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Enrique Sada Sandoval Domingo 17 de nov 2013, 10:23am ... Anterior 7 de 7 Siguiente ...

Un sitio entre historias: el Campestre Lagunero

Vista panorámica de Club Campestre Lagunero y sus canchas de tenis desde el Cerro del Campanario durante la Segunda Guerra Mundial.

SIGLOS DE HISTORIA

(Tercera y última parte)

Una vez adquirido el terreno, se procedió a constituirse formalmente el Centro Campestre Lagunero como Sociedad Civil de Responsabilidad Limitada con fecha del día 2 de octubre del año de 1933. De acuerdo con el Acta Constitutiva de dicho club, aparecen como miembros fundadores nada menos que trece hombres entre los cuales destacan como personalidades de la época, en el ámbito empresarial y militar, lo siguientes: el General Eulogio Ortiz, Agustín Zarzosa, Eliodoro Dueñes, Antonio de Juambelz, José F. Ortiz, José de la Mora, Carlos Franco, Salvador Valencia, Pedro Torres Sánchez, José Rendueles, José Cueto, Albert. J. Halbert, y Dutton de Pegram, quienes en su mayoría terminaron formando parte del primer Consejo de dicha asociación. De acuerdo con el Acta Constitutiva de dicho club, comparecieron en la ciudad de Torreón ante el Notario Público Lic. Celso A. Enríquez, los arriba mencionados y fungiendo como testigos los señores Antonio D. Medina y Juventino Mayagoitia para cumplir con la formalidad requerida por la ley en aquel entonces.

Llama la atención el hecho de que todos los signatarios fundadores en su mayoría provienen o radican en la ciudad de Torreón salvo el caso de Pedro Torres Sánchez, quien aparece como oriundo de la ciudad de Lerdo, Durango. Sin embargo, es digno de resaltarse que sin importar este hecho en particular, todos se manifiestan unánimes al momento mismo de denominar al club como lagunero (no de Gómez Palacio, ni de Lerdo, ni mucho menos de Torreón) lo cual nos habla en mayor medida de un sentimiento de identidad regional plenamente asimilado a consciencia en la mentalidad del común de quienes habitaban en las tres ciudades hermanas desde aquel entonces, incluyendo a los extranjeros tal como es el caso de los españoles Rendueles y Cueto, el norteamericano Halbert o el diplomático británico Pegram. Este curioso espíritu de asociación ligado a la necesidad de establecer un sitio en concreto para el descanso al igual que para el despliegue de varias actividades resalta de una manera clara, una vez que se analiza la configuración de dicha asociación sin importar lo heterogéneo o la diversidad de sus integrantes, independientemente de su nacionalidad o el sitio de residencia de los mismos.

Como objetivos principales, entre los que enuncian los fundadores del Campestre Lagunero, se refieren en el Acta los siguientes:

"I.-El impulso de los deportes en general.

II.- Adquirir y poseer por cualquier título legal, ya sea compra, arrendamiento o cualesquiera otro, de los terrenos, edificios, inmuebles que fueren necesarios para su objeto y celebrar por lo mismo los contratos indispensables para llenar los fines de la sociedad.

III.- Establecer centros recreativos, ya sea en el domicilio social o en esta ciudad de Torreón para uso y beneficio de sus socios en donde encuentren distracciones que puedan fomentar el cultivo moral, intelectual y físico de los mismos.

IV.- La exposición de dichos objetos es enunciativa y no limitativa; su objeto fundamental es según queda expuesto de carácter deportivo, recreativo y social comprende todo aquello que tiende a crear, fomentar y desarrollar la cultura física, la ilustración y el espíritu de sociabilidad, las distracciones que respondan al objeto de su fundación".

Por lo que respecta al motivo principal que mancomuna a los miembros para establecer el club destaca a lo largo de los puntos arriba citados un espíritu humanista y cosmopolita que no deja de resaltar incluso para aquel entonces, pues los fundadores fincan su principal propósito en el hecho de enaltecer valores universales tales como "la cultura física" y "la ilustración" (por la que se comprende la Cultura Intelectual como un valor) y de un modo tan plural que lo mismo prevé para futuro la posible creación de otros centros recreativos por parte de quienes integran dicha asociación ya sea en Gómez Palacio o Torreón incluso, lo cual nos habla de un sentido plenamente comunitario en donde se espera que los beneficios se traduzcan en otros sitios en donde se pueda compartir el beneficio del solaz y del descanso a la par de la disciplina que suele ser propia de cualquier deporte en sí.

El capital que se destinó inicialmente para la instalación del Campestre de Gómez Palacio, fue de 6 mil 500 pesos, representado en 65 acciones de 100 pesos cada una y bajo esta misma iniciativa fue que los socios fundadores adquirieron por compromiso institucional nada menos que 5 acciones compradas por cada uno de entre ellos, siendo así como pudieron dar pie para que se iniciaran los trabajos correspondientes para la creación de lo que serían los primeros 9 hoyos con los que se preparaba el campo de golf y la construcción de las canchas de tenis, la alberca para nadar, los lagos o estanques que embellecerán el campo a la postre y finalmente lo que serán los salones para bailes y reuniones.

