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EL GENERAL FRANCISCO

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Dr. Sergio Antonio Corona Páez 14 de abril de 2013

La señora Graciela Gaxiola Aguilar, quien actualmente reside en Suiza, es nieta del General Francisco Javier Aguilar González, e hija mayor del General Radamés Gaxiola Andrade, quien fuera el comandante del Escuadrón 201 durante la Segunda Guerra Mundial, y de doña Graciela Aguilar de Ona.

Doña Graciela Gaxiola estuvo casada con el señor A. Testa, por eso se le conoce bajo el nombre de Graciela Testa.

Su abuelo materno, el General Francisco Javier Aguilar González, murió el 17 de marzo de 1972 y su abuela, el 23 de agosto de 1990.

Estas personas son de interés para nuestra crónica, por varias razones. La madre del general Aguilar González, era hermana de la madre de don Francisco I. Madero, prócer de la Revolución Mexicana. Se trataba pues, de una González-Treviño. Francisco Javier Aguilar González participó en la lucha revolucionaria. Posteriormente destacó como diplomático en varios países, particularmente en Francia, donde su presencia salvó miles de vidas, al decir de doña Graciela Gaxiola de Testa.

El general Aguilar González es bastante conocido en relación al asunto de la llamada "maleta mexicana", una serie de fotografías inéditas tomadas durante la Guerra Civil Española, y que duraron largo tiempo guardadas en una maleta y custodiadas por la familia.

Sin embargo, un asunto que interesa mucho a la señora Testa, es el papel de enorme importancia que jugó su abuelo como embajador en la Francia de la era de Vichy y de la ocupación de Francia por Alemania.

Las anécdotas del general-embajador demuestran que se trataba de una persona resuelta y muy franca, hasta llegar a la audacia. Se dice que le espetó -en su misma cara- al Jefe de Estado Francés, Mariscal Phillipe Pétain, que sería recordado como uno de los mayores traidores de la historia de Francia, como efectivamente sucedió.

Otra anécdota que demuestra el arrojo del general Aguilar González, tuvo por escenario la Francia ocupada. Un grupo de refugiados españoles y judíos llegó a la embajada de México a solicitar asilo, mismo que les concedió el embajador en nombre de México. Poco después arribó un grupo de oficiales nazis a exigirle al embajador que les entregara los refugiados. Con extrema dignidad y aplomo, el general-embajador simplemente les contestó que mientras ondeara la bandera mexicana en el edificio, se encontraban en territorio mexicano (México era en ese momento país neutral) y que sin su consentimiento, no entraría al edificio ni el mismísimo Adolfo Hitler. Los oficiales se retiraron. Pero el embajador, receloso de que volvieran con más tropas, se llevó a los refugiados al puerto de Marsella, donde los embarcó a todos con destino a México.

Por lo general, se le atribuye al cónsul general de México en Francia, don Gilberto Bosques, la autoría de todas estas acciones humanitarias a favor de los refugiados, olvidando al general Aguilar González. Argumenta doña Graciela Gaxiola Aguilar de Testa, que por fuerza un cónsul no puede actuar de manera independiente de su correspondiente embajador. No le quita méritos a don Gilberto Bosques, pero hay que admitir -dice- que un cónsul tiene rango inferior al de un embajador, y si el cónsul actuó a favor de los necesitados de refugio político en Francia, fue porque su correspondiente embajador -su superior jerárquico- mantenía esa política de salvamento.

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