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Gómez Palacio y Lerdo

Cambio político en México

ENFOQUE

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
domingo 18 de agosto 2019, actualizada 11:03 am


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"En la democracia el cambio es necesario como condicionante de la estabilidad".— Postulado griego

1988 es año importante en la historia política mexicana; puede considerarse como un parte aguas: Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI a presidente de la República, se declaraba ganador en una elección muy cuestionada e impugnada por los partidos de oposición de entonces, sobre todo por el PRD que consideraba haber sido el triunfador y su candidato Cuauhtémoc Cárdenas, víctima de "la caída del sistema", manejado por la que fue Comisión Federal Electoral, dependiente de la secretaría de Gobernación, cuyo titular era Manuel Bartlet Díaz, hoy director de la Comisión Federal de Electricidad en el gobierno de López Obrador.

En tal año, las cosas comenzaron a cambiar en el panorama político de México. A partir de 1989, México inicia un proceso de cambio político, sin precedente en la historia contemporánea. Comenzaba la debacle del PRI. Por primera vez, según estadísticas históricas del INE, anteriormente IFE y más atrás la Comisión Federal Electoral, el Partido Acción Nacional, partido de oposición, obtuvo por la vía electoral la gubernatura de una entidad federativa, Baja California; triunfo que le fue reconocido por el gobierno priísta de Salinas de Gortari, y con ello dio inicio una serie de alternancias políticas en las estructuras del poder, principalmente en los ámbitos estatal y municipal.

En 1991 se produjo la alternancia en los estados de Guanajuato y Chihuahua; Jalisco en 1995; dos años después, fueron Nuevo León y Querétaro los que se agregaron a la lista de entidades federativas, gobernadas por partidos de oposición al PRI. Vendrían más tarde, Tlaxcala, Nayarit, Aguascalientes y Baja California Sur, los que en 1999 se sumaron al catálogo de estados con gobiernos de alternancia.

El Distrito Federal, hoy Ciudad de México, lo perdió el PRI desde 1997, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó la el Jefatura de Gobierno; le siguió López Obrador; luego Marcelo Ebrard, después Miguel Ángel Mancera, todos por el PRD; y ahora Claudia Sheinbaum, por Morena.

Así se diversificó el mapa político-electoral del país, de tal modo que para el año 2000, el PAN gobernaba en seis estados, el PRD en cuatro, y el PRI en el resto de las entidades federativas; es decir, en doce años el PRI había perdido diez gubernaturas estatales. En el mismo sentido, por vez primera vez, la oposición obtuvo la mayoría de escaños en la Cámara de Diputados y un buen número de asientos en la Cámara de Senadores. Es incuestionable el avance que han tenido los partidos contrarios al PRI; hasta el punto de haberlo desplazado de la Presidencia de la República en tres ocasiones, dos por el PAN con Vicente Fox y Felipe Calderón, y la más reciente, por Morena, con Andrés Manuel López Obrador como su candidato, quien obtuvo un contundente triunfo en las urnas del 2018.

En el PRD al entrar en conflicto las diferentes "tribus" que lo integraban y representando cada una diferente corriente política, el partido prácticamente se desintegra y deja de ser una opción política fuerte, dando paso al surgimiento de Morena, partido organizado y constituido por Andrés Manuel, quien previamente había abandonado las filas perredistas, como lo hicieron en su momento Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo y otros dirigentes de peso político específico.

El rival histórico del PRI, fue siempre el PAN, colocado a la derecha del espectro político electoral. En 1988-1989 nace la corriente democrática dentro del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, quien convoca y funda el Frente Democrático Nacional del que surge el PRD que se ubica a la izquierda de las ideologías políticas; entonces el PRI queda como el centro, aunque "mi gobierno es de izquierda dentro de la Constitución", según había definido a su gobierno, emanado del PRI, el presidente Adolfo López Mateos, muchos años atrás.

López Obrador funda el partido Morena con un criterio patrimonialista, manejándolo como una empresa particular de su propiedad, logrando que por tercera ocasión se le postule como candidato a la Presidencia de la República, tras doce años de llevar a cabo una campaña política permanente que se traduce en un gran número de votos que lo llevan a ocupar la silla presidencial, ofreciendo un cambio radical en la práctica política y en el ejercicio del poder.

Paralelamente, surgen diversas teorías que pretenden explicar las razones de estos acontecimientos, que han originado el cambio político; acontecimientos considerados por los analistas como "atípicos" en la historia política reciente.

Andrés Valdés Zepeda, Doctor en estudios latinoamericanos, especializado en ciencia política por la Universidad de Nuevo México, en su Ensayo "El cambio democrático", aparecido en el número 11 de la revista Diálogo y Debate de Cultura Política editada por el Centro de Estudios para la Reforma del Estado, A. C., apunta que dentro de esos argumentos, destacan la teoría estructural; la del compromiso de élite; la teoría racional; la cultural; la de la sociedad civil, y la internacionalista.

Dentro de estas explicaciones, muchas veces se enfatiza una sola variable, ya sea la política (actores y procesos políticos), la cultura (cambios en la cultura política), el crecimiento de la sociedad civil (mayor número de ONGs), la influencia internacional (el proceso global de transición hacia la democracia), la consolidación institucional, o la economía (desarrollo económico).

Los que consideran que la variable política ha desempeñado un papel primordial en el proceso de cambio, apuntan que tanto las formaciones políticas legalmente constituidas como una serie de actores políticos emergentes, han desempeñado un papel de primer orden en el proceso de transición, haciendo el sistema político mexicano más democrático.

En el caso particular del PRI, los analistas han señalado como causas de las derrotas que ha sufrido: los conflictos internos en el seno del partido, el abandono del discurso de la revolución mexicana, actos repetitivos de corrupción de algunos altos funcionarios públicos emanados del PRI y la creciente capacidad de los partidos opositores para organizarse.

Estos y otros factores de no menor importancia como el alejamiento de la gente, la pérdida o confusión de su esencia ideológica, el abandono de la lucha por las causas populares, gobiernos priístas fríos ante el reclamo y la demanda popular; designación de candidatos desde las cúpulas, sin tomar en cuenta la opinión de las bases, y por eso mismo impopulares; dirigentes frívolos, apáticos e insensibles; cuadros valiosos por su trabajo, trayectoria y preparación, ignorados y marginados por los dirigentes partidistas, obligándolos a emigrar a otros partidos, deterioraron el nivel de legitimidad del partido y grupo en el poder y ocasionaron que las formas políticas de oposición incrementaran su índice de votación y con ello hicieron posible la alternancia en el poder.

Es sano y benéfico que en una democracia como la mexicana se produzcan cambios que propicien la alternancia, con el relevo de partidos en el ejercicio del poder político; estos cambios fortalecen y consolidad la vida democrática del país, más todavía cuando esa alternancia se da en un ambiente de relativa paz y armonía social. Ya lo dijeron los pensadores de la Grecia antigua, cuna de la democracia: "No es saludable que el poder permanezca por mucho tiempo en un solo individuo o en una misma corporación, pues más temprano que tarde el exceso conduce al abuso y a la corrupción. Lo conveniente es que se alternen las posturas para corregir vicios y subsanar defectos, lo cual beneficia a la autoridad y satisface a la población. Por eso es valioso postular que el cambio es necesario como condicionante de estabilidad".

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