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Gómez Palacio y Lerdo

Historia Urbana

TAHONAS

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
miércoles 20 de noviembre 2019, actualizada 8:14 am


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Hubo en la ciudad de Gómez Palacio, panaderías o tahonas de prestigio, famosas por la calidad y sabor del pan que elaboraban y que eran preferencia de las familias que acudían, y aún acuden, entre 6 de la tarde y 9 de la noche de cada día a adquirir el delicioso producto para disfrutarlo en la merienda, cuando se cierra el círculo familiar; reunidos los miembros de este núcleo social, hora en que cambian impresiones y comentan los acontecimientos del día, ante una taza de espumoso chocolate o de aromático café.

Panadería es la tahona. Tahona, sustantivo femenino de origen árabe. Este vocablo se refiere a un molino de harina cuya rueda se puede mover con la ayuda del caballo o la caballería. Lugar, paraje, sitio, local, establecimiento o tienda en donde se elabora y posteriormente se vende el pan; en este sentido se le conoce como panadería. Tahona es piedra armada y con toda la disposición necesaria para triturar o desmenuzar; se le nombra asiento de tahona.

Tahona es, pues, panadería, que nos hace recordar a Ramón López Velarde, poeta jerezano que en “La Suave Patria” dice:

“Tu barro suena a plata, y en tu puño

Su sonora miseria es alcancía;

Y por las madrugadas del terruño,

En calles como espejos se vacía

El santo olor de la panadería”.

Así es, escapaba ese suave y apetitoso aroma de la panadería que, ubicada cerca de nuestra casa, despertaba el ánimo y los sentidos para iniciar la jornada diaria con espíritu emprendedor y positivo: infantes y jóvenes a la escuela; adultos a labores de oficina, de fábrica, de taller, de tienda, de mercado; las señoras a los quehaceres domésticos que, a veces, son más pesados que una real jornada laboral.

Ese aroma sugestivo que invitaba a consumir y degustar el sabroso pan llegaba hasta el hogar establecido por la avenida Aldama sur, y venía de la modesta panadería ubicada en Avenida Bravo y Calle Degollado, la cual desapareció para dar paso a un edificio habitacional; el inmueble es adquirido en 1998 por don Jesús Jasso, hombre trabajador decidido a progresar.

Con el apoyo y colaboración de su esposa, doña Gertrudis, y sus hijos María de la Luz, Jesús y Juan Antonio Jasso Núñez, remodela el local y en el año 2000, lo convierte en una moderna panadería que funciona como empresa familiar, y hoy es la próspera “Panificadora Bravo”, gracias al trabajo de sus actuales propietarios; su hija Alejandra también participó durante algún tiempo, con el proyecto de su padre, pero buscó nuevos horizontes y se desincorporó para dedicarse al negocio de bienes raíces, en el cual se desempeña hasta hoy.

Tenemos que mencionar, desde luego a “La Reinera”, que se ubicaba por la Avenida Morelos, entre las Calles Patoni y Degollado. Su propietario, don Gonzalo González, enfrentó un conflicto laboral: los trabajadores demandaron mejores salarios y prestaciones, emplazaron a huelga la que se prolongó por un tiempo relativamente largo, teniendo como resultado que los demandantes se quedaran con la empresa en vía de pago de las prestaciones que reclamaban, según laudo laboral, constituyéndose en cooperativa que, probablemente por la falta de experiencia en los negocios, los cooperativistas incurrieron en errores administrativos; tuvo efímera existencia y finalmente fue liquidada.

Wenceslao Vargas fue un empresario esforzado, que gozó del aprecio y respeto de quienes lo conocieron. En 1967 inauguró la “Panificadora Laguna”. Pronto adquirió prestigio y fama por la calidad del pan que ofrecía al público; en 1997 don Antonio Ávila Aguilera, lagunero visionario y emprendedor, compra este negocio y le da nueva dimensión, ahora con el nombre de “Panificadora y Pastelería La Central”.

Sus hijas Bárbara Estefanía y Aidé Carolina Ávila Hernández apoyan y auxilian a don Antonio, que es el actual propietario, en esta noble tarea de elaborar y expender un producto de calidad, como es el pan de “La Central”.

“La Legalidad” fue una exitosa panadería ubicada en la esquina de Avenida Mina y Calle Mártires. Su propietaria fue doña Epifania Neri, pero era en realidad doña María Parada de Vargas y sus hijas Ofelia, Irma y Linda quienes realizaban las actividades propias de esta fábrica de pan, que inició labores, aproximadamente en 1940 y dejó de trabajar hasta hace relativamente poco tiempo, en 2015. El esposo de doña María, don Alfredo Vargas Badillo, trabajó más de 50 años en la Jabonera “La Esperanza” de Gómez Palacio, según nos platica Irma. Una historia interesante y extraordinaria es la de la Panadería “La Reforma” de Avenida Morelos y Calle Zaragoza.

Acudimos como fuente de información al doctor Gerardo Bañuelos Garza, quien nos platica que “este establecimiento fue fundado aproximadamente en 1912 por los hermanos Leovigildo, Gonzalo y Gustavo González, que venían de Villa García, Nuevo León; la trabajaron de 10 a 15 años y se la pasan al español Melchor Cabezas, que la administra por espacio de 5 años, más o menos, y se la pasa a don Luis Aspiazu.

Éste por espacio de otros diez o quince años trabaja la tahona, después de los cuales se la vende a doña María Parada, que fue dueña también de “La Legalidad”. Esta señora se la transfiere a don Felipe Garza, quien a su vez se la endosa a su padre don Pedro Garza Gómez, y este señor finalmente la transfiere a su yerno don Luis Bañuelos Pérez.

Don Luis fue un apreciado por la comunidad lagunera por su gentileza, simpatía y don de gentes. Esforzado como era le dio prestigio a “La Reforma”, adquirida en 1940 aproximadamente, y del modesto local que recibió la transformó con un edificio moderno y cómodo, amplio y accesible para el público. Lamentablemente fallece en el 2012, y sus hijas Norma y Rosa Beatriz, trabajadoras y diligentes se quedan con el negocio. Finalmente, su hijo el doctor Luis Bañuelos Garza y su nieto Luis, son los últimos en administrar la panificadora, cerrándola por falta de tiempo en este año 2019”.

Otras panaderías o tahonas hay, igualmente notables y trascendentes, que por falta de espacio, serán motivo de una posterior historia urbana.

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