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Columnas la Laguna

ANÉCDOTAS

VIVIR PARA CONTARLO... DE NUEVO

HIGINIO ESPARZA RAMÍREZ
lunes 14 de octubre 2019, actualizada 7:48 am


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Su aparato está bien, en muy buenas condiciones, le quedan cuatro años de vida. -¿Y a mí doctor? Eso no los sabemos, nadie tiene garantizada la existencia, pero usted no se preocupe. Revisaremos de nuevo la máquina en octubre del 2020. Aparte su cita con tiempo, recomendó el galeno especializado en el implante y mantenimiento de los marcapasos, los artilugios eléctricos que prolongan la vida o hacen más llevadera lo que queda de ella.

El breve diálogo esperanzador tuvo lugar en el consultorio de cardiopatía dedicado exclusivamente a las revisiones la mañana del 11 de octubre del 2019 con cerca de quince pacientes por atender en una sola jornada matutina, unos llegados de Chihuahua, otros de Durango y varios más de Zacatecas, todos ellos afiliados a la clínica 71 del IMSS, su centro de convergencia y atención médica inmediata en la ciudad de Torreón.

El consultorio está dotado de monitores para detectar voltajes y tiempos de funcionalidad y medidores de voltaje, con indicadores precisos sobre el tiempo de vida que le queda a cada artefacto implantado en el pecho, encima de las costillas. Los años transcurren sin que el marcapasos se mueva de su lugar pues se trata de puntos estratégicos que no interfieren con el movimiento corporal. El único riesgo es acercarse a los imanes de la CFE y a los ultrasonidos, meterse a boxeador, portero de futbol o que le claven a uno en el pecho el índice para regañarnos.

La visita anual a la verificación de condiciones de terminales, hilos y tornillos hecha sobre la piel resultó toda una aventura para marido y mujer, pues no estamos acostumbrados a despertar a las seis de la mañana. El despertador, sin embargo, funcionó puntual y nos echó de la cama cuarenta minutos después, casi a las siete, a tiempo para bañarnos y vestirnos, aunque lo primero lo hice un día antes por si las dudas.

El taxista también fue puntual y a las siete diez ya estaba pulsando la bocina. Desde Gómez Palacio a Torreón, sorteando autobuses urbanos, automóviles y ciclistas, el viaje me pareció toda una aventura y la disfruté admirando edificios aún dormilones, calles y avenidas vistos ya en innumerables ocasiones pero cada vez con atractivo mañanero y un movimiento vehicular que asombra, con gente en las esquinas y cajones de estacionamiento esperando su camión de ruta.

Provistos de las hojas de vigencia de derechos tramitada un día antes en la Unidad de Medicina Familiar No. 53 de Gómez Palacio y la tarjeta de citas, entramos al imponente edificio de la clínica 71 de Torreón solo para formar largas filas atrás de los derechohabientes y parientes que llegaron temprano a cubrir más trámites burocráticos: solicitar el sello de las oficinas de recepción central y la fecha de registro del documento.

Después todo se nos fue en tejer y cantar, esperar turno en los tres atestados elevadores que se encuentran en constante movimiento, subir al piso correspondiente, el tercero en mi caso y volver a formar fila, una para comprobar que ya estamos allí y la otra más cómoda, con butacas de lámina destinadas a los pacientes en espera. Había niños profundamente dormidos en ellas, señal de que sus padres pasaron la noche entera en el establecimiento a fin de ganar el mejor lugar o bien que llegaron de lejos sin dinero para pagar hospedaje. Matrimonios con equipaje de viaje se mostraban impacientes pero resignados, a sabiendas de que ya figuraban en la lista de comprobaciones.

Primero entraron al consultorio de cardiopatía, los pacientes en silla de ruedas y los que se apoyaban en bastones y luego los demás, numerados del uno al quince aproximadamente, veteranos en su mayoría y unos pocos todavía jóvenes. Hubo celeridad y buen trato por parte de médicos y asistentes y a las diez de la mañana ya estábamos en la calle, con las indicaciones de la recepcionista: orita no hay citas, la agenda nueva llegará a mediados de diciembre, esas citas no se darán por teléfono. Celebramos las buenas nuevas con un suculento desayuno en el restaurante Pronto, ubicado a un costado de la clínica 16, ella huevos rancheros con café, y un servidor machaca con huevo y panecillos Bimbo. Se cumplieron así 18 años consecutivos de gratas y vivificantes experiencias gracias al IMSS.

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