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Internacional

Los huérfanos de la Yihad

Cerca de tres mil 704 menores de edad sobreviven en los campos de refugiados

AGENCIAS
MADRID, ESPAÑA, lunes 01 de julio 2019, actualizada 8:20 am

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Los combatientes del Estado Islámico (EI) que murieron en Siria e Irak dejaron tras de sí centenares de huérfanos que sobreviven precariamente en prisiones y campos de refugiados ante la desidia internacional. Entre ellos están los hijos de los yihadistas oriundos de Europa y otros países que decidieron incorporarse a la causa del extremismo islámico llevándose con ellos a los menores, que quedaron desamparados cuando sus padres cayeron en las trincheras.

No existe un cálculo exacto de cuántos niños con estas características permanecen en los campos de refugiados de Siria o Irak, pero el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización (ICSR) cifra en 3 mil 704 los menores nacidos en el extranjero que fueron llevados a diversos territorios del EI por sus padres o cuidadores, a los que habría que sumar los hijos nacidos posteriormente en la zona de conflicto.

Muchos de estos pequeños se han quedado huérfanos por partida doble, puesto que los países en los que nacieron o de los que eran oriundos sus progenitores se resisten a acogerlos, sobre todo por las dificultades que existen para acreditar su nacionalidad.

La ONG Save the Children apunta que la situación en los campamentos del norte de Siria es particularmente grave y enfatiza que muy pocos menores han sido repatriados a sus países de origen desde que los fundamentalistas islámicos comenzaron a replegarse en 2017.

Francia, Noruega, Holanda, Bélgica, Suecia, Alemania o Reino Unido, de los que eran originarios parte de los yihadistas extranjeros que sucumbieron en la guerra, se muestran reacios a recibir masivamente a los huérfanos, a pesar de que tendrían derecho a adquirir la nacionalidad de sus padres en el supuesto de que hubieran nacido en territorios controlados por el EI.

Desde edades tempranas, los menores habrían sido convenientemente adoctrinados por los fundamentalistas islámicos, tanto a nivel sicológico como militar, lo que representa un peligro potencial para cualquiera que los acoja, según advierten los países más reticentes. Sin embargo, las organizaciones humanitarias argumentan que es preferible asumir el "riesgo controlado" que supone el regreso de estos huérfanos, frente a la alternativa de que se consuman en prisión o desfallezcan en los campos de refugiados. Para Carlos Echeverría, especialista en terrorismo yihadista y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), el proceso de retorno de los menores a Europa es, en cualquiera de los casos, sumamente complejo.

AMBIENTE HOSTIL

"Es una cuestión humanitaria, pero también de seguridad porque su retorno representa no solo un desafío, sino una amenaza. Aunque a algunos les pueda chocar porque se trata de menores, no hay que olvidar que han nacido o crecido en un ambiente muy hostil en el que formaban parte del proyecto califal. Muchos de ellos desde los nueve años fueron adiestrados en la violencia, no solo psicológica, sino también física", señala el analista, responsable de la sección Observatorio del Islam en la revista War Heat Internacional.

El tema es complicado y tiene varias aristas morales y jurídicas, según el experto, porque se trata de un escenario repleto de violencia y caos en el que tampoco existen documentos para acreditar debidamente la nacionalidad de los menores y proceder a su inmediata repatriación. "Los retos son tremendos para cualquier Estado democrático, puesto que el retorno implica también que haya familias de acogida, escuelas, educadores sociales, psicólogos, entre otros servicios que se deben prestar a los menores", puntualiza el profesor universitario.

"La salida la vamos a ir viendo paso a paso, porque son los Estados los que tienen la competencia en materia de filiación, de nacionalidad y de seguridad interior. Están muy preocupados porque se les plantea algo a lo que no estaban acostumbrados. Va a llevar tiempo", concluye el académico de la UNED.

La presión terrorista está disminuyendo en Europa y buena parte del mundo occidental, pese al problema de los retornados (adultos y menores) que no ha supuesto la peligrosidad que se preveía, destaca el politólogo Ignacio Cembrero. "El Estado Islámico ha sido derrotado y, si algún día resurge algo parecido, es probable que rebrote la movilización y algunos de los que regresaron puedan retomar las armas, pero al día de hoy la inexistencia de un polo de atracción tan poderoso como el EI significa una bajada de la intensidad terrorista", agrega este experto en yihadismo, autor de varios libros sobre el Islam.

