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Siglo Nuevo

Pina Bausch, habitando los silencios

Revolución de la estética

Diana Leticia Nápoles Alvarado
jueves 16 de enero 2014, actualizada 5:12 pm

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Coreógrafa de movimientos que todavía no habían sido experimentados. Escenarios llenos de pétalos, agua que cae, olas que se rompen contra los cuerpos embravecidos por el estruendo de un sonido que vibra entre las tablas. Estas imágenes forman parte de las creaciones de la bailarina y coreógrafa alemana Pina Bausch.

“Todo lo que veo de la vida me interesa formularlo, plasmarlo, tomando en cuenta las relaciones y los deseos”, fueron algunas de las palabras de una mujer de aspecto sencillo, que creó una nueva vanguardia, además de ser fundadora de la compañía de danza contemporánea “Tanztheater Wuppertal”, integrada por 21 bailarines de distintas nacionalidades.

Con ellos, Pina visitó numerosos países, entre ellos México, cuyo suelo tocó por primera vez en 1978, presentándose en el Teatro de la Ciudad, con su coreografía Cafe Müller, donde actúo como solista. Varios años después, en 1994, estrenaría la coreografía Nelken (claveles) en Bellas Artes y Guanajuato, invitada por el Festival Cervantino.

Se trata de una de las artistas alemanas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Pina, quien nació en 1940, tomó sus primeras clases con el coreógrafo Kurt Jooss en la Escuela Superior Folkwang de Essen. Ahí, realizó sus estudios de danza escénica y pedagogía de la danza de 1955 a 1958. Además, también recibió preparación en la Escuela Juilliard de Nueva York.

EXPRESIONISMO: LA RENOVACIÓN DE UNA ESTÉTICA

La bailarina de danza contemporánea se inscribe en la estética expresionista, caracterizada por marcar grandes diferencias con la estética de la danza clásica, a la que el público estaba tan acostumbrado en aquellos años. A pesar de que Kurt Joos se valía de elementos del ballet clásico para formar a sus estudiantes, Pina sería una de las precursoras de una nueva corriente, en la que los movimientos fueron liberándose de la técnica que hasta ese momento había sido respetada. Además, los bailarines de este movimiento establecieron un diálogo directo con los elementos que hacen parte de la escenografía.

Históricamente, el expresionismo se vivió entre 1880 y 1930. El movimiento trataba de crear nuevos modelos que se alejaran de la estética de la danza clásica. Como todo lo que llega a instaurarse con aire de novedad, fue rechazado, ya que el público alemán estaba habituado a un lenguaje conocido, que no incluía los temas que empezó a introducir esta nueva estética.

El salvajismo, la muerte, el dolor, la tristeza y toda una serie de emotivos temas comenzaron a hacer su aparición en las coreografías de los primeros representantes de esta corriente, entre los que se cuentan Rudolf von Laban y Mary Wigman.

De la misma forma, este movimiento estuvo presente en todas las artes. Las nuevas ideas representaban una reacción ante las vivencias de la Primera Guerra Mundial, dando especial importancia al sentir de los artistas, quienes mostraban sus emociones y sentimientos a través de sus creaciones. De cierta forma, el artista se convirtió en un «traductor» de su interioridad, la cual era plasmada en sus piezas.

UNA VANGUARDISTA

Por el escenario camina una bailarina con los ojos cerrados, va pegada a la pared, previniéndose del mundo y los objetos con los brazos extendidos. La mujer lleva un vestido largo, blanco, está descalza y el cabello le cae sobre la espalda. Se escucha The Fairy Queen y Dido and Aeneas de Henry Purcell. Es una de las escenas de Cafe Müller.

Pina entregó un lenguaje desconocido hasta ese momento, cuyas primeras frases comenzaban a contarse en el mundo. A ella se le atribuye la creación del género danza-teatro, desde cuya composición fue capaz de incluir aspectos de la vida cotidiana en escena.

Este género es considerado una mezcla de teatro, actuación, danza moderna y musical, donde también la plástica tiene cabida, a través de la escenografía que se utiliza.

Por otra parte, Pina llevó su innovación a todos los aspectos que forman parte de sus coreografías. En algunas vemos un escenario lleno de tierra húmeda; en otros, los bailarines chapotean en grandes charcos de agua a cada salto o giro; también, se esparcen flores y césped sobre las tablas, para darle una personalidad distinta a las puestas en escena.

