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Bodas

¿Por qué el vestido de novia es blanco?

NADIA CHÁVEZ MUELA
martes 13 de agosto 2019, actualizada 11:28 am

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Si estás pensando o has pensado alguna vez en casarte, o simplemente eres fan de las bodas y te derrites al ver un hermoso vestido de novia, pon atención porque esto es para ti.

Muchas veces podemos preguntarnos: ¿por qué nos casamos con un vestido tan específico? ¿Por qué gastar en algo que usaremos sólo una vez? Por más que se explique de mil maneras, la respuesta sigue y seguirá siendo: porque nos encantan los vestidos de novia.

DESDE TIEMPOS ANCESTRALES

Desde la época precolombina, en lo que es hoy Latinoamérica, se ataviaba a los novios con accesorios hechos de oro macizo, como pulseras, collares, anillos y aretes, además se les adornaba la cabeza con plumas grandes y eran cubiertos con pieles de animales salvajes; a la par, en Babilonia, las mujeres eran mostradas en un mercado matrimonial, iban luciendo joyas en la cabeza, cara, cuello y manos; vestían sus mejores atuendos, por lo general de tonos llamativos.

Poco después, durante el Imperio Romano, los contrayentes vestían túnicas largas de color blanco, beige o arena, y portaban una corona de flores sobre la cabeza; al mismo tiempo, los chinos utilizaban trajes de distintos colores, de acuerdo a la época del año: el verde era para primavera, rojo para el verano, amarillo para el otoño y negro para el invierno.

COLORES

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Hoy en día, el color nupcial en China es el rojo, al igual que en la India, pues éste simboliza la buena fortuna y la fertilidad.

Durante el Renacimiento, un vestido de novia se convirtió en el indicador del poderío económico y político que la familia poseía, la tendencia era utilizar tonos pastel combinados con hilos de oro o plata y el color más utilizado era el azul, por motivos religiosos, pues la gente lo atribuía a la pureza, amor incondicional y la ciega obediencia al marido.

Sin embargo, en 1840 Victoria, reina de Inglaterra, rompió los paradigmas, cambió las reglas e impuso el ajuar blanco, tal y como lo conocemos hoy en día.

EL VESTIDO BLANCO

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La costumbre occidental es que la novia debe vestir de blanco porque simboliza la pureza y la virginidad de la mujer, pero la verdad es mucho más simple y superficial que eso.

Según la biógrafa inglesa Julia Baird, el indicar la castidad de la mujer carecía de importancia en el siglo XIX (sí, porque en aquel entonces todas eran vírgenes), de lo que se trataba era de presumir las posibilidades económicas y la influencia política y social de la familia de la novia, y el blanco representaba la riqueza y abundancia, ya que quien lo portaba, decía al mundo que se podía permitir limpiar la tela, algo que era sumamente difícil y costoso.

Según investigaciones, la monarca utilizó el blanco con el único propósito de que el fino encaje de su vestido y los demás materiales pudiesen resaltar.

Cabe mencionar que la reina ordenó expresamente que ninguna otra persona portara este color el gran día, dando origen a una tradición que prevalece hasta hoy.

Victoria no fue la primera en casarse de blanco.

En 1406 fue la princesa Philippa; más tarde, en 1558, María, la reina de los escoceses también usó blanco en su boda, y posteriormente en, 1816, Carlota, prima de Victoria, utilizó un vestido de hilo de plata que daba la ilusión de ser blanco, en su boda con el príncipe Leopoldo de Saxebourg-Saalfeld.

FUERTE EN LA ESCENA

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Pero, ¿por qué se le adjudica la imposición de esta costumbre a Victoria y no a las demás?

Muy sencillo: en 1840, el boom de los medios de comunicación facilitó la difusión masiva del acontecimiento.

Las gacetas y los diarios publicaron ilustraciones del enlace, todas las revistas de moda mencionaban el atrevimiento de Victoria y a partir de entonces pasó a la historia, no sólo por ser una de las gobernantes más fuertes que ha visto Europa, sino por ser todo un ícono fashionista.

Una década después del matrimonio, recreó su boda sólo para que pudiera quedar inmortalizada con el nuevo gran invento del siglo: la fotografía.

Después llegaron los años 20 y sus vestidos rectos, con colas largas y arrastradas; la década de los 40 con su austeridad por ser tiempos de guerra; los 50 con sus vestidos ceñidos al cuerpo y faldas amplias de crinolina; la rebeldía hippie en 1960... Y así el vestido de novia fue adecuándose conforme a la tendencia marcada por la época, pero siempre con algo en particular: el color blanco, y ¿saben qué? Nos encanta, porque lucimos bien, porque es elegante y definitivamente representa un sentimiento tan puro, tan bonito y tan tierno como el amor de pareja.

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