Torreón

Mercería tiene 57 años 'sonriendo'

Don Pepe trabaja de lunes a domingo para mantener su negocio en firme

GUADALUPE MIRANDA 16 de octubre de 2021

La tradicional mercería "La Sonrisa" mantiene sus puertas abiertas desde hace 57 años. Únicamente la pandemia del COVID-19, la obligó a suspender sus labores por una semana como parte de las medidas preventivas para evitar la propagación del virus.

Ubicada en la esquina de la calle Escobedo y avenida Morelos en el corazón del centro de Gómez Palacio, la mercería es atendida por José Guadalupe del Rivero Ibarra y por su hija Miriam del Rivero.

A lo largo de estas cinco décadas, don Pepe como lo llaman sus amigos y clientes, ha visto como la situación económica y otras cuestiones, han obligado a negocios de gran tradición cerraron sus puertas rentar sus espacios al considerarlo más redituable.

"La Sonrisa" ha "sobrevivido" incluso a la ola de inseguridad que azotó a la región hace casi una década así como a la pandemia del COVID-19, que su puso en jaque al país en el 2020 y que se mantiene.

"Abrimos la tienda en 1964, aquí estamos estado desde entonces… al pie del cañón", dijo don Pepe detrás de su viejo mostrador.

Dentro de su negocio el tiempo pareciera haberse detenido. Detalles para todo tipo de ocasión, como velas, tazas, gorros, y demás artículos que se utilizaban hace varios años, aún adornan sus estantes.

Pero eso no desanima a don Pepe, quien trabaja de lunes a domingo para mantener su negocio, que junto a su padre inició desde sus cimientos.

Portando con orgullo el uniforme de su mercería, don Pepe cuenta que fue su padre quien desde su rancho en el municipio de Indé, poco a poco le fue mandando dinero para poder adquirir un terreno para contar con un negocio propio y así fue.

Anteriormente en esta emblemática esquina, se localizaba una vecindad, la cual fue derribada para construir cuatro locales y dos viviendas en un segundo piso, las cuales se mantienen en pie.

Don Pepe, recuerda que el nombre de La Sonrisa, lo adoptó tras conocer que su abuelo también llamado Epigmenio del Rivero, en su natal Indé, contaba con una mina la cual llevaba ese mismo nombre: La Sonrisa.

"Se murió mi papá y no le dije por qué le puse La Sonrisa", compartió.

Don José Guadalupe comentó que no hay una receta secreta más que encomendarse a Dios para seguir adelante.

Y gracias a su perseverancia, a su espíritu de lucha pero sobre todo a su fe, que le ha permitido seguir en el recuerdo de generaciones completas. Cuenta que incluso sus maestras de la escuela, acuden para comprar algunos artículos y sobre todo a compartir recuerdos que se mantienen en sus corazones.

Don Pepe y su hija Miriam, mencionaron que las tradiciones, las costumbres y la tecnología, han desplazado las manualidades y otras actividades que generaciones atrás hacían, como el tejer y bordar, lo que provocó que sus ventas se desplomaran desde hace años.

Recuerda que en su negocio dio trabajo hasta 11 empleados, los cuales resultaban insuficientes ante la alta demanda. Ahora, debido al panorama que no ha sido el mejor, solo son él y su hija quienes mantienen "La Sonrisa". Hace apenas un mes, despidieron a su única empleada, ante la falta de apoyo por parte del Gobierno Federal, que prometió a los negocios para hacer frente a los efectos de la pandemia.

"Ya se acabaron también las costureras... nuestro fuerte eran los hilos, hilazas, estambres, botones, era nuestro ramo principal. Eran para las manualidades de las escuelas", contó don Pepe.

Pero más que sentarse y sufrir, don Pepe decidió reinventarse y continuar.

Ahora, lo fuerte dice, es la reparación de cierres tanto de prendas de vestir, como bolsas, mochilas y más, que permiten darle una segunda oportunidad, le han dado la oportunidad de seguir en el gusto de las familias laguneras.

"Conozco los cierres desde hace muchos años, ahora la gente viene y repara sus prendas, y sin hacer publicidad solo la promoción que se hace de boca en boca". dijo Don Pepe, quien garantiza un buen trabajo rápido y a excelente precio.

Por ejemplo en tiempo de frío, "se hacen las filas para poder reparar las chamarras y otras prendas", comentó con emoción, pues asegura que en 5 a 10 minutos, el trabajo está hecho.

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