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Torreón

La histórica Plaza de Armas de Torreón

En tiempos de la Revolución Mexicana, este sitio fue un centro de reunión para comentar las batallas en los distintos frentes del país

DOMINGO DERAS TORRES / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, lunes 27 de julio 2020, actualizada 8:08 am

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¿Qué significado tiene la plaza principal de una ciudad?

En su bien logrado ensayo titulado Las Plazas Mayores de la República: Espacio y Símbolo de México, los historiadores Anthinea Blanco Fenochio y Reed Dillingham escribieron:"La Plaza Mayor es la sala de la ciudad: el lugar donde se charla y se convive, donde se recibe y atiende a las visitas; el sitio para el encuentro casual o para el flirteo durante la serenata; el ágora para la concentración de manifestantes y quejosos. El punto de reunión donde se comenta el acontecer comunitario, el área para el tianguis en los poblados rurales; el lugar de recuerdos, el espacio de solaz y esparcimiento, el espejo de la ciudad". (Plazas Mayores de México. Arte y Luz. Diversos autores. Primera edición. Grupo Financiero BBVA Bancomer. México 2002).

DONACIÓN DEL TERRENO

Hijo de alemanes y nacido en la Ciudad de México, el hombre de negocios Andrés Guillermo Eppen Aschenborn (1840-1909) llegó a La Laguna en 1879. Vino como apoderado de la Casa Gutheil que tenía intereses legales en el latifundio de María Luisa Ibarra viuda de Zuloaga, esta firma social era acreedora hipotecaria de la que fue esposa de Leonardo Zuloaga Olivares, fundador de Torreón.

Para 1886, la Casa Rapp, Sommer y Compañía apareció como la sucesora de don Agustín Guthiel y Compañía en la capital del país. Se negoció la deuda de la viuda de Zuloaga con su acreedor y se le pagó una cifra sobrante del pasivo, así se consolidó la compra de la Hacienda de San Antonio del Coyote, donde iban insertas varias porciones del latifundio, entre ellas el rancho El Torreón.

Con la intersección en Torreón de las vías ferroviarias de los ferrocarriles Central e Internacional, consolidada en 1888, Andrés Eppen tuvo la visión de fijar un asentamiento humano aledaño a la terminal del ferrocarril. A este primitivo sector se le llamó La Colonia de la Estación del Torreón.

Contrató los servicios profesionales del ingeniero Federico Wulff para que le trazara las primeras manzanas del que hoy conocemos como el Centro Histórico de Torreón, entre ellas figuraba la manzana número 34 que se destinaría para el uso público de una plaza con jardines y árboles.

Esta donación la realizó Eppen en 1888, junto con otra amplia manzana, la que hasta en nuestros días sirve de alojamiento al antiguo Mercado Juárez.

El terreno para la plaza duró un tiempo ocioso y fue objeto de grandes excavaciones por algunos materialistas que se dedicaban a la elaboración de adobes. Los directivos de la firma Casa Rapp, Sommer y Compañía protestaron ante las autoridades por esta irregularidad y se dieron órdenes oficiales de suspender esas obras que dejaron grandes hoyancos que luego fueron rellenados.

PLAZA DEL 2 DE ABRIL

Durante el porfiriato fue costumbre de las autoridades de todos los niveles en el país, rendir un desmesurado culto a la figura presidencial del general Porfirio Díaz. Ningún personaje público o privado quería ser ajeno a la exaltación del fiero león de Oaxaca que combatió al invasor francés.

Fueron incontables los monumentos, calles, plazas, colonias y recintos oficiales erigidos a la cesárea personalidad del héroe del 2 de abril. Coahuila, sobre las demás entidades del país, se destacó por haber sustituido el nombre original de la fronteriza población de Piedras Negras para asignarle la nueva denominación de Ciudad Porfirio Díaz.

La decisión del cambio de su nombre se dio durante la gubernatura de José María Garza Galán, en 1888, cuando se elevó a rango de ciudad a esta comunidad. Posteriormente, el caudillo que peleó contra el ejército francés de Napoleón III, agradecido, viajó desde la capital mexicana para visitar la población que llevó su nombre.

Meses después de la caída del poder del general Díaz, el 19 de diciembre de 1911 el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza, firmó el decreto que retiraba el nombre de Ciudad Porfirio Díaz a esta población para restituirle su nombre original de Piedras Negras.

Tocó a la administración del reelecto alcalde, Francisco A. Villanueva, realizar las obras para la creación de la Plaza de Armas de Torreón. Al efecto se mandaron traer varias decenas de fresnos del municipio de Allende, Chihuahua, los que fueron plantados junto con otras especies de la flora. Se acordó enladrillar los andenes y se procedió a la instalación de un centenar de bancas para disfrute de los paseantes.

Las autoridades municipales acordaron asignarle el nombre de Plaza del 2 de Abril, imitando la costumbre institucional de aquellos tiempos de exaltar la efigie del general Porfirio Díaz, árbitro supremo de la nación.

¿POR QUÉ LA LLAMARON ASÍ?

La citada denominación obedecía a una fecha que era alusiva a la hazaña bélica que realizó el general Díaz, el 2 de abril de 1867 en la ciudad de Puebla, al derrotar al ejército del Segundo Imperio Mexicano integrado por soldados conservadores mexicanos y franceses. Así fue recuperada por las tropas republicanas de Benito Juárez la virreinal angelópolis.

La Plaza del 2 de Abril fue el principal paseo público de Torreón a finales del siglo XIX y durante varias décadas del siglo XX. ´Por sus andenes se recrearon personas de todas los estratos sociales, sobre todo los domingos cuando acudían decenas de familias luciendo sus mejores prendas de vestir.

