Los 'héroes' demeritados de la UMAA 90 en Torreón, El Siglo de Torreón
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Torreón

Los 'héroes' demeritados de la UMAA 90 en Torreón

Al menos 18 sindicalizados adscritos a la unidad vivieron meses de estrés y temor al ser enviados a apoyar a los hospitales 16 y 18 del IMSS

IVÁN HERNÁNDEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, domingo 11 de abril 2021, actualizada 8:50 am

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El año uno de la era COVID ha sido especialmente complicado para el personal sanitario.

Ser reasignados a la atención de los pacientes de coronavirus, batallar con el equipo de protección personal, sufrir acoso laboral, temer todos los días por su bienestar y el de sus familias, contagiarse y no recibir una incapacidad por riesgo laboral sino por enfermedad general, además de la posibilidad de engrosar el índice de muertes de trabajadores de salud más alto a nivel mundial han sido algunos de los problemas con los que han tenido que lidiar los héroes de la pandemia.

A la lista de quebraderos de cabeza se ha sumado la preocupación por el tema de las vacunas.

Personal de enfermería de la Unidad Médica de Atención Ambulatoria 90, ubicada en la calle Torreón 2000 (oriente de Torreón), reporta que en la inmunización contra el virus se repiten prácticas ya padecidas el año pasado como falta de transparencia en el manejo de recursos del instituto (humanos, materiales y económicos) y favoritismo hacia algunos elementos de la plantilla.

"No sabemos qué pasa con las vacunas. Hace unas semanas nos solicitaron que nos registráramos en la página del Instituto. Se supone que nos van a llamar cuando sea nuestro turno", explica una trabajadora que accede a hablar a condición de que su nombre no sea revelado. El contrato colectivo del IMSS y el Sindicato del Seguro contiene una cláusula que justifica el despido del empleado cuando este ventile asuntos sobre la vida interna de la institución.

Los únicos sanitarios de la 90 que han recibido la protección, expone otro basificado, son los médicos. "Lo que molesta son los modos. En la UMAA trabajamos de lunes a viernes, a los doctores les hablaron para que fueran a vacunarse el sábado. Los demás nos enteramos de casualidad, por comentarios que hicieron un par de compañeros. No tengo nada en contra de que los vacunen a ellos, pero incluyeron a médicos que ni siquiera tienen contacto con pacientes."

APOYO

La UMAA 90 se mantuvo fuera del radar mediático el año pasado. Por sus características no fue denominado Hospital COVID.

No obstante, al menos 18 sindicalizados adscritos a la unidad, divididos en dos grupos de 7 y 11 integrantes, vivieron meses de estrés y temor cuando fueron enviados como personal de apoyo a los hospitales 16 y 18, clínicas donde se han concentrado buena parte de los esfuerzos para tratar a las víctimas del coronavirus en el municipio torreonense.

Así sea temporal, el cambio de un hospital del IMSS a otro, explican los entrevistados, requiere que Instituto, sindicato y empleado estén de acuerdo.

En este caso, señalan, se trató de un arreglo entre la dirección y la representación sindical que no tomó en cuenta a los trabajadores.

"Sabemos que en otras unidades que no son COVID, como la 80 o la 76, los directores preguntaron a la gente si deseaba ir a apoyar a las otras clínicas y la respuesta fue 'no', acá fue 'vas porque vas' y si no, atente a las consecuencias."

El primer conjunto pasó en la clínica 16 tres meses, de junio a agosto. El segundo trabajó en el hospital 18 de octubre a diciembre.

A la fecha, los sanitarios entrevistados desconocen qué criterios se emplearon para seleccionar a quienes fueron a apoyar.

Cuando se elaboró la primera lista, recuerdan, la mayor parte del personal de la unidad (cerca de un 70 por ciento, estiman) estaba de licencia por pertenecer a alguno de los grupos de alto riesgo y hubo nombres que fueron sacados de la relación original sin que se explicara el porqué.

Cuando se elaboró la segunda, aún no concluía el periodo de licencia y la dirección eligió a los mismos trabajadores que habían ido a la 16.

Esta vez, los seleccionados dijeron "no" y como se mantuvieron firmes, los jefes tuvieron que armar otro listado.

En diciembre pasado el IMSS y el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social firmaron un convenio mediante el cual se invita a médicos y enfermeros sindicalizados a sumarse de forma voluntaria a los equipos de respuesta contra el coronavirus.

Para estimular la adhesión al programa se ofreció una bonificación llamada "Comisión COVID" y la opción de recibir más dinero por concepto de "Vacaciones no disfrutadas COVID".

Un par de trabajadores de la UMAA que dejaron sus puestos para irse a la primera línea de atención recibieron el bono COVID. A los demás no les tocó ningún tipo de estímulo.

En sus travesías por centros laborales ajenos ni siquiera consiguieron mantener beneficios de los que gozan en el inmueble de la Torreón 2000.

Cuando vieron que la dirección y sindicato iban en serio con lo del cambio, los empleados quisieron negociar. Dijeron que aceptarían el movimiento siempre que se respetaran sus días de descanso (en la unidad ambulatoria no se trabaja ni sábados, ni domingos, ni días festivos) y que el regreso a la 90 procediera en automático cuando el semáforo de actividad pandémica bajara a amarillo.