“La danza no parte de un texto ya existente, sino de un juego de experiencias que consiste, en el fondo, en reconocer algo todavía desconocido”, dijo en una entrevista Bausch, quien otorgaba una especial importancia al gesto cotidiano, expresando lo que el ser humano vive y siente desde una experiencia corporal.

Otra de sus peculiaridades fue la introducción de improvisaciones de free jazz, mezclas de rock y ópera, utilizando la música y composiciones de artistas como Bertolt Brecht y Kurt Weill. Parte de ello quedó plasmado en el documental Pina (2011), realizado en 3D por el director de cine alemán Wim Wenders.

Fumadora empedernida, se ocupó de grandes tareas como redefinir las construcciones que la danza había hecho de la masculinidad y femineidad. Algunos de sus contemporáneos afirman que los bailarines de su compañía no encajan en el ideal de «belleza» trazado por los estereotipos de quienes cultivan la danza. De la misma forma, destacan el uso de objetos tales como sillas, mesas, cubetas, sogas, plantas, entre otros.

LIBERTAD DEL CUERPO

Entre sus propuestas escénicas están Ifigenia en Táuride, Orfeo y Eurídice, Bandoneon, Palermo Palermo, Danzón, entre otras. En ellas, el lenguaje usado por Pina permite a los bailarines compartir todo tipo de emociones a través de la danza.

Dado que Pina era una artista con interés en propiciar la convivencia cultural, en

2001 montó de nuevo su obra Kontakthof, que había creado en 1978. Sin embargo, a diferencia del primer montaje, convocó a través de un anuncio en el periódico Wuppertal, a personas mayores de 65 años que estuvieran interesadas en la danza, de entre los cuales seleccionó un grupo de veinticinco adultos mayores, quienes a lo largo de un año estuvieron en ensayos apropiándose de la coreografía de Pina.

Cuando todo estuvo preparado, trece mujeres con vestidos de gala de diferentes colores y doce hombres de traje y corbata, salieron al escenario presentando una obra que sorprendió por el talante de los participantes, quienes de ser simples aficionados pasaron a convertirse en cuerpos que se movían al ritmo de la música, ejecutando los pasos y gestos de la coreografía con soltura, demostrando que todos pueden bailar sin importar la edad que tengan.

En otras obras, las coreografías de Pina expresan actitudes dramáticas a través de los saltos, golpes y movimientos de los bailarines. Asimismo, otros han dicho que la estructura de sus obras se compone de varios episodios. Por último, señalan que en sus coreografías encuentran plasmadas las formas y ritos sociales tan propios de la sociedad europea de esa época.

En 1985, Pina se convirtió en directora del área de danza en la misma universidad donde había iniciado sus estudios, la Escuela Superior Folkwang de Essen.

UN LENGUAJE CORPORAL PROPIO

Hay una mujer de vestido rojo que carga un árbol en la espalda, mientras delante de ella avanza otra mujer de vestido blanco que, doblada, lleva a un hombre dormido sobre la espalda. Ésta imagen forma parte del documental donde están reunidas varias de sus coreografías. Las dos mujeres avanzan a pasos lentos, a la orilla de algo parecido a un cauce de agua.

La última creación de Pina fue una coreografía que tituló Como el musguito en la piedra, ay, sí, sí, sí…, la cual nació a partir de la canción “Volver a los 17”, de Violeta Parra. La obra fue inspirada en un viaje a Chile en febrero de 2009, que la artista y su compañía realizaron, a lo largo del cual fueron reuniendo experiencias y sentires para reflejar la vida que encontraron en este país.

A los 68 años, Pina Bausch murió a causa de un cáncer fulminante, que le fue diagnosticado cinco días antes de su fallecimiento. Quienes tuvieron la dicha de convivir con ella personalmente, expresan que la coreógrafa utilizaba pocas palabras. Entre sus principales influencias estuvieron artistas como Mary Hinkson, Antony Tudor y José Limón.

Actualmente, la compañía “Tanztheater Wuppertal” es dirigida por el coreógrafo Lutz Förster, quien desde 1975 ha sido integrante de la agrupación, además de desempeñarse como profesor en la Folkwang University of the Arts en Essen.

Twitter: @diananapoles

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