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Cultura

El pan oriundo de Viesca

Tradicionalmente el pan 'mamón' es elaborado en cocedor

SAÚL RODRÍGUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
VIESCA, sábado 03 de agosto 2019, actualizada 9:31 am

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El pan 'mamón' es toda una tradición en el municipio de Viesca, Coahuila. Su rojizo volumen llama la atención sobre el suelo desértico del lugar. Según Manuel Lastra, cronista del poblado, la tradición del pan mamón llegó al lugar con la familia López.

"Es una tradición que han tenido ellos, de hacer esos panes 'mamones' junto con las leches quemadas".

Señala que estos panes son exclusivos de Viesca y que el origen del nombre tiene dos versiones: una refiere a cuando los bebés maman del pecho de su madre y a éstos se les ponen rojos los cachetes, otra aduce a que el pan absorbe el azúcar coloreada en el que es sumergido.

El heredero de este oficio ha sido por muchos años el señor Jairo López, quien en su hogar cuenta con un cocedor de adobe donde suele preparar el pan en dos días. Esa es la forma tradicional de hacerlo.

No obstante, en fechas del aniversario de Viesca, don Jairo suele dedicarse plenamente a la elaboración de dulces de leche quemada. Por ello, otras personas del pueblo han imitado su legado y empezado a preparar el pan en sus hogares, horneándolo en estufa.

SABOR HOGAREÑO

Después de estar unas temporadas fuera de su pueblo, doña Ofelia Aguirre regresó a Viesca y tomó la decisión de elaborar el pan 'mamón'. Comenta que el visto bueno de un primo, quien le dijo que su pan tenía buen sabor, fue la motivación para continuar preparándolo.

"Yo no soy la original", aclara.

Señala que Jairo López es quien ostenta la tradición de este producto. Sin embargo, algunas familias de Viesca adaptaron la preparación del pan a su manera. La familia de doña Ofelia fue una de ellas.

"A mí nadie me dijo: 'se le pone esto, lo otro'. Nomás mirábamos de chiquillos ahí con los primos, pues yo miraba cómo los hacían. Llegué a grande y pues ya, me enseñé".

La señora Aguirre se dirige a su mesa, al recipiente que contiene la harina; echa agua, medio kilo de azúcar, medio kilo de manteca vegetal, tres botes pequeños de polvo para hornear, canela al gusto y comienza a amasar. Por 20 años ha seguido el mismo procedimiento, generalmente, cada jueves.

De cada bola de masa salen 10 piezas de pan.

El pan mamón casero también debe elaborarse en dos días. En el primero se cocina por cinco horas en la estufa a 35 grados. Después se deja reposar tarde y noche, y al día siguiente es sumergido en tres kilos de azúcar derretida con colorante rojo. Si se sumerge el mismo día de la cocción, el pan se desmorona.

Doña Ofelia platica que quienes se llevan el pan suelen ser turistas o gente del pueblo que organiza alguna fiesta. Ella no los vende directamente, sino que surte la vitrina de una miscelánea a cuyo dueño vende su producto a 8 pesos por pieza.

"Yo nomás los entrego. Si me siguen pidiendo pues hago más. Como ahorita para julio se vende mucho, todos los días estoy haciendo. Nomás empieza el día 20 y es todos los días".

Las fiestas por el aniversario del municipio de Viesca incrementan la venta del pan debido a las visitas foráneas que registra el pueblo. Otras fechas importantes para la venta este producto tradicional son Navidad y Semana Santa.

La señora Aguirre elabora su pan con el amor por su tierra. Cuando se le pregunta si es difícil su oficio, ella afirma: "Para mí ya no es trabajo".

PUEBLO SOBREVIVIENTE

En los viejos tiempos, Viesca era conocido por el agua que brotaba de sus manantiales. Con el crecimiento de la zona metropolitana de La Laguna, éstos se secaron. Ofelia Aguirre recuerda que tenía cinco años cuando vio cómo se esfumó el último.

"Mis papás sembraban mucho. Tenían sus carretones para acarrear trigo, cuando había esa agua. Se fue acabando".

La mayor parte de los habitantes de Viesca trabajan fuera del pueblo, o bien, viven de las remesas de un familiar que ha ido a laborar a otra ciudad del país o a Estados Unidos.

Doña Ofelia Aguirre fue una de esas migrantes en los años setenta. Hace 20 vueltal al sol regresó al pueblo. Lo que más extrañaba de Viesca era su tranquilidad.

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