"Hicieron como que apuntaban las demandas, pero a la hora de elaborar el oficio del cambio no las incluyeron."

PIJAMA Y PERRO

La diferencia entre permanecer en la unidad o marcharse de apoyo a las clínicas de primera línea fue otro motivo de enfado para los elementos movilizados.

En la segunda mitad del 2020 se redujo de forma drástica la cantidad de pacientes sometidos a procedimientos ambulatorios (aquellos que no ameritan hospitalización). Entre la pandemia, los que se fueron de licencia, el personal que se fue de apoyo y las restricciones adoptadas, la UMAA estuvo trabajando a un 30 por ciento de su capacidad.

Tan no había que hacer que parte del personal simplemente llegaba a checar la tarjeta de entrada, esperaba una hora y se iba a su casa.

"Hubo quienes fueron en pijama a cumplir el trámite y otro hasta traía a su perro". Los sueldos de esos trabajadores, agrega el quejoso, siguieron llegando sin merma alguna.

Aquellos que apoyaron a la clínica 16, expone una enfermera, tuvieron menos fortuna. Como se negaron a repetir la experiencia en el hospital 18 y llegaron a denunciar los hechos ante los órganos de control internos del Instituto, sus expedientes ahora lucen notas de demérito.

Esas notas castigan faltas u omisiones de los empleados (cosas como incurrir en descortesía hacia compañeros o desatender las órdenes de sus superiores) y significan perder días de aguinaldo. En este caso, el demérito se hará efectivo en diciembre próximo.

PRECAUCIÓN

Los entrevistados coincidieron en que su unidad ha tenido pocos casos de compañeros contagiados de COVID-19. Sin embargo, pertenecer a un centro ambulatorio no exime de que prácticas habituales los pongan en peligro.

Por ejemplo, a lo largo del primer año COVID, la regla ha sido que pacientes referidos por otras células del Instituto lleguen a la UMAA sin prueba alguna de que no portan el virus.

El temor a engrosar las estadísticas de la enfermedad empieza desde la puerta de la unidad. Mientras en otros hospitales del Seguro tienen a enfermeras generales o auxiliares que toman la temperatura e invitan a las personas que ingresan a aplicarse gel antibacterial, en la 90 esas tareas las realizan guardias de seguridad privada.

"Ellos nomás pasan el sensor y ya, ¿qué te pueden decir si llegas con temperatura?"

En cuanto a su protección personal, desde las primeras semanas de la pandemia se hicieron a la idea de que debían adquirir caretas, mascarillas kn95, cubrebocas triple capa y demás aditamentos con dinero de su bolsa.

"Y mira que en el contrato (colectivo) dice que el Seguro está obligado a proporcionarte el equipo indispensable para realizar tu labor de forma segura y que cualquier retraso en la atención (al paciente) por falta de materiales no es responsabilidad del trabajador".

Otro motivo de lamento es que a la fecha el Instituto no haya acatado la recomendación de brindar tratamiento psicológico al personal sanitario.

Basificados que se fueron de apoyo han externado que necesitan terapia. Incorporarse a la rutina de las clínicas les pegó en lo emocional (un fuerte temor de contagiar a sus familiares) y en lo económico (costos relacionados con trasladarse a su nuevo destino laboral y extremar precauciones).

En el último año la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido varios comunicados y un informe en los que advierte sobre una crisis de salud mental ocasionada por la pandemia que ha golpeado especialmente a los integrantes del sector salud.

LECCIONES

Un año COVID no ha bastado para aprender lecciones básicas de la pandemia. Los entrevistados comentaron que en la UMAA el cerco sanitario solo funciona en el discurso. En el comedor, por ejemplo, no hay separación de espacios para guardar la sana distancia y una vez que se detecta un caso de coronavirus entre los compañeros no se efectúa el rastreo de contactos, medida elemental del cerco sanitario.

La conducta de mucha gente es otro aspecto de los días de coronavirus que no termina de sorprender a los representantes del ámbito médico. Una parte de la población, señalan, se ha relajado con el inicio de la vacunación.

"Aquí cerca de la unidad pusieron un circo y muchísimas personas acudieron, no les importó que estuviéramos en semáforo rojo (de contagios)."

Además, todavía hay gente que no cree en la existencia de la COVID-19. "Apenas hace unos días me llegaron pacientes sin cubrebocas, uno de ellos se quejó, dijo que eso no existe, que todo era mental."

COVID PROLONGADO

Un problema al que no se le ha dado suficiente publicidad, ni se le ha puesto la atención que requiere, refieren, es el del llamado COVID prolongado.

Los principales signos del mal que persiste son: dificultad para respirar, sensación de cansancio, dolor de cabeza y afectación de los sentidos del gusto y del olfato.

"Sé de un compañero al que le dio hace más de seis meses y que no se ha recuperado del todo".

"Un conocido salió positivo y en las semanas siguientes no tuvo sino síntomas leves, las secuelas más fuertes aparecieron tres meses después."

De momento, dicen, no hay más que esperar por la vacuna y confiar en que serán aplicadas sin favoritismos de por medio.

La experiencia de estos trabajadores, sin embargo, apunta en la dirección opuesta.

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