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Los rasgos de la Santosmanía

Fue luego de la final de 1994 cuando apareció el término

Es común que los laguneros al salir a otros sitios de la República Mexicana, empleen al equipo de futbol para señalar su lugar de origen: 'Vengo de Torreón, donde juega el Santos'. (ESPECIAL)

Es común que los laguneros al salir a otros sitios de la República Mexicana, empleen al equipo de futbol para señalar su lugar de origen: 'Vengo de Torreón, donde juega el Santos'. (ESPECIAL)

SAÚL RODRÍGUEZ 31 de mayo de 2021

El domingo 24 de abril de 1994 Torreón se tornó albiverde: banderas, playeras y demás parafernalia del Santos Laguna desbordaron las principales arterias del Centro de la ciudad. El equipo había caído de visitante 1-0 contra Toluca, pero vencido en el marcador global por 1-2, resultado suficiente para que los laguneros clasificasen a la Gran Final de la temporada 1993-1994, donde enfrentarían a los Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Era la primera vez que se llegaba a tal instancia.

Una crónica de la época relata que, al terminar el juego, los aficionados se reunieron principalmente en la Plaza de Armas de Torreón. Luego, el júbilo se extendió a lo largo de la avenida Morelos hasta la calzada Colón, incluso algunos santistas se subieron al monumento de Pilar Rioja para emitir cánticos y porras referentes a la gran hazaña del equipo. También se enfatiza que aquellos festejos se llevaron en pleno orden y sin desmanes.

Había nacido entonces un fenómeno social al que los medios locales bautizaron como "Santosmanía", que en épocas recientes ha distado mucho de aquel registro de civilidad.

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RAÍCES

Según una investigación publicada por el doctor Alfredo Morales en el libro Referentes identitarios de lo lagunero (Universidad Autónoma de Coahuila, 2012), indica que una gran cantidad de laguneros asocia la identidad de la región con "ser guerrero". Morales también explica que el término identidad "es multívoco y su significado varía según la clase de objeto a la que se le aplique".

Es decir, la identidad no es una cualidad específica de los sujetos ni puede aislarse para su estudio, sino que es toda un aglomeración de relaciones sociales, de interacciones que brotan en el individuo al enfrentarse con los otros. En este tenor, Santos Laguna funge como factor identitario para designar a lo lagunero, por su carácter de arraigo y punto de referencia que señala un lugar en el mapa.

Por ejemplo, es común que los laguneros al salir a otros sitios de la república empleen al equipo de futbol para señalar su lugar de origen: "Vengo de Torreón, donde juega el Santos".

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En entrevista, Alfredo Morales también señala que esta parte de la identidad deportiva lagunera tiene raíces en los Diablos Blancos del Torreón y La Ola Verde del Laguna, equipos que marcaron huella en el futbol nacional durante la década de los setenta. Ir en esa época al estadio San Isidro o al Moctezuma generaba toda una serie de rituales familiares que hoy en día siguen replicándose: niños que asisten con sus padres a la cancha y generan ese lazo desde la infancia con los colores de su club de futbol.

Morales indica que, en los setenta, los partidos del Torreón y del Laguna no eran televisados, sino que la radio y los periódicos contribuían a que la identidad generada en los campos se propagara en la región. Así que aquellos que no asistían a los estadios también eran impregnados por la fiebre futbolística, anexando una identidad deportiva a la que ya se tenía en materia social y cultural.

Pero en 1974 el Torreón se transformó en los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y en 1978 el Laguna se convirtió en Coyotes Neza. La región se quedó sin fútbol hasta la aparición de Santos Laguna en 1983 y su incursión en la Primera División del futbol mexicano en 1988.

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En la temporada 1993-1994, Santos Laguna sufrió una reestructuración para ser un equipo competitivo. Los cambios al interior del plantel arrojaron resultados: se clasificó a la liguilla en cuarto lugar, jugando un futbol vistoso que enamoró hasta al agnóstico más renuente del balón. La onceava lagunera acaparó los reflectores de los medios a nivel nacional, en un periodo donde la mirada mediática estaba puesta mayormente en los equipos del centro del país.

"Estos referentes geográficos generan una especie de 'el norte también cuenta'. De ahí que surja la pregunta: '¿Quién es el coloso del norte?'. Lo que van alimentando también los medios para generar un serie de escenarios y de perspectivas (…) se acentúa y se genera toda una parafernalia, toda una especie de oleaje identitario de carácter masivo".

La afición encontró entonces un nuevo acento para definir lo lagunero. El mote de guerreros se acondicionó al relieve de la región. ¿Quién más que un guerrero podría enfrentarse al inhóspito desierto a base de esfuerzo y trabajo? Se genera así una apropiación: "Soy del Santos, soy de La Laguna".

