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El Siglo de Torreón Viernes 11 de ago 2006, actualizada 11:22am ... Anterior El Siglo 2 de 27 Siguiente ... El Siglo

Los soldados que trajeron el caos

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Los noticias de enfrentamientos entre grupos al servicio del narcotráfico han dejado de ser novedad; ya sea en Michoacán, Guerrero o Tabasco, los reporteros hablan de la violencia extrema perpetrada por una facción que se formó en las filas del Ejército.

EL UNIVERSAL-AEE

MÉXICO DF.- Mateo Díaz López era un tabasqueño que en agosto de 1996 quería pasar de ?mojado? por la zona fronteriza de Matamoros hacia Brownsville, Texas. En aquel tiempo traía un corte de pelo pegado al cráneo, corto, muy corto, su estatura era de un metro 69 centímetros y tenía 26 años de edad. Había llegado a Tamaulipas desde su natal Cunduacán en el verano de aquel año con una sola idea: llegar a Estados Unidos.

Un intento infructuoso lo retuvo en aquella ciudad fronteriza donde, para mantenerse, se acercó al 15 regimiento de caballería mecanizada, al que solicitó ingresar. El 16 de septiembre, según respuesta a una petición de acceso de información hecha a la Secretaría de la Defensa Nacional, fue aceptado como soldado de caballería.

En los siguientes dos años radicó en Reynosa, donde tenía su sede, hizo los cursos de manejo de armas y equipo de apoyo, se especializó en rastreo pero todo esto no contó para ser tomado en cuenta por sus superiores jerárquicos y transcurridos sus dos primeros años de servicio no obtuvo ningún ascenso.

Quizá por ello en 1998, en la primera gran defección de militares hacia el cártel del Golfo, desertó de su unidad para acompañar a Arturo Guzmán Decena, desertor desde 1997, uno de los militares más activos en ese momento con el narcotráfico, quien lo invitó junto a varios de sus colegas a sumarse a las filas del capo Osiel Cárdenas Guillén.

En pocos meses Mateo logró lo que quería: reconocimiento y dinero, ya que uno de los argumentos clave que esgrimía el principal reclutador de la organización creada en Tamaulipas para quienes defeccionaban del Ejército eran los bajos salarios ?un promedio de siete mil pesos mensuales en ese momento para los que no estaban de comisión? que eran nada en comparación con la suma que en un solo día podrían alcanzar como miembros del cártel.

Como él, otros de sus compañeros abandonaron el cuerpo armado pero hubo algunos que decidieron finiquitar su relación con el Ejército de manera formal y solicitaron su baja del servicio activo para no quedar registrados con el delito de deserción.

Al menos así quedó plasmado en una serie de peticiones hechas por medio del IFAI (Instituto Federal de Acceso a la Información) a la Defensa Nacional sobre una lista de personas a las que la Procuraduría General de la República identificó como integrantes del grupo paramilitar de Los Zetas.

Mateo, el comandante Mateo fue noticia hace dos semanas, cuando fue atrapado en su pueblo natal, y luego que un grupo de sus compañeros atacara con bazucas la cárcel en un intento infructuoso por rescatarlo.

En el origen fueron tropa

En el último tramo de la administración de Enrique Cervantes Aguirre, como secretario de la Defensa Nacional, uno de sus más cercanos colaboradores, Guillermo Álvarez Nahara, general de División proveniente del arma de artillería, fue designado director de la Policía Judicial Federal (PJF).

Con él llegaron comisionados a la PJF varios militares que comenzaron a conocer a fondo cómo se manejaba en ese momento la relación de la corporación con los cárteles de la droga desde la óptica de quienes actuaban como auxiliares del Ministerio Público. Cuando en diciembre del año 2000 concluyó la Administración zedillista, varios de los que estaban de comisión y que se les ordenó reincorporarse al Ejército solicitaron su baja del servicio activo.

Oficialmente no se sabe qué pasó con ellos, pero de acuerdo a una serie de reportes de las zonas militares, concentrados durante el cambio de administración en el Estado Mayor de la Defensa, hubo varios que comenzaron a operar para diversas organizaciones del narcotráfico.

En los primeros meses de la gestión de Gerardo Clemente Vega García, como titular de la Defensa, se realizó en el campo militar de San Miguel de los Jagueyes, Estado de México, una singular concentración de poco más de cien elementos que habían estado comisionados durante el sexenio anterior en tareas de combate al narcotráfico en diversas áreas de la PGR.

Durante esa junta en una de las explanadas del complejo que alberga las instalaciones de la base aérea militar de Santa Lucía, un funcionario de primer nivel les pidió que quienes ?se quisieran ir, dieran un paso al frente? pues la dependencia estaba en la mejor disposición de concederles su baja.

Cuando los altos mandos que encabezaban el acto observaron que más de 50 por ciento, de los elementos dieron ese paso al frente no tuvieron otra opción que cumplir con lo dicho, dice una fuente militar que estuvo presente en el evento.

La singularidad de aquel acto fue que algunos de quienes solicitaron dejar de pertenecer al Ejército reaparecieron meses después en informes de Inteligencia de la Octava Zona Militar, con cuartel general en Reynosa, Tamaulipas, como parte de una organización armada que comenzaba a operar en la llamada ?frontera chica?, que comprende esta ciudad junto a Nuevo Laredo y Ciudad Miguel Alemán.

