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El secreto nocturno de una reina

Una cactácea de inapreciable belleza

El secreto nocturno de una reina

El secreto nocturno de una reina

Jaime Sánchez-Salas

La reina de la noche es llamada de ese modo debido a que su floración puede apreciarse únicamente durante la noche, al menos eso es lo que los botánicos sabían antes de que un grupo de investigadores y catedráticos de La Laguna descubrieran el asombroso secreto que guarda esta cactácea.

La evolución, fiel escudera y guardiana en el prolongado camino recorrido desde la aparición de las cactáceas, sabiamente transfiguró las hojas en púas para auxiliarlas en el acoplamiento al medio árido en el que se desenvolverían. De igual manera, las dotó de formas, colores y estructuras que les sirven como protección. Pero como no todo en la vida es perfección, la evolución perpetró un pequeño tropiezo sin así anhelarlo, atribuyéndoles en el pecado la penitencia, pues de no ser por los impresionantes colores producidos por las flores, la mayoría de las cactáceas, inclusive las de inapreciable belleza como la bola de nieve (Mammillaria lasiacantha) por su brillante blancura, pasarían desapercibidas despóticamente.

Algunas especies, como la reina de la noche (Peniocereus greggii), son de las pocas afortunadas que ante la remediación del 'error evolutivo', fueron dotadas de floración nocturna, permitiéndoles disimular la gala causada por su maravillosa flor producida desde las entrañas de la planta. Desafortunadamente, al resto de las cactáceas, florecer durante el día y su gran colorido, las hacen vulnerables al saqueo provocado por el máximo depredador, el hombre, convirtiendo su presencia a nivel mundial en una metáfora.

No obstante, nos damos cuenta que la naturaleza es obstinada y en cualquier espejo trata de reflejar su insolencia ante las leyes del supuesto proceso lógico de la vida. Un claro ejemplo es la floración diurna de la reina de la noche que no había podido ser registrada.

EL GRAN SECRETO NOCTÍVAGO

Todo inicia en diciembre de 1961 con la amable invitación de un compañero del reconocido botánico Eizi Matuda para visitar un divino paraje ubicado en Rincón de la Vía, en las cercanías del Ocotito Tierra Colorada, en Guerrero. El profesor caviló en su mente la primer pesquisa en su vida para colectar las dos únicas especies del género Peniocereus descritas en ese estado, en aquel entonces. Posteriormente, a inicios de 2006 nos dimos a la tarea de continuar la búsqueda de tan apreciable planta, sólo que en parajes de las serranías de La Laguna, entre el suroeste de Coahuila y el noreste de Durango.

La majestuosa, pero noble nocturna cedió a que hurgásemos en la intimidad de sus aposentos, su microambiente. Para llegar hasta la reina de la noche, fue necesario sobrepasar los grandes murallones formados por arbustos de gatuños (Schrankia latidens) y cactáceas arborescentes llamadas tasajillo (Opuntia leptocaulis), eludir los huizachales (matorral de Acacia constricta) que la resguardan como inseparables custodios y, por último, sortear las posibles e inesperadas fullerías de la oscuridad, que suspicazmente, junto con los seres de vida noctámbula, guardan celosamente los colosales secretos de su soberana. Entonces la reina estaría a punto de confesar lo que llegaría a ser uno de los más grandes secretos a voces jamás contado. Después de cruzar cada uno de los impedimentos y llegar al lugar, parecía que por fin la descubriríamos, pero no fue tan sencillo. El cactus es una cactácea columnar de talla pequeña constituido generalmente por cinco costillas, alcanza los 2.5 metros de altura y es de color verde grisáceo, se caracteriza por sus gruesas y largas raíces tuberosas (en forma de tubérculo) que a veces llegan a medir hasta 60 centímetros de diámetro y pesar 70 kilos.

El secreto tuvo su precio y aquella noche fue necesario custodiarla por cerca de siete horas bajo la penumbra de un raquítico filamento incitado por dos baterías que amenazaban con abortar la misión de capturar fotográficamente los minúsculos movimientos imperceptibles, para llegar al preciso momento en que la reina nos permitiese ver su humilde coqueteo. ¡Eureka!, el momento llegó. Bajo la trova de un tecolote enano (Micrathene whitneyi), iniciaba el momento final de la apertura por completo de la flor, para dejarnos percibir un hecho fantástico. Creímos que eso era todo… qué ilusos. No olvidemos que la naturaleza no es unidireccional y que en un santiamén nos da sorpresas pasmosas. Agotados por la gran velada, extendimos nuestras bolsas de dormir al lado de la reina, dejando que el sueño nos sometiera.

Al día siguiente y sin recordar dónde pasamos la noche, nos despertamos dándonos cuenta que casi era mediodía, aunque ligeramente nublado. Inmediatamente volvimos la mirada hacia la reina y ¡voila!, por fin manifestaba su gran secreto, exponiendo volublemente las condiciones con las cuales se puede presentar durante el día: baja luminosidad. Observarla en floración diurna, sería el principio de nuevas investigaciones en relación al mito que ese día rompíamos, y que giró por mucho tiempo a su alrededor y en los libros: florece una vez al año nocturnamente, por lo cual pondríamos atención principalmente a los movimientos estimulados por la intensidad lumínica, conocidos como 'movimientos circadianos'.

