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1862: Inicia la vida de Miguel Ángel de Quevedo, relevante ingeniero e investigador mexicano

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AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, viernes 27 de septiembre 2019, actualizada 10:12 am


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Ingeniero mexicano de profesión, Miguel Ángel de Quevedo es recordado por dedicar gran parte de su vida al cuidado e investigación de la flora y por haber escrito el primer tratado de urbanismo en el México independiente.

De Quevedo fe un testimonio de admirable vocación por la justicia social, la dignidad y el bienestar del ser humano, recuerda la Revista México Forestal del Gobierno de la Ciudad de México.

Planteó los lineamientos para el crecimiento y mejoras para la capital mexicana, así como la necesidad de una ley forestal que protegiera las áreas verdes y de escuelas para formar especialistas en su cuidado.

Miguel Ángel de Quevedo y Zubieta nació en Guadalajara, Jalisco, el 27 de septiembre de 1862, en el seno de una familia próspera.

Según la biografía que de él se encuentra en la página ine.gob.mx, educado en la clase alta, gozó de varios privilegios, estudió en las mejores escuelas de Guadalajara y no desarrolló especial interés en la naturaleza, sino hasta después.

Su vida cambió cuando tenía 10 años y su madre muere por las penurias de atender a su esposo enfermo, quien también sucumbe siete años después, dejándolo bajo la custodia de su tío, un canónigo en Bayonne, Francia.

Eso lo enfrentó no sólo a la muerte de sus padres sino a una cultura extranjera y a la decisión de seguir el camino del celibato. El paisaje de los Pirineos despertó entonces su gusto por la naturaleza.

Asistió a colegios que se encontraban cerca de las montañas, sus maestros entremezclaron sus enseñanzas con viajes al campo, y posteriormente, ingresó a la Universidad de Burdeos, donde recibió el grado de bachiller en Ciencias en 1883.

Con su título y una recomendación de Gastón Planté, miembro de la Academia de Ciencias de Francia, marchó a París. Una enciclopedia colaborativa en línea señala que se graduó como ingeniero civil, con especialización en ingeniería hidráulica, y en 1887, se graduó por la Escuela Politécnica en París.

Planté, cuya abuela era mexicana, se interesó en estudiantes latinos prometedores que se educaban en Francia. Por su parte, de Quevedo aprendió la importancia de la conservación de los bosques, con maestros como Paul Laroche o Alfredo Durand-Claye.

En 1887, el ingeniero volvió a México ansioso de aplicar lo que había aprendido y recordaba constantemente el consejo de Durand-Claye sobre la necesidad de protección forestal en México.

Su primer trabajo fue como supervisor de las obras de drenaje.

A principios de 1889, el proyecto llegó a un abrupto fin cuando Quevedo cayó de una góndola mientras inspeccionaba los trabajos, un accidente en el que casi muere pero tuvo que renunciar.

A inicios del siglo XX, Quevedo trabajó en el Departamento Forestal de la Secretaría de Agricultura en la que desarrolló un programa de parques para el área urbana de la ciudad, que en una década incrementó en 800 por ciento el área dedicada a parques en la ciudad.

En 1907, de Quevedo fue pieza clave en conseguir apoyo del gobierno de Porfirio Díaz para expandir y cuidar los Viveros de Coyoacán, que producía 2.4 millones de árboles.

Durante el gobierno de Francisco I. Madero creó una reserva forestal en Quintana Roo.

Cuentan que entre 1914 y 1917, sus proyectos se vieron interrumpidos tras el golpe de estado de Victoriano Huerta el cual lo obligó a exiliarse del país. En el gobierno de Carranza trabajó para lograr que el “Desierto de los leones” se nombrara el primer parque nacional.

En 1922, fundó la Sociedad Forestal Mexicana, uno de los propósitos era conseguir la implantación de una ley forestal alcanzado en 1926, con Calles quien promulgó la ley respectiva, y su reglamento al año siguiente.

Aquella ley fue el arquetipo para todas las subsecuentes leyes forestales en el país.

Miguel Ángel de Quevedo fue reconocido en México por su labor en favor de la protección de los bosques, con lo que ganó el título de "El apóstol del árbol".

En la campaña presidencial de 1934, Lázaro Cárdenas se puso en contacto con de Quevedo sobre su interés de encabezar un Departamento Autónomo Forestal, de Pesca y de Caza, lo cual rechazó en un principio argumentando que era ingeniero y no político.

Cárdenas lo invitó nuevamente a un acto de campaña en Veracruz donde lo felicitó por la creación de dunas arboladas y volvió a preguntarle si aceptaría el puesto, y esta vez aceptó. Miguel Ángel de Quevedo murió el 15 de julio de 1946.

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