Durante el año 2001, el primero de la gestión de Vicente Fox, comenzó a darse a conocer un grupo paramilitar compuesto por ex integrantes del Ejército que se hacían llamar Zetas, tomando una letra de las claves de radio para distinguirse.

Quien los lideraba era Arturo Guzmán Decena, conocido como Z-1, ex militar que estaba considerado desde 1997 el ?desertor más buscado? por el Ejército Mexicano debido a que estaba identificado como el puente del Cártel del Golfo con la tropa de las unidades desplazadas en Tamaulipas. Su misión era articular un cuerpo armado cuya característica era que tenían entrenamiento especial al haber pertenecido algunos de ellos al cuerpo de élite conocido como Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (GAFE).

Información confidencial

A cuentagotas, la Secretaría de la Defensa Nacional ha reconocido en los últimos cuatro años que, de 40 integrantes de Los Zetas que la PGR identificó en su página de Internet como integrantes del brazo armado del Cártel del Golfo, por lo menos seis estuvieron en filas del Ejército.

Otros que aparecían en las fotos expuestas en la Red con hombreras de la camisola del uniforme de campaña y el característico corte de pelo, fueron reconocidos años después por contemporáneos suyos y en otras peticiones de acceso a la información.

El caso que ilustra mejor la manera como la Sedena se ha conducido en cuanto a los antecedentes que tiene en sus archivos sobre cada uno de Los Zetas que en otro tiempo fueron integrantes del Ejército, es el de Guzmán Decena.

En una petición del año 2004 se solicitó a la dependencia los expedientes de Luis Alberto Guerrero Reyes, Mateo Díaz López y Guzmán Decena; de los dos primeros la dependencia contestó que no era ?posible proporcionar los expedientes que solicita por ser de carácter confidencial, ya que en dichos preceptos legales se establece que los datos personales sólo podrán proporcionarse a los interesados o su representante legal, previa acreditación; sin embargo, esta secretaría realizó una versión pública de los mencionados expedientes misma que se pone a su disposición?. La secretaría daba detalles de ?Guerrero? y el comandante Mateo pero de Guzmán Decena señaló: ?se hace de su conocimiento que después de haber realizado una minuciosa búsqueda en los archivos de esta secretaría no se localizaron antecedentes militares del señor Arturo Guzmán Decena?.

Meses más tarde, en otra petición de acceso a la información la dependencia contestó: ?con fundamento en el Artículo 42 de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública gubernamental se hace de su conocimiento que en la base de datos de esta dependencia del Ejecutivo federal únicamente se encontraron los datos siguientes: causó alta en el Ejército Mexicano el 12 de mayo de 1992 y consumó el delito de deserción el 27 de septiembre de 1997. Con base en la información publicada en diversos medios de comunicación se tiene conocimiento que junto a otros elementos que pertenecieron al instituto armado, se involucró en actividades ilícitas relacionadas con el narcotráfico?. Guzmán Decena murió en un enfrentamiento con efectivos del Ejército en Matamoros a principios del año 2002.

De Luis Alberto Guerrero Reyes, la dependencia informó que se enroló en el Ejército en marzo de 1987 como soldado del 70 batallón de infantería; en 1990 ascendió a cabo, lo cual quería decir que llegó a ser comandante de una escuadra para tener bajo su mando la unidad más pequeña del Ejército compuesta por cinco soldados; realizó el curso especial que comprende manejo de explosivos, artes marciales, uso de fusiles, lanzagranadas y morteros que lo llevaron a ser aceptado como integrante de la Brigada de Fusileros Paracaidistas (BFP). En esta unidad, considerada de élite antes de la fundación en 1991 del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, ascendió a sargento en 1992. Solicitó su baja el cuatro de enero de 1999, fecha en que Los Zetas estaban en gestación.

Sobre Heriberto Lazcano Lazcano, a quien se considera el actual líder del grupo, la Sedena informó, en otra solicitud de acceso a la información, que ingresó al Ejército el cinco de junio de 1991 como soldado de infantería, en julio de 1993 fue ascendido a cabo y llegó a manejar armamento especial y a comandar escuadras.

Identificado por la PGR con el mote de Verdugo, por su papel de ejecutor de los detenidos de las bandas rivales, Lazcano solicitó su baja del Ejército el 27 de marzo de 1998, meses antes que lo hiciera su colega el comandante Mateo.

En los casos de óscar Guerrero Silva y Jesús Rejón Aguilar, la Sedena coincidió en la respuesta a la petición que ambos estaban adscritos, antes de desertar, al área de agrupamientos de servicios generales del Estado Mayor de la Defensa Nacional. Fuentes del Ejército señalaron que en esta área quedan todos aquellos militares que están de comisión ajena al servicio, como estaban aquellos que laboraron el sexenio pasado en la PGR.

De Guerrero Silva la dependencia señaló que ingresó al Ejército el 28 de enero de 1992 como soldado de infantería; al año siguiente ascendió a cabo y en 1999 desertó.

Sobre Rejón Aguilar no se proporcionaron mayores datos pero en el caso de Efraín Teodoro Torres, llamado ?Z-14?, la Sedena respondió que ingresó al Ejército en agosto de 1991 como soldado de infantería; ascendió a cabo en 1993 y el 13 de septiembre de 1998 desertó. En ninguna de las peticiones de acceso a la información la dependencia ha respondido si alguno de ellos perteneció a alguna de las unidades del Gafes o si participó en cursos de fuerzas especiales en el extranjero.


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