FLORACIÓN EFÍMERA

Cabalmente se desconoce el lapso en que esta planta se convierte en la “reina de la noche”. El inicio de la floración se considera desde el momento en que inicia el desarrollo del pequeño botón floral hasta la apertura de la flor. Este proceso dura hasta 25 días, creciendo en promedio 0.333 milímetros diarios y puede llegar a formar cinco o siete botones a la vez (que se convertirán en flor). En ocasiones, llega a abrir por dos noches continuas con una interfloración diurna, dependiendo si fue o no polinizada. Posiblemente, la explicación más aproximada de su floración diurna, es que el resto de los integrantes de su género le comparten un 'pool génico' (patrimonio genético) mínimo con información relacionada con la floración diurna que realizan la mayoría, o que el pigmento proteico del interior de las células de la planta tiene la habilidad de funcionar tanto de día como de noche y actuar como reloj de arena que acumula la luz roja e infrarroja (fotoperíodo) y a su vez es activado con la misma, para así dar inicio al proceso de floración.

La flor es fuertemente aromática de color blanco mate con sépalos manchados de café-guindo, tiene hasta 600 sacos con polen (anteras) largos que no sobrepasan el aparato reproductor femenino (estigma), lo que sugiere que es una especie que no se autofecunda y requiere de polinizadores. Cuando abre completamente tiene un diámetro de hasta 20 centímetros y es sostenida por un 'esquelético' tubo floral verde o guindo muy largo, con pocas y pequeñas espinas (cerdas) que en la parte inferior tiene el ovario, donde se desarrollarán hasta 275 semillas (óvulos) contenidas por el fruto, de las cuales germinará el 90 por ciento, aunque tal vez sólo el 10 por ciento llegue a estado adulto.

EN BUSCA DE NUEVOS POLINIZADORES

El 90 por ciento de la polinización de las plantas con flor (angiospermas) se debe a la relación planta-insecto. Sin embargo, el crecimiento demográfico ha provocado que áreas donde se distribuyen especies de gran importancia (medicinal o ecológica), como la reina de la noche, sean desmontadas para realizar prácticas de agricultura. En La Laguna, hace varias centurias se realiza esta actividad, acompañada del uso excesivo de pesticidas y herbicidas que han provocado la fragmentación del hábitat y el decremento de animales, entre ellos, los insectos. Esto ha puesto en riesgo los sistemas de polinización, por lo que actualmente se considera que hay una grave“crisis de polinización”. No obstante, aún y cuando la relación planta-insecto pareciera importarles sólo a ecólogos o investigadores por afectar procesos ecológicos y evolutivos, esta crisis se ve reflejada de igual forma en la producción y rendimiento de los cultivos que requieren de estos insectos, como el maíz (Zea mays). De hecho, se calcula que los beneficios económicos a la humanidad aportados por esta relación oscilan entre los 112 billones de dólares.

Se desconoce cuál sea el polinizador (es) de la reina de la noche, sin embargo, en nuestras observaciones de campo ha sido posible distinguir a una palomilla de la familia Sphingidae, potencialmente polinizadora debido a que sus períodos de actividad nocturna se traslapan con la floración del regio cactus. Esta palomilla posee una impresionante precisión de vuelo que le ayuda a internarse en los pequeños recovecos donde se distribuye, característica que la convierte en una posible polinizadora. De igual forma, tal vez en respuesta a esta crisis, la reina de la noche ha modificado su proceso de floración de únicamente nocturno a también diurno, en búsqueda de nuevos y potenciales polinizadores que le permitan asegurar su permanencia. En últimas visitas a la zona, captamos en plena floración diurna a un posible nuevo polinizador: la chinche inmadura de la familia Pentatomidae. Considerando que las poblaciones conocidas de la reina de la noche dependen al 100 por ciento del proceso de polinización cruzada (transferencia del polen de una planta a otra, por medio de insectos) para su permanencia y que su reproducción es básicamente por semilla (sexual) y no por ramillas (asexual), actualmente en la Universidad Juárez del Estado de Durango-Escuela Superior de Biología (ESB-UJED) se buscan y prueban nuevos medios de reproducción para repoblar el área.

ACCIONES PARA EL RESCATE DE LA REINA

Esta especie no solamente es una planta estéticamente deseable. De viva voz, habitantes cercanos a donde se distribuye, nos hicieron saber que la raíz es el órgano que tiene propiedades curativas, comestibles y hasta alucinógenas. Sin embargo, esta cactácea se encuentra considerada en “protección especial”, de acuerdo con la NOM-059-ECOL-2001, a consecuencia del saqueo excesivo por los coleccionistas.

Actualmente, existe interés por la conservación de nuestros recursos naturales, un ejemplo de esto, es el rescate masivo de cactáceas que se realizó en San Juan de Guadalupe, Durango, a raíz de la construcción de la Presa del Tigre, en donde se resguardaron aproximadamente mil 500 individuos de diferentes especies y un banco de cinco mil semillas de las mismas, en lugar de destruirlos, como sucede con otros desarrollos hidráulicos. Esta acción es parte del compromiso de organismos como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y el gobierno del Estado de Durango por proteger los recursos, sin perder de vista los beneficios que traerá a los ejidos cercanos. También, fue posible la instalación de un vivero para rescate, reproducción y resguardo de cactáceas. Entre las plantas recuperadas se encontró la reina de la noche, de la que se salvaguardó la totalidad de las plantas del área. Se contabilizaron un total de 200 cactus de esta especie, de los cuales 50 están a resguardo en la Escuela Superior de Biología y el resto fueron repartidos a instituciones similares para realizar diferentes estudios.

*Dedicado a la memoria del doctor Jorge A. Alba Ávila, colega y amigo.

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