTWARE LIBRE

Gabriel Peña
jueves 27 de marzo 2014, actualizada 8:51 am


Hace unos días fui invitado a una cena donde, después de degustar ricos platillos al ritmo de una tranquila música, se realizó la siempre agradable sobremesa.

La plática estaba muy amena, pero alguien conecto su laptop a las bocinas y, de pronto, se escuchó una voz diciendo "Se ha detectado una amenaza" a lo que reaccioné diciendo:

- Sí, la amenaza es que usa Windows.

Con ello se cambió el tema de la plática: Les dije que yo no uso Windows, lo conozco, pero no lo uso: Yo uso GNU/Linux, un sistema operativo libre. Comenzamos a hablar de GNU/Linux, Gimp, LibreOffice, pero nos enfocamos en las cuatro libertades del Software Libre.

Lo primero que les comenté fue que ellos pueden descargar el código fuente del programa y estudiar cómo funciona, inclusive lo pueden modificar para adaptarlo a las necesidades que tengan en su empresa, escuela o para alguna necesidad en particular.

- Al ser libre el código fuente de un programa - les comenté -, por lógica también es libre el programa, y al ser libres ambos, se pueden distribuir copias, ya sea del código o del programa o ambos, a quien así se desee; y con ello no se ve uno involucrado en aquello llamado piratería.

- Espera - dijo una persona que estaba a mi lado - ¿puedo descargarlo y dárselo a mis amigos y familiares?

- Sí.

- Pero ¿y si lo quiero vender?

- Puedes venderlo.

- ¿No dijiste que era gratis? Me confundes.

- No, yo nunca dije que era gratis: dije que era libre. Tú puedes hacer negocio con él, si quieres; o puedes dárselo a quien quieras y con eso puedes ayudar a la gente que te rodea.

- Ok - me dijo un joven estudiante de sistemas -, entiendo todo lo que acabas de decirnos, pero si yo bajo el código, lo estudio y veo que puedo hacer modificaciones y con ello hago que vaya más rápido o que sea más seguro ¿Puedo hacerlo?

- Sí - dije con una sonrisa -, puedes mejorar el programa.

- Pero ¿tengo que decirles que lo hice, decirles que lo mejoré?

- ¿Te refieres a solamente decirles que lo mejoraste o publicar el código mejorado?

- Publicarlo.

- El publicar o no tus mejoras, es tu decisión... pero piénsalo: Antes que tú, otras personas en todo el mundo crearon el programa, otras lo han mejorado y han liberado las mejoras para que todos disfrutemos de un mejor programa. Devuelve el favor y así te integrarás a la comunidad mundial de colaboradores de ese programa que modificaste y que hiciste que sea mejor.

Empezaron después a preguntar:

- ¿Puedo usarlo en los trabajos de la escuela?

- Sí.

- ¿Puedo usarlo en la tienda de mi papá?

- Sí, si él te da permiso.

- ¿Para modificar las fotos que tomé hoy me es útil?

- Creo que te refieres a Gimp, y sí: también puedes usarlo para eso.

- ¿Podemos usarlo en lo que queramos?

- Sí, pueden usar ese programa libre en lo que deseen: GNU/Linux, Gimp, Inkscape, LibreOffice y muchos más.

Al oír lo anterior unas personas llegaron a la conclusión:

- Como yo no sé programar, puedo pagarle a alguien que sepa y lo arregle para mi empresa.

- Con lo que fomentas - respondí - el empleo de programadores en la Comarca Lagunera.

- Entonces - me preguntó el anfitrión -, ¿cuál es el límite de uso para esa maravilla que mencionas de software libre?

- Tu imaginación marca el límite, amigo... - dije mientras le guiñaba un ojo - tu imaginación marca el límite.

El autor, Osvaldo Salazar, es miembro del Grupo de usuarios de GNU/Linux de La Laguna

(http://www.gulag.org.mx)

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