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Internacional

A 50 años de la guerra en Centroamérica

El conflicto bélico que inició el 14 de julio pudo ser evitado por Honduras y El Salvador

EFE
TEGUCIGALPA, HONDURAS, domingo 14 de julio 2019, actualizada 10:08 am

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Honduras y El Salvador recordarán mañana, domingo, 50 años de una guerra absurda por un centenario contencioso limítrofe y migratorio, que no solo distanció a los dos países durante más de dos lustros sino que también frenó lo que entonces era el Mercado Común Centroamericano (Mercomun).

La guerra, que comenzó el 14 de julio de 1969 y duró 100 horas, profundizó la situación de pobreza de los dos países, principalmente en los pueblos fronterizos, en donde hubo más muertos, que en su mayoría fueron civiles hondureños.

Según diversas fuentes, la guerra pudo dejar entre 5.000 y 6.000 muertos, de los que centenares, entre hondureños y salvadoreños, civiles y militares, fueron enterrados en fosas comunes, como ocurrió en un cementerio de la ciudad de Ocotepeque, departamento del mismo nombre, limítrofe con El Salvador y Guatemala.

"Desde el punto de vista humano fue una guerra absurda; desde el punto de vista político aparentaba dar algunas ventajas a los gobernantes de los dos países y, desde el punto de vista social, fue extraordinariamente trágica", dijo a Efe el analista hondureño Manuel Torres.

Desde la perspectiva económica, agregó Torres, la guerra "fue un mal proyecto para los sectores empresariales y de las oligarquías que lo habían impulsado".

Aunque la guerra no fue por fútbol, como erróneamente trascendió al mundo, "este jugó un elemento catalizador y le permitió a quienes estaban desde el poder estimular una ola de patriotismo, de nacionalismo, que permitió que los movimientos sociales que estaban muy beligerantes en ambos países, arriaran sus banderas reivindicativas", agregó.

En opinión de Torres, de padre salvadoreño y madre hondureña, la guerra fue una conspiración en la que ambos países jugaron su propio papel, que se fue gestando silenciosamente como una tensión que se va acumulando pero que, en lugar de ser desactivada, se estimula.

En el caso de Honduras, las primeras manifestaciones que se pueden ligar al desenlace de la guerra datan de uno o dos años atrás (1967 y 1968), asociadas al tema agrario, con miles de salvadoreños que se dedicaban a la agricultura en tierras hondureñas.

En el caso de El Salvador, el problema político e ideológico era mayor que en Honduras y amenazaba los intereses de poder en ese país que, con una extensión de 21,000 kilómetros cuadrados, en 1969 ya era muy poblado, con más de tres millones de habitantes, a los que su gobierno no podía atender las demandas nacionales.

Torres considera que, al final, aunque ambos países perdieron mucho, el más perjudicado fue El Salvador, comenzando por la perspectiva comercial, ya que Honduras era su proveedor básico de materias primas en un mercado casi cautivo.

Los otros países de Centroamérica tampoco hicieron lo suficiente para evitar el enfrentamiento, a lo que sumaba el interés del entonces presidente de Nicaragua, Anastacio Somoza, quien según Torres, buscaba un conflicto entre hondureños y salvadoreños porque, política y comercialmente, le convenía.

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