Los hombres y mujeres de la alta sociedad vestían las modas importadas de París. Alternaban a la distancia de los catrines y las encopetadas, las clases media y baja en una marcación notoria y muy característica del porfiriato, la que un tanto se diluyó lustros después con la llegada del cine, la televisión y la aparición de los clubes privados.

Era recurrente la presencia de los vendedores ambulantes alrededor de la plaza; hábito vigente en nuestros días.

Fue durante la administración municipal del licenciado Benito Flores, en 1906, cuando se acordó realizar una nueva pavimentación de los andenes de la Plaza del 2 de Abril, las obras fueron inauguradas con la presencia del gobernador Miguel Cárdenas por Rafael Aldape Quiroz, quien ocupó la alcaldía de 1907 a 1908. (Torreón a Través de sus Presidentes Municipales. Autor: Pablo C. Moreno. Edición del R. Ayuntamiento de Torreón. 1987).

UN ELEGANTE REGALO

El 15 de septiembre de 1907 el gobernador de Coahuila, Miguel Cárdenas, firmó el decreto mediante el cual se elevó a la categoría de ciudad a Torreón; hubo diversos festejos por este relevante suceso.

Los ricachones miembros de la colonia alemana avecindada en Torreón acordaron donar a nuestra ciudad cuatro elegantes fuentes que ornamentaron por décadas la Plaza de Armas, en su parte central tenían un basamento que sostenía cuatro estatuas que muchos torreonenses aún recordamos, representaban a La Sirena, El Tritón, El Heraldo y los Querubines; a inicios de la década de los ochenta del siglo XX, fueron retiradas.

EFÍMERO CAMBIO DE NOMBRE

A la caída del general Porfirio Díaz, el 25 de mayo de 1911 cuando renunció a la presidencia, la vida nacional quedó inmersa en una violenta lucha revolucionaria que duró varios años, las nuevas autoridades retiraron el nombre de Porfirio Díaz de innumerables sitios que lo llevaron durante el régimen del dictador. Fueron muy pocos los que lo siguieron conservando.

En Torreón la Plaza del 2 de Abril dejó de llamarse así para ser instituido el nombre de Jardín de la Constitución, seguramente así sucedió en la época de la presidencia de Venustiano Carranza, quien fue el principal promotor de la Constitución Política de 1917.

Esta nueva denominación fue transitoria y cayó en desuso. En nuestros días, este antiguo paseo público es popularmente conocido como la Plaza de Armas de Torreón.

CENTRO DE INTERCAMBIO NOTICIOSO

En los tiempos de la Revolución Mexicana cuando solamente existía la prensa escrita, nuestra histórica Plaza de Armas fue un centro de reunión de los torreonenses para comentar el decurso de las batallas en los diversos frentes del país, este paseo se convirtió en un torrente informativo.

Mi extinta amiga la vascongada Elvira Urbieta Manchado, hermana de la famosa doña Julia propietaria del inolvidable restaurante de comida española que llevó su nombre y que estuvo en una de las esquinas de avenida Matamoros y calle Rodríguez, me comentaba que los miembros de la colonia española se concentraban a diversas horas del día en la Plaza de Armas durante los días de la Guerra Civil Española (1936-1939).

La curiosidad colectiva los inducía a informarse de los últimos enfrentamientos bélicos entre las tropas franquistas y las fuerzas republicanas.

REMODELACIONES

El primer kiosko que databa del porfiriato fue sustituido por uno nuevo que lucía ocho lámparas sostenidas por unas espigadas columnas, estaba ornamentado por una balaustrada circular, fue demolido a principios de la década de los ochenta del siglo pasado para edificar otro nuevo -el actual- que ostenta en su parte superior un reloj que tiene años sin funcionar.

Hace varios lustros me relató mi fallecido amigo Desiderio Martínez de Luna, que la administración estatal de Raúl López Sánchez (1948-1951), lo contrató para instalar un nuevo pavimento sobre la Plaza de Armas de Torreón.

La obra fue realizada a base de mosaicos en colores blanco y rosa que lucían pequeños cuadritos, este piso luego desapareció y fue sustituido por otro, también fueron edificados en esa remodelación los cuatro estanquillos con techos de concreto que aún existen a mitad de cada una de las cuatro aceras del paseo.

"Una vez fueron a buscarme colaboradores de Raúl López Sánchez en horas de la madrugada a mi casa, me dijeron que el gobernador quería hablar conmigo minutos más tarde en la Plaza de Armas, acudí a la cita y me pidió que acelerara los trabajos de instalación del nuevo piso para que quedara listo en determinada fecha. Así lo hice", me relató Martínez de Luna.

LAS CRÓNICAS DE HOMERO DEL BOSQUE VILLARREAL

En sus textos de investigación histórica, el exalcalde y excronista de Torreón, Homero del Bosque Villarreal, narra con amenidad las diversas imágenes que le tocó presenciar en la Plaza de Armas de Torreón.

Describe las alegres serenatas dominicales que se escenificaron en el kiosko y que eran amenizadas por la Banda de Música Municipal. Y detalla la presencia de los vendedores de flores que ofrecían jazmines, azucenas, rosas y claveles que se traían del interior del país y de la vecina población de Lerdo, Durango.

"Las personas del sexo femenino caminaban por la banqueta circulando en el lado de afuera, y en sentido contrario circulaban los hombres para, así, verse dos veces… Cuando la gente se cansaba, entonces al módico precio de diez centavos, siempre había una silla dispuesta para ella, renta de sillas que concesionaba el ayuntamiento a un señor Rodríguez". (Aquel Torreón. Autor: Homero Héctor del Bosque Villarreal. Impreso en Tipografía Lazalde. Torreón. 1983)

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