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Internacional

En Alemania no quieren donar sus fortunas

EL UNIVERSAL/ BERLÍN, ALEMANIA
martes 10 de agosto 2010, actualizada 9:44 am

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En Estados Unidos la idea de Bill Gates de donar la mitad de la fortuna con fines benéficos ha tenido buena acogida; en Alemania, no. La idea subraya el fracaso de un Estado, para unos; existen mejores vías, opinan otros.

Los súper-ricos alemanes no quieren seguir a Bill Gates, el archimillonario dueño de Microsoft, y al inversionista Warren Buffett en su idea de donar la mitad de su fortuna para obras de beneficencia. Lanzada en junio de 2010, la iniciativa The Giving Pledge -promesa de donación- ha sido acogida por cuarenta multimillonarios de Estados Unidos. Los de Alemania, por el contrario, ven la idea más bien con escepticismo.

 UN NAVIERO GENEROSO

Según informa Spiegel online, el millonario naviero alemán Peter Krämer encuentra esta acción bastante problemática, debido a que las donaciones en Estados Unidos pueden ser deducidas de impuestos, es decir, una persona con fortuna puede decidir si paga impuestos o dona. "Así, el donante asume funciones que debe tener el Estado. Eso representa una mala transferencia del poder estatal al gusto de los millonarios". El proceso, así Krämer, es peligroso, pues "¿quién legitima a esas personas a decidir a dónde deben llegar esas enormes sumas de dinero?". El naviero hamburgués -que da sus barcos nombres de personajes combativos como Sophie Scholl o Simón Bolívar- está a favor de que en Alemania los de altos ingresos aporten más a las arcas estatales.

 POLÍTICOS A FAVOR DE IMPUESTOS A LOS RICOS

La puesta en práctica de esta idea de Gates representaría, según Jürgen Trittin, líder de la fracción de Los Verdes en el Parlamento Alemán, "una vergüenza para un Estado.

Un país que permite que la gente acumule fortunas tan grandes como la de Gates y Buffett -el segundo y tercero más ricos del mundo-, pero que no puede solucionar sus tareas por sí mismo, "está simplemente mal desde la base". Los Verdes y los socialdemócratas alemanes pretenden plantear un alza de la tasa impositiva para las personas de altos ingresos. Según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) los impuestos sobre el patrimonio en pocos países industrializados son tan bajos como en Alemania.

 HAY OTROS CAMINOS

La familia de empresarios Otto, de Hamburgo -que llevó a la empresa de compras por catálogo a ser líder internacional y a Michael Otto a ser el segundo hombre más rico de Alemania- ve en este llamado a la beneficencia un truco de mediático de sus organizadores. Thomas Voigt, portavoz de los Otto, recalcó que la familia Otto no ve con buenos ojos eso de gritar a los cuatro vientos las buenas obras, en ello existen diferencias de mentalidad con los estadounidenses. Además, así Voigt, "si bien en Alemania se requiere un mayor compromiso con la sociedad", el dinero de las empresas está mejor empleado en fundaciones o en proyectos sociales sustentables. En este punto coincide con la opinión del empresario Krämer: mejor que donar el 50 por ciento de la fortuna es colaborar con organizaciones ya reconocidas. Por su parte, Dietmar Hopp -fundador de la empresa SAP y que encabeza también la lista de los germanos más acaudalados- optó por convertirse en mecenas del deporte: el club TSG 1899 Hoffenheim y la fundación adjunta surgieron de su fortuna.

El escepticismo que han manifestado los ricos alemanes frente al generoso proyecto de Gates es compartido por Manuela Roßbach, directora de Deutschland Hilft, una asociación que aglutina a varias organizaciones de ayuda humanitaria alemanas. Si por un lado siempre es bueno manifestar empatía con los desfavorecidos y donar, en el caso de The Giving Pledge, Roßbach cuestiona: "¿No se trata de funciones que debería asumir el Estado?".

Aprenden matemáticas

Rodeados de montañas de desechos, los hijos de los "zabalín", los basureros de El Cairo, aprenden matemáticas gracias a los recipientes de champú que recogen de los desperdicios en un proyecto que quiere romper el ciclo de pobreza.

Miles de personas viven desde hace 60 años en la ladera de la montaña de Muqatam, en el Sureste de la capital egipcia, entre la basura generada por los cairotas, un negocio que ocupa a los "zabalín" (basureros) y a toda su familia.

"Hace seis años el 65 por ciento de los menores de 20 años eran analfabetos porque ayudaban a sus padres en la recogida y separación de la basura", explica Ezzat Naeim, hijo de basureros y director de la Asociación de servicios medioambientales "El espíritu de la juventud". Para romper "un ciclo que los condenaba a la pobreza y la marginación para el resto de sus vidas", según Naeim, la asociación creó en los bajos de un humilde bloque de pisos una escuela de reciclaje, a la que asisten actualmente 156 menores.

Las paredes del local están decoradas con dibujos y del techo cuelgan cartulinas de colores e hileras de botes de champú usados de una multinacional estadounidense, responsables del éxito de esta singular escuela. Y es que entre sus muros los niños del barrio aprenden a leer y escribir en árabe y nociones básicas de matemáticas, a la vez que reciben un sueldo por reciclar recipientes de champú.

Precisamente, los botes de plástico protagonizan los problemas matemáticos a partir del hecho de que, según Naeim, los menores "venden tres marcas de champú y cada una tiene tres tamaños con un precio diferente". "Como recogen un bote grande por 20 piastras y le damos por él 40 piastras, les planteamos cuestiones como cuánto deberían ganar con cien recipientes del mayor tamaño", agrega el director de la ONG.

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