PEQUEÑAS ESPECIES, El Siglo de Torreón
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PEQUEÑAS ESPECIES


domingo 06 de junio 2021, actualizada 4:30 am


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UNA BELLA FOTOGRAFÍA

Recuerdo la tradicional fotografía que nos tomaron al finalizar el quinto año y egresar de la facultad de veterinaria. Vestíamos totalmente de blanco, filipinas que "entonces" lucían con figuras esbeltas y atléticas, cabelleras frondosas y oscuras, cuerpos erguidos y sin molestias en las rodillas, la enorme sonrisa que reflejaba el regocijo de haber culminado con éxito cinco años de arduos estudios, y un sinfín de ilusiones en nuestro próximo trabajo. Ese día causábamos grata envidia de compañeros de los grados anteriores que nos contemplaban sonriendo y gozando también el momento, imaginando esa futura estampa en ellos, como así lo soñamos cuando veíamos a los grupos de quinto año tomarse la anhelada fotografía que vimos pasar generación tras generación desde nuestra llegada a primer año. A la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Juárez del Estado de Durango. Éramos treinta compañeros que salimos en esa fotografía de la onceava generación del tres de junio de 1978.

Mientras Dios nos lo permita, cada año nos seguiremos reuniendo los compañeros de generación para celebrar este grato acontecimiento, en primer lugar, cuarenta y ocho años de amistad y en segundo lugar, festejar nuestro cuadragésimo tercero aniversario de veterinarios. Que increíble es la memoria al recordar anécdotas que no venían a mi mente desde hace tantos años en que tuve la fortuna de conocer a mis amigos, volví a trasladarme al pasado como si hubiese sido ayer, las ingeniosas bromas estudiantiles, las odiseas de los viajes de "estudio", la temible materia de anatomía, los angustiantes exámenes orales, las bellas novias de estudiante, la música que bailamos, tu mejor amigo, la casa de asistencia, la férrea rivalidad deportiva entre universidades, los atinados apodos que solo los permitimos entre nosotros.

Solo nos queda en el recuerdo las cabelleras oscuras, las figuras esbeltas y aquellos rostros apuestos de la juventud de esa fotografía, después de casi cinco décadas, "algo" hemos cambiado, ahora somos abuelos, calvos, cabezas encanecidas, respetables abdómenes, rodillas endebles, absolutamente todos necesitamos anteojos para ver alguna fotografía y el que no los lleva consigo, como buenos amigos que fuimos siempre, los compartimos. Nos vemos viejos, pero solo Dios sabe que en el corazón, llevamos la misma juventud de antaño.

Algo mágico aconteció para lograr esa gran amistad, y fue la unión que tuvimos de estudiantes, que más que una escuela de veterinaria, fue una escuela de formación de amigos. Aún recuerdo el examen de admisión, fuimos más de cien participantes, y para terminar el primer semestre,éramos setenta alumnos. Posteriormente fue disminuyendo el número de compañeros, unos renunciaban y otros se rezagaban a semestres anteriores, teníamos buenos maestros, amigables, pero estrictos, para el quinto semestre quedábamos treinta compañeros, los mismos que íbamos de la mano, semestre tras semestre, y si alguno reprobaba una materia lo apoyábamos hasta que aprobara, todos llegamos al décimo semestre y logramos graduarnos. Dos compañeros originarios de Durango y uno de Sonora, los veintisiete restantes éramos de la comarca lagunera, así que vivíamos en casas de asistencia o rentábamos alguna casa para aminorar los gastos. Creo que por eso resultamos hogareños y buenos esposos, aprendimos a cocinar, lavar, planchar, barrer, además de hacer labores de plomería, albañilería, carpintería, electricidad, mecánica, entre otras cosas, como la de curar animales.

No todo es alegría en nuestras reuniones, nos duele recordar a compañeros que han partido. Juan Ortegón, Alberto Soltero, Ignacio Covarrubias, Leobardo Viramontes, Ricardo Palacios y al Dr. Alfredo López Yáñez, cuyo nombre lleva nuestra generación.

No cabe duda que los amigos viejos son como los buenos libros, son únicos y adquieren mayor valor con el tiempo. Agradezco el privilegio que me conceden ser parte de un acervo magistral. Espero en Dios los siga conservando con salud y cuando por los años no puedan asistir, siempre estarán presentes en el pensamiento, pero sobre todo en nuestros corazones.

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