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"Nos genera una especie de orgullo identitario que nos da cierto sentido de prestigio cultural o social, para movernos en los diferentes escenarios (…) dentro de eso está el futbol, los campeonatos, las estrellas, todo el lenguaje y colorido que le quieras agregar".

Morales recurre a sus hipótesis: en el escenario nacional, La Laguna ostenta pocos logros. Entonces, Santos Laguna es referente identitario en el que los aficionados se sienten triunfadores y entran a un consumo de reconocimiento.

"Queremos ser reconocidos y nos sumamos a los festejos. Somos parte de, ya no somos aficionados, somos guerreros de corazón. Ya interiorizamos parte de los signos del Santos y en ese vaivén ideológico, nos asumimos como parte de los campeones, como parte de los doce guerreros, porque nos han hecho saber que somos el jugador número doce".

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El especialista indica que los medios locales han contribuido a que la nueva percepción de la Santosmanía se vuelque a las calles, buscando celebrar, gozar y disfrutar con los triunfos del equipo.

"Porque detrás del disfrute y del gozo hay toda una serie de crisis, de angustias, de miedos, de tensiones que las familias pasan también (…) Quieres ser parte del festejo social que te da una serie de relajamientos".

Morales cita lo que José Portilla plasma en su libro Fenomenología del relajo y otros ensayos: cuando un individuo se relaja, cuando hace relajo en un entorno social, se solidariza con el otro, aunque este transgreda la ley o las cuestiones cívicas. "Ahí eres parte de ese valor lagunero, de ese valor social. Te solidarizas, te da identidad".

Aunque no lo entienda en su totalidad, el individuo se une a la masa, se pone la playera del equipo y asiste al estadio o a una reunión familiar donde consume cultura deportiva o cultura de festejo.

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COYUNTURA PANDÉMICA

Alfredo Morales ha estudiado por más de una década a la afición santista. Se ha adentrado tanto en el antiguo y extinto estadio Corona, como en el vanguardista Territorio Santos Modelo (TSM). También ha viajado acompañando a la barra La Komún en los juegos de visitante y conoce el desenvolvimiento sociológico de lo santista en algunos barrios de la ciudad. En estos escenarios realiza su registro en el momento.

Por eso, ver los destellos de la Santosmanía en tiempos pandémicos le resulta interesante, pues la contingencia sanitaria es otro factor que se suma al fenómeno social. A esto también habría que añadir los tiempos electorales y observar qué tanto la autoridad estuvo dispuesta a intervenir en los excesos de los festejos.

"Muchos nos quejamos de la violencia que se dispara, pero somos una sociedad (nacional, mundial, regional o local) violenta, donde hay ciertos atajos para acudir rápidamente a ella o para no entrar rápidamente en ella. Esos atajos son cuestiones culturales, cuestiones que tienen que ver con la norma establecida, pero ahorita en esta coyuntura creo que hay muy pocos valientes que le quisieran poner el cascabel al gato, que quisieran controlar la celebración, porque estamos en una coyuntura electoral y, a río revuelto, aquí es ganancia de todos".

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El especialista afirma que estos excesos no le convienen a nadie, pues entrar a la violencia es un circulo del cual es muy difícil salir, por eso considera que afición, directiva, académicos y medios de comunicación deben asumir un compromiso en conjunto para impulsar una cultura de celebración que no transgreda un orden.

Aquí se enfatiza en otro aspecto: el anonimato. En los festejos por los campeonatos de Santos Laguna o por su clasificación a instancias finales, no hay un organismo que convoque a la reunión, la misma masa se autoconvoca aprovechando el anonimato que facilita la transgresión.

"Y también la masa se autocelebra, se autocastiga, porque cuando entras a la cuestión violenta entras en esta cuestión de transgredir, de ver quién es más violento, pero también de quién es más solidario. Hay todo un debate alrededor de esto".

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Y es que la masa, en su anonimato, rebasa incluso a las autoridades. "Nuestras autoridades, nuestros aparatos de resguardo del orden no están capacitados para el manejo de las multitudes: en la balacera de 2011, rebasados, en las celebraciones, también. Tenemos que aprender de nuestros errores o de nuestras omisiones, sino al rato vamos a estar lamentando una, dos o tres vidas que se nos fueron en esa celebración".

El ser humano no solo posee la capacidad de ser homo sapiens, sino también de ser homo ludens, se busca el divertimiento, el esparcimiento y la recreación. El aficionado busca celebrar en la pandemia como una válvula de escape a todo un año de encierro.

"Claro, el encierro ha contribuido para que el aficionado salga a la calle a celebrar lo que durante mucho tiempo ha estado esperando: un campeonato, que no es mucho, pero desde el punto de vista simbólico representa un orgullo".

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