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Ciencia

El viaje de Elcano, o cómo dar la vuelta al mundo sin mapas

El español hizo el viaje equipado solo con cuerdas, un reloj de arena, un cuadrante y una brújula

EFE
MADRID, ESPAÑA, lunes 07 de octubre 2019, actualizada 11:21 am

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Si la llegada del hombre a la Luna hace 50 años en una nave tecnológicamente inferior a un teléfono móvil nos pareció una aventura increíble, el viaje del navegante español Juan Sebastián Elcano no lo fue menos: el marino dio la vuelta al globo sin mapas y equipado solo con cuerdas, un reloj de arena, un cuadrante y una brújula.

El viaje que empezó el portugués Fernando Magallanes y terminó Elcano fue el cenit de la edad de oro de los descubrimientos españoles iniciado en 1492 por Cristóbal Colón.

Colón quería llegar a las Indias abriendo una ruta por el oeste pero en su camino se encontró con un nuevo continente. La consecuencia del descubrimiento fue el Tratado de Tordesillas, firmado por España y Portugal en 1492, que para evitar conflictos navales obligaba a los españoles a navegar hacia los mares del oeste y a los portugueses hacia el este.

Los españoles, por tanto, solo podían navegar el Atlántico hacia América pero en 1513 Núñez de Balboa descubrió que al oeste del Nuevo Continente se abría un nuevo mar, el Pacífico, un hallazgo que inspiró la expedición de Magallanes: desde ahí intentaría llegar al Lejano Oriente sin vulnerar el Tratado.

Cinco naves y 245 hombres

Quinientos años han pasado desde que Magallanes partió de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz, sur de España) con cinco naves y 245 hombres. Y lo consiguió. Accedió al Pacífico por el estrecho que hoy lleva su nombre y llegó hasta Filipinas, donde murió en abril de 1521 en una escaramuza en Mactán (actual Filipinas) con el datu Lapu Lapu.

Aunque el mundo confiera a Magallanes el mérito de la primera circunnavegación, la hazaña fue de Elcano, quien tomó el mando de la expedición y apostó por regresar navegando desde las islas Molucas hacia el oeste, una decisión casi milagrosa y contraria al objetivo de la misión.

1,082 días después, dieciocho hombres llegaban a Sanlúcar de Barrameda y completaban la circunnavegación, un asombroso viaje realizado con una tecnología "casi de juguete", explica a Efe el profesor de Filosofía de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Ekai Txapartegi.

Y es que Elcano dio la vuelta al mundo equipado con "una cuerda con nudos para calcular la velocidad, otra con un peso para sondar la profundidad, un reloj de arena que había que girar cada media hora -con las imprecisiones que eso genera-, un cuadrante y una brújula".

Con estas herramientas, cada treinta minutos y a partir de la velocidad obtenida con la cuerda y con la dirección marcada por la brújula, podían saber aproximadamente cuánto habían avanzado y en qué dirección, y marcar un itinerario para situarlo sobre los mapas de la época, "tan rudimentarios e inexactos como el instrumental".

Esta técnica les ayudaba a determinar las direcciones de un viaje y a señalar los puntos conflictivos del trayecto, desde accidentes geográficos a lugareños problemáticos.

Pese a la precaria tecnología, Elcano regresó a Cádiz, en un agónico viaje de más de cinco meses por el sur de Asia y por África, y alejado de las costas para no ser descubierto por los portugueses.

Un vuelco a la cartografía

Aventuras aparte, el viaje fue fundamental para la cartografía, porque provocó una carrera internacional para explorar el mundo desconocido y trazar mapas más precisos, tomando como base la 'Geografía' de Ptolomeo, el atlas diseñado por este geógrafo griego en el siglo II que y cuyo uso se recuperó en el siglo XV.

"Ptolomeo aplicó principios geométricos a la geografía y diseñó las coordenadas que marcan la latitud (distancia con el ecuador) y la longitud (distancia desde el meridiano de Greenwich), dos referencias que marcan exactamente cada punto del globo terráqueo", cuenta Txapartegi.

Pero para calcular la posición en la navegación, los marinos solo disponían del astrolabio, un instrumento astronómico que les marcaba la latitud pero no la longitud, un parámetro que no se obtendrá hasta el XVIII.

"La expedición de Elcano fue un acicate para que las potencias presionaran a la incipiente comunidad científica para desarrollar tecnología capaz de mejorar la navegación y obtener la longitud, que era un dato fundamental para calcular las posiciones", explica Txapartegi.

Así, diseñar un reloj náutico se convirtió en una prioridad internacional, a la vez que el astrolabio evolucionó en los siglos siguientes hacia el cuadrante, el sextante y el octante que daban latitudes cada vez más exactas.

Más allá de la ciencia

Pero las aportaciones de Elcano fueron más allá de la ciencia y la tecnología y su viaje tendría un impacto muy importante en la 'revolución científica' del XVII impulsada por pensadores y científicos como Isaac Newton, Francis Bacon (pionero del pensamiento científico moderno) o Galileo Galilei, y que dio lugar a la creación de la Royal Society, entre otros avances.

"En cien años se produce una transformación cultural o ideológica de gran impacto en toda Europa. Se abre paso una nueva mentalidad: la importancia del conocimiento, el concepto del descubrimiento y también el de ser el primero en lograrlo", detalla Txapartegi.

La nueva ola de pensamiento "genera competencia por ser el primero, por la autoría y por la autoridad que otorga el saber. Ser alguien y obtener reconocimiento empieza a ser importante y aunque el mundo inexplorado se estaba acabando, la ciencia acababa de empezar su andadura".

Además, a partir de ese momento se vuelve importante saber "organizar bien la información; tomar datos que sean válidos para los siguientes, que es una idea con una concepción intergeneracional de la empresa científica".

El viaje de Elcano, por tanto, no solo fue una gesta de valientes, sino "el detonante de una nueva época, con una mentalidad más moderna que definitivamente cierra el medievo".

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