Para 1934, la obra iniciada en las postrimerías del año anterior aún no se daba por concluida, pero el apremio de los fundadores y su constante supervisión sobre el desarrollo de la obra finalmente dieron fruto cuando el 24 de diciembre se organizó la ceremonia de apertura formal y se cortó el tradicional listón rojo, siendo nombrados Fidel Ruiz como el primer administrador del club, seguido por Pablo Villegas, quien fungiría como su asistente o primer ayudante. Para 1935 el naciente esplendor de dicho centro de esparcimiento empezaría a generar interés por parte de la sociedad lagunera de aquel entonces, que no obstante encontrarse distribuida en las tres principales ciudades ya referidos, mostró un vivo interés ante el hecho de poder contar con un lugar de recreación como no lo disponían siquiera algunas capitales de otros estados del país. De aquí que se lanzó una segunda convocatoria para poner a la venta del público en general nada menos que 500 acciones con un valor de 5 pesos cada una, que fueron adquiridas por 70 miembros que fueron los que se distribuyeron 5 acciones por persona. Dos años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial el número de miembros del club se había incrementado notablemente hasta llegar a los 300, al mismo tiempo en que se pagaba una cuota mensual de 10 pesos que les proporcionaba la facilidad de hacer uso de los campos de golf, además de una cuota cercana a los 50 pesos para el mantenimiento en general. Además del goce de las instalaciones por parte de quienes eran miembros formales del club, las familias de los socios también estaban facultadas para hacer uso de los salones al igual que tendrían en derecho para organizar festividades y eventos gracias a que se les facilitaba el pago de una cuota simbólica.

La buena fama y el renombre de este club de esparcimiento se hizo tan notoria por su amplitud y muy particular belleza a través de algunos medios impresos que circulaban en aquel entonces, tan así que fue en las instalaciones del mismo en donde el general Lázaro Cárdenas en persona se coordinó para iniciar el reparto agrario en la Comarca Lagunera, tal como lo había decretado, el 6 de octubre de 1936. Como era de esperarse, la presencia de la clase política mexicana en este punto del semidesierto también atrajo el arribo de otros deportistas de renombre que con su propio sello personal vinieron a brindarle el toque definitivo a lo que los fundadores habían dispuesto preliminarmente, tal y como sucediera en 1943 con la llegada del argentino Elías Óscar Vicenzo, golfista de talla internacional e instructor profesional de esta disciplina, quien influyó para que se terminaran de construir los 9 hoyos de golf faltantes a los que ya se habían hecho diez años atrás. La culminación del campo de golf como uno de los principales atractivos fuera de la región llegó a oídos incluso del presidente Miguel Alemán Valdez quien no escatimó tampoco en aprovechar para jugar una buena partida de golf, durante una visita realizada, compitiendo con el gobernador de Coahuila Raúl López Sánchez y nada menos que con uno de los miembros fundadores: el banquero José F. Ortiz. Fue a partir de este momento en que el Campestre Lagunero llegará a alcanzar no sólo una notoriedad sin precedentes sino también a atraerse compradores de terrenos al por mayor, pues de algún modo se asoció el vivir en su cercanía como una muestra de status por parte de varios particulares, tal y como se demuestra por el incremento en la adquisición de viviendas y el fraccionamiento de todos los predios aledaños para la construcción de nuevas casas en o que fue la antigua hacienda de Santa Rosa entre 1942 y 1964. De modo que cuando Sir Sean Connery llegó volando en exclusiva desde Durango capital -tras haber concluido con Brigitte Bardot la filmación de un western en los parajes de la Sierra del Sarnoso, del famoso set de Chupaderos y la Sierra de Durango- para entregarse a disfrutar de la práctica del golf, durante los dos días de estancia que estuvo hospedado en Torreón, lo hizo en las inmediaciones de este club en 1968.

Así las cosas, y como mudo testigo del paso del tiempo sobre los destinos mancomunados de las tres ciudades hermanas de la región, el Club Campestre Lagunero (ahora denominado Campestre de Gómez Palacio) aún conserva con orgullo mucho de su legado añejo en vísperas de cumplirse los 80 años de su fundación este 2013. Todavía pueden observarse en su fachada y en algunos de sus muros los vestigios de otros tiempos de bonanza tales como el estilo propiamente californiano de su edificación, que era la moda en cuanto a construcción y diseño se refiere entre la década de los años veintes y treintas del siglo anterior; hermosamente ubicado entre las faldas de ambos cerros, dotado de algunos fairways un tanto estrechos para los golfistas con sus 18 hoyos emblemáticos, tres lagos, 6,325 yardas y como valor agregado, además de seguirse ostentando como uno de los primeros clubes deportivos de México, también como un gran sitio construido entre historias y que por sí mismo se conserva honrosamente, como patrimonio de esta región.

Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx

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Conocedor y siempre amigo del buen vivir, llamado "el cachorro de la Revolución", el presidente Miguel Alemán Valdés llegó a competir en los campos de golf con el gobernador de Coahuila, Raúl López Sánchez y el banquero José F. Ortiz en 1950.

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Fanático del golf desde 1964, Sir Sean Connery voló especialmente desde Durango, tras concluir filmaciones con Brigitte Bardot, para pasar dos días jugando en Gómez Palacio, en 1968.


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