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Columnas Social

PIÉNSALE PIÉNSALE

SI QUIERES LA PAZ TRABAJA POR ELLA

ARTURO MACÍAS PEDROZA
domingo 27 de octubre 2019, actualizada 11:54 am


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Comprendemos el significado básico de la paz como un derecho de todo ser humano que el Estado debe promover. El derecho humano a la paz nació como una preocupación jurídica en las últimas décadas del Siglo XX. Precisamente, hoy más que nunca es necesario y urgente que la paz sea materia y objeto del derecho internacional, así como de las legislaciones de cada Estado, por ejemplo, los marcos constitucionales.

La paz es al mismo tiempo, una aspiración humana, un valor, un principio y un objetivo universal, aún y cuando existan diversas concepciones y entendimientos culturales y civilizatorios en torno a ella. La paz, en este sentido, proyecta el derecho que tiene cualquier persona a vivir realizándose en toda su dignidad como ser humano.

La paz como valor ético niega la guerra y cualquier forma de adulación, enaltecimiento o exaltación de la violencia. Y al adquirir forma jurídica -es decir, al ser garantizada a través de leyes específicas- no solo se defiende la dimensión subjetiva de la humanidad, sino también su dimensión institucional, en la medida en que se obliga a cualquier forma de autoridad política a establecer las medidas adecuadas para su promoción.

Pero la paz es una idea múltiple y compleja, de carácter humano, social, político y jurídico. No es posible pensar que la paz sea solo la ausencia de violencia y de confrontación bélica. No es la paz, en efecto, solo un concepto negativo. La paz, positivamente considerada, es la expresión de la justicia, del desarrollo, del respeto, del derecho y de la tolerancia: representa la plenitud de la vida, es un gran don de Dios que genera vida, fecundidad, bienestar, prosperidad y ausencia de temor. El fruto de la paz es una alegría profunda.

La paz es la meta de la convivencia social, la cual debe basarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad, de manera que donde estos valores no existan o sean pisoteados, no existirá tampoco la paz duradera. Se fundamenta en una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la justicia y la caridad. La paz no se podrá conseguir si no existe un respeto de los derechos del ser humano, así como no podrá ser real tampoco sin el hecho de que cada quien asuma sus deberes en contraparte.

La violencia que sufrimos no sólo es producto de grupos organizados o de las bandas delictivas, sino que también es resultado de nuestros pequeños actos de violencia. La violencia que hay en nuestra vida, tiene que ver con sentimientos, prejuicios, preconceptos o experiencias negativas que están presentes en nosotros mismos y no en los demás. Abarrotar un cine para ver la apología de la violencia, o apoyar la legalización del asesinato de un inocente son violencia. De las actitudes que se proponen enseguida, piensa cuáles descubres en tu comportamiento y trata de descubrir la raíz de éstas; después puedes invitar a otro u otros a hacer lo mismo y poner en común la experiencia personal compartiendo lo que cada quien descubrió.

A) Discriminar a otros, B) tener actitudes impositivas, C) hacerse escuchar gritando, D) resolver problemas con amenazas, E) Ejercer violencia física sobre los más débiles, F) Experimentar sentimientos de odio, G) querer ser el mejor a toda costa, H) Alimentar el rencor, I) Ver y organizar la vida como una competencia, J) Sentir mucha envidia frente a los logros ajenos, K) Maldecir.

También podemos analizar trece tareas de formación de las personas para construir la paz. Con ellas se puede trabajar personalmente ordenándolas de las más urgentes a las menos urgentes según tu opinión y comparar nuestra lista con el orden que otro haya establecido. Sin duda saldrá una conversación interesante. También podemos ponernos a pensar sobre cual institución tiene la principal responsabilidad sobre esa tarea (Estado, familia, Iglesia, escuela).

He aquí las tareas:

1. Formación de la conciencia. Distinguir el bien del mal.

2. Educación en la verdad, en el amor y en la libertad.

3. Formación para la convivencia: diálogo, colaboración, respeto, etc.

4. Sentido de pertenencia a la comunidad y conciencia

5. Transformar patrones de conducta que originan formas de violencia: discriminación, maltrato, machismo, etc.

6. Promover el trato digno y respetuoso de las mujeres.

7. Cuidado de los más débiles y vulnerables: niños, ancianos, enfermos.

8. Difundir pensamientos de paz.

9. Impulsar gestos de paz.

10. Promover un lenguaje de paz.

11. Educar para la legalidad.

12. Uso de los medios de comunicación al servicio de la paz.

13. Leer nuestra historia en perspectiva de paz.

La manifestación de diversas formas de violencia llega a extremos como los que nos han horrorizado el jueves pasado. Pero detrás está la cultura generalizada de malos tratos. Solemos poner el maltrato como algo externo, pero se va anclando en nuestras relaciones sin darnos cuenta y sólo hasta que explota, descubrimos lo que permanecía escondido. Trabajar por la paz requiere el esfuerzo de realizar acciones para educar en ella; adquirir habilidades y competencias para desarrollarla; trabajar en un proceso para entender, interiorizar y concebir anclado en nuestra vida el buen trato y potenciarlo en las esferas de la cultura y relaciones diversas.

Si queremos la paz, trabajemos por ella.

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