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Gómez Palacio y Lerdo

Sucesos inéditos en la historia patria

ENFOQUE

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
domingo 14 de julio 2019, actualizada 11:19 am


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I

A pesar de ser español de origen, se le considera mexicano porque según sus biógrafos, su padre lo trajo a estas tierras, específicamente a la Nueva Galicia, hoy estados de Jalisco y Nayarit, a donde llegó a la edad de tres años. Escribo de Bernardo de Balbuena, quien no obstante su condición de religioso, pues fue Capellán de la Audiencia de Guadalajara y cura de San Pedro Lagunillas en Compostela, Nayarit, se distinguió por su pensamiento liberal y universalista.

Dos hechos insólitos pueden mencionarse de Balbuena: 1.- Que su calidad de extranjero no le impidió hacer una fidelísima descripción de México, al que él consideraba su patria; 2.- Que su más grande poema "Grandeza Mexicana", estuvo dedicado a una noble dama, doña Isabel de Tovar y Guzmán, quien lo inspiró para componer un poema descriptivo de las cosas y la gente de este país.

Buscando nuevos espacios y oportunidades, Balbuena se traslada a la ciudad de México, después de haber estudiado artes y oficios. En 1604 escribe y publica su poema "Grandeza Mexicana", en el que muestra un incipiente nacionalismo que narra con asombro y alabanza los elementos de México, ciudad. "Todo en la famosa México es grandioso, desde las cosas más pequeñas, hasta la gente que ahí vive". Van unos versos:

De la famosa México, el asiento

Oh tú, heroica beldad, saber profundo,

Que por milagro puesta a los mortales

En todo fuiste la última del inundo.

De un tronco ilustre, generosa rama,

Sujeto digno de que el mundo sea

Columna eterna a tu renombre y fama;

Oye un rato, señora, a quien desea,

Mencionarte a la Ciudad más rica

Que el mundo goza, en cuanto el sol rodea!


II

Si bien es cierto se reconocen como causas directas de nuestro movimiento de Independencia, las condiciones en que se hallaban los habitantes de la Colonia hacia 1810, y como iniciador de la gran gesta heroica al Cura don Miguel Hidalgo y Costilla, un hecho determinante en la serie de acontecimientos que se dieron para impulsar a los pobladores de la Nueva España a luchar por su libertad, después de trescientos años de colonización, fue la situación que prevalecía en la península por las disputas entre la familia real española y la participación decisiva de Napoleón, emperador de los franceses, antecedente importante en la lucha libertaria.

Hay que recordar que entre 1807 y 1808, Bonaparte ocupó Portugal y España; el primer país, bajo el argumento de que había formado alianza con Inglaterra, enemiga del corso francés, y el segundo, con la intención de apoderarse de él, dada la negligencia e incapacidad política del primer ministro español Manuel de Godoy, Príncipe de la Paz, favorito de la reina y personaje con mucha influencia en la decadente corte de Carlos IV.

Inconforme con esta situación el pueblo español se amotinó en Aranjuez, dando como resultado que el monarca Carlos IV, abdicara en favor de su hijo Fernando VII, quien pudo constatar que quien realmente ejercía el poder político era el Mariscal José Murat, cuñado de Napoleón y comandante de las tropas invasoras.

Las cosas se complicaron cuando el monarca quiso recobrar la corona pero Fernando no cedió, e incurrió en el error de proponer que fuese el corso emperador quien tuviera la última palabra en este asunto, convirtiéndolo en árbitro supremo de los destinos de España.

Al tenerse conocimiento de esta situación en la Nueva España, produjo indignación entre los habitantes, y el Ayuntamiento de México celebró una sesión extraordinaria de Cabildo el sábado 19 de julio de 1808, en la que se tomó el Acuerdo de no tener como válidas las abdicaciones reales y disponer que el virrey José Iturrigaray se mantuviese en el gobierno por comisión del propio Cabildo, en tanto que las cosas volvían a la normalidad.

El Acuerdo representó un acto temerario, audaz, del Ayuntamiento porque además incluía el no aceptar a ningún funcionario procedente de España mientras continuara el caos político que allá prevalecía. Osadía del Ayuntamiento, porque se trató de un enfrentamiento pues aún se estaba bajo la corona española; 1810, año de inicio del movimiento insurgente, todavía se veía muy lejos, y más aún 1821, año de consumación de la independencia.

En la práctica tal decisión del Cabildo de México no tuvo efecto alguno pues en los años subsecuentes continuaron arribando funcionarios españoles, hasta la llegada del último virrey, don Juan O´Donojú que celebró con Iturbide los Tratados de Córdova de 1824, poniendo fin a la guerra y reconociendo por parte de España la Independencia de México.

En dicha sesión extraordinaria del Cabildo en que se tomó tan histórico y trascendental acuerdo participaron activa y decididamente entre otros connotados personajes, don Francisco Primo de Verdad y Ramos, Síndico del Común; Don Manuel Sánchez de Tagle, procurador general; los regidores propietarios don Juan Francisco de Azcárate, don Agustín Villanueva y don Manuel Díaz.


III

"Como bien se sabe, don Miguel Hidalgo y Costilla, tras haber sufrido su degradación sacerdotal, fue ejecutado en la ciudad de Chihuahua el día 30 de julio de 1811, encarando con dignidad temeraria al pelotón de fusilamiento, que disparó sobre él dos mortíferas descargas. Don Ignacio Allende, don Juan Aldama y don Mariano Jiménez, principales compañeros del Cura de Dolores, previamente también habían sido fusilados".

"Fueron hechos prisioneros el 21 de marzo de ese 1811 en el lugar denominado Norias de Baján, cuando después de haber sido derrotados, intentaban llegar a Estados Unidos, procurando obtener recursos para continuar la lucha, según habían acordado los insurgentes el 16 de marzo".

Era tan festivo y antisolemne el carácter del Mártir de la Independencia que en sus últimos momentos, según relata en su Historia de México don Lucas Alamán, "el día de su muerte notando que le llevaban con el chocolate menor cantidad de leche en el vaso que acostumbraba tomar, lo reclamó diciendo que no porque le iban a quitar la vida, le debía dar menos leche, y al caminar a la ejecución, se acordó que había dejado en su cuarto unos dulces, los cuales se hizo llevar deteniéndose a esperarlos; de los cuales comió algunos, y los demás los obsequió a los soldados que lo escoltaban".

Y todavía tuvo tiempo y humor, de componerles a su guardia y a su carcelero, los siguientes versos:

"Ortega tu crianza fina,

Tu índole y estilo amable,

Siempre te harán apreciable

Aún con gente peregrina.

Tiene protección divina

La piedad que has ejercido

Que mañana voy a morir,

Y no puedo retribuir

Ningún favor recibido".

(De Hidalgo al cabo Ortega)

"Melchor tu buen corazón

ha adunado con pericia

lo que pide la justicia

Y exige la compasión.

das consuelo al desvalido

en cuanto te es permitido,

partes el postre con él,

y, agradecido, Miguel

Te da las gracias, rendido".

(De Hidalgo a Melchor Guaspe)

("Historias desconocidas de la Historia Mexicana".- Luis Reed Torres).

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