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Gómez Palacio y Lerdo

Autoevaluación Presidencial

ENFOQUE

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
domingo 08 de septiembre 2019, actualizada 10:41 am


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"No es por presumir, pero soy hombre de palabra. Ya no hay sueldos de 700 mil pesos para los funcionarios de alto nivel; ya no hay pensiones millonarias para los ex presidentes; ya no hay avión presidencial; ya no hay Estado Mayor Presidencial; ya no hay asistencia médica privada para funcionarios que se hacían cirugías plásticas, hasta se estiraban la cara con cargo al erario; ya no me cuidan 8 mil elementos del Estado Mayor Presidencial; ahora están en la Guardia Nacional para que cuiden a los mexicanos; al presidente lo cuida la gente. Estamos barriendo la corrupción, como se barren las escaleras, de arriba para abajo. . .La gente vive contenta, es feliz; hay bienestar. . . Los compromisos se cumplen".

Estos y otros "spots" del mismo estilo están oyéndose y viéndose reiteradamente en radio y televisión, con los cuales el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, pretende convencer a los mexicanos de que está cumpliendo con la oferta política que presentó como candidato para lograr la preferencia electoral. Lo que consiguió.

Mi maestro de Ética en los años de preparatoria al hacer la exposición del tema el deber y la norma, decía: "No se deriva ningún mérito cuando se cumple con lo debido; quien cumple con su deber no tiene que esperar que se le felicite o se le aplauda, lo que está haciendo es ajustar su conducta con lo que manda la norma".

Someterse a lo establecido por una norma sea jurídica, moral o religiosa no es más que legalismo puro, que nos remite al pensamiento del maestro Eduardo García Máynez que, acerca del concepto del deber, afirmaba: el deber es la necesidad de una acción, por respeto a ley", para proponer en seguida la concepción kantiana del deber: "Obra de tal manera que la máxima de tu acción, sea elevada por tu propia voluntad a la categoría de una ley de universal observancia".

Lo que el Presidente dice que está haciendo, y no es que se ponga en duda lo que afirma, sólo que para aceptar algo como verdad hay que tener los elementos de prueba; lo que hace no es sino cumplir con lo que la Constitución Política, como norma superior le mandata, así como las leyes secundarias que de ella emanan; ordenamientos jurídicos que protestó cumplir y hacer cumplir, y se comprometió con la ciudadanía y con la historia, cuando al rendir protesta dijo: ". . .y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande".

Para eliminar los elevados salarios de los altos funcionarios, práctica convertida en tradición que flagela sensiblemente las estructuras de la administración pública, no sólo federal, sino la estatal y aun la municipal, ha emitido la Ley Federal sobre Remuneraciones a los Servidores Públicos; Reglamentaria de los Artículos 75 y 127 de la Constitución Política, y adiciona los Artículos 217 y 227 del Código Penal Federal.

Esta Ley es aplicable a los tres poderes de la Unión. Las figuras delictivas comprenden tanto a quien autoriza los pagos sea remuneración, retribución, compensación, jubilación, pensión, haber de retiro, liquidación, como a quien los recibe, en violación a las disposiciones de la ley. Las penas van desde tres meses hasta catorce años de prisión.

En ella ha quedado establecido como norma que ningún funcionario, sea del nivel que fuere, podrá percibir un salario superior al del presidente de la República, el cual fijó unilateralmente en 108 mil pesos.

Así mismo, para eliminar las pensiones que percibían los expresidentes, erogación del gasto público que, ciertamente, como él lo dijo no se encuentra establecido en ninguna ley o norma, es decir, no existe disposición alguna que autorice u obligue al gobierno a pagar a quienes han ocupado la presidencia de la República una pensión vitalicia, jugosa y cuantiosa, lo que hizo fue simplemente aplicar la disposición normativa contenida en el Artículo 126 de la Constitución, que establece: "No podrá hacerse pago alguno que no esté comprendido en el Presupuesto o determinado por una ley posterior".

Bastó con no incluir en el Presupuesto de Egresos de la Federación, que de hecho no existía, por eso su pago era ilícito, partida alguna destinada a cubrir esa prestación que ninguna razón de ser tenía, para que automáticamente quedara sin efecto hacer tal erogación, puesto que si no estaba comprendida en el Presupuesto, ni ley posterior la determinó, no había razón ni justificación, para que los ex mandatarios, siguieran percibiendo un beneficio que carecía de sustento legal.

El mismo trámite y procedimiento se hizo en el tema de los gastos para asistencia médica privada de los altos funcionarios que, a costillas del Erario, disfrutaban de una canonjía ilícita, inmoral y vergonzante.

Disolvió el Estado Mayor Presidencial, organismo o corporación que no tenía una función clara y específica, y mucho menos que estuviese integrado por tal número de elementos, que representaban en cambio un elevado e injustificado gasto público. Creó en su lugar la cuestionada Guardia Nacional que integró con aquellos efectivos, la cual todavía está en vías de demostrar y justificar su creación y beneficio. Se espera que sea eficaz y combata realmente la inseguridad pública para que la ciudadanía pueda vivir en paz y armonía y desempeñar en un clima de libertad y orden sus actividades ordinarias.

Que termine con la violencia y con la elevadísima ola de homicidios que diariamente se cometen en diferentes partes de la República, pues los medios informan de personas victimadas en reuniones, fiestas, restaurantes, escuelas, iglesias e inclusive a las puertas de su casa, quedando impunes sus autores y dejando enlutados a cientos de hogares mexicanos. Si la Guardia Nacional fue creada para terminar con esta situación terrible y caótica, falta que pruebe su eficacia, pues la violencia sigue sin control y los asesinatos están a la orden del día.

Considerado como "símbolo de los excesos del pasado", el lujoso avión presidencial, al comprarse tuvo un valor de 217 millones de pesos. En este tema la información que se tiene es incompleta, pues el Presidente sólo dijo que el aeroplano ya estaba en California, pues "ya se vendió, junto con una flotilla de 60 aeronaves de diferentes características". No dijo a quien se le vendió, ni la cantidad de la operación mercantil; hasta ahora esto se desconoce. Sólo agrego: "Usaré las líneas aéreas comerciales para desplazarme en mis giras de trabajo, y por carretera si la distancia es corta".

En cuanto al tema de la corrupción, principal bandera de su campaña política para alcanzar la presidencia, aún es demasiado pronto para afirmar que ha acabado con ella, que ha sido "erradicada" como si fuera sarampión o tos ferina; habrá que esperar, por lo menos la mitad del sexenio, para hacer una revisión evaluadora del comportamiento en materia de manejo y administración de recursos públicos, de funcionarios y servidores públicos de los tres poderes y de los organismos autónomos; no vaya a salir alguno algunos de ellos con una "gracia" o "chistosada".

Abusa de optimismo, cuando dice que la gente vive contenta, es feliz, que hay bienestar. . . Son muchos los mexicanos y las mexicanas que aún carecen de lo básico e indispensable y están esperando con ánimo y entusiasmo, pero también con algo de desilusión, que les lleguen los beneficios en materia de vivienda, de alimentación, de salud, de educación, de empleo, de seguridad, para poder decir que hay bienestar. Claro, lo deseable es que se logre. México es un país de contrastes: mientras unos cuantos tienen de más y hasta gozan de lo superfluo; muchos, que son los más, carecen de lo necesario

Lo que el presidente López Obrador hace al decir que los compromisos se cumplen, es una optimista autoevaluación que en muchos aspectos no coincide con la realidad. Pero hay confianza en que se dé esa coincidencia.

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8 de septiembre de 2019

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