Mientras las naciones implicadas debaten qué hacer con los hijos de los extremistas islámicos que murieron en combate, los menores más afortunados están siendo entregados a cuentagotas a algunos de los países europeos de los que eran oriundos sus padres.

Apenas una treintena de huérfanos han sido repatriados recientemente por Francia, Alemania, Bélgica, Suecia y Reino Unido. Algo más generosa se ha mostrado Rusia, el país que después de Túnez tenía más connacionales en las filas del Estado Islámico, unos 4 mil según las autoridades de Moscú que, de forma pionera, han gestionado el retorno desde Siria e Irak de más de un centenar de menores en los últimos dos años, algunos de ellos acompañados de sus madres.

De cualquier modo, las cifras son insignificantes para la magnitud de la tragedia.

Frente a las trabas administrativas y las reservas de los gobiernos por repatriar a menores en su mayoría indocumentados y que suponen un riesgo potencial por su entrenamiento terrorista, destaca el arrojo de algunos familiares que están luchando para que los pequeños vuelvan a sus países de origen.

Sobre todo abuelos de muy distintas latitudes, que perdieron a sus hijos y que no se resignan a perder también a sus nietos. Algunos de ellos lo han conseguido tras continuados esfuerzos, como el chileno-sueco Patricio González que batalló durante cinco meses para rescatar a sus siete nietos, atrapados en un campo de refugiados de Siria después de perder a sus padres que militaban en las filas del EI.

González emigró en los años 80 a Suecia, donde contrajo nupcias con una oriunda. El matrimonio tuvo una hija, Amanda, que creció en el país nórdico y que a los 17 años se convirtió al islam para iniciar un proceso de radicalización que sus progenitores ignoraban. Tres años más tarde, Amanda conoció a su futuro marido, Michael Skramo, con el que se trasladó a Gotemburgo para formar su propia familia.

En 2014 Amanda avisó a sus padres que se iba de vacaciones a Turquía con su esposo y sus cuatro hijos con la intención velada de incorporarse al EI y asentarse con los suyos en territorios bajo control de los yihadistas, donde la pareja tendría otros tres niños.

Skramo, quien en los países nórdicos había trabajado en el reclutamiento de terroristas para el EI, murió en 2018 en una refriega contra militares sirios, y Amanda falleció el pasado mes de enero, fecha que marcó el inicio de la odisea del abuelo para recuperar a los siete huérfanos que habían ido a parar a un campo de refugiados.

Tras inacabables gestiones encaminadas a presionar al gobierno sueco para que actuara y un viaje al campamento sirio donde se encontraban los niños, enfermos y desnutridos, según su propio relato, Patricio consiguió en mayo pasado que las autoridades locales autorizaran el traslado de los menores a Irak para posteriormente viajar con él a Suecia, país que accedió a concederles la nacionalidad.

El desenlace de este episodio protagonizado por un abuelo con coraje es algo excepcional, frente al abandono en el que se encuentran centenares de huérfanos de milicianos del EI que a duras penas subsisten en los campos de refugiados.

Los menores fueron arrastrados por sus padres a una situación extrema, prolongando en otros países su condición de víctimas, lo que según las organizaciones humanitarias balconea todavía más a los gobiernos, sobre todo europeos, que tratan de evadir responsabilidades a la hora de proporcionar cobertura legal a los hijos de los yihadistas muertos en combate.

El Estado Islámico ha sido derrotado y, si algún día resurge algo parecido, es probable que rebrote la movilización y algunos de los que regresaron puedan retomar las armas”.— IGNACIO CEMBRERO, Politólogo

Rescatan a migrantes

Una barca de madera con 40 migrantes a bordo, incluidos cuatro bebés y tres mujeres embarazadas, fue rescatada hoy por una embarcación de la organización no gubernamental española Open Arms frente a las costas libias, en aguas internacionales del Mar Mediteráneo.

Open Arms informó este domingo en su cuenta de Twitter que los migrantes, quienes sufrían alto nivel de deshidratación después de tres días de travesía, serán llevados hasta el puerto italiano de Lampedusa.

“Les hemos atendido y activado a administraciones pertinentes para que se hicieran cargo. Ahora les escoltan hasta Lampedusa”, agregó Open Arms sin dar más detalles.

Lampedusa ha sido escenario en los últimos días de un episodio de tensión después de que la capitana del barco de rescate Sea Watch 3, Carola Rackete, fue detenida la víspera tras haber desembarcado en ese puerto italiano a 42 migrantes que había rescatado el 12 de junio en aguas cercanas a Libia.

La embarcación, de bandera holandesa, rescató a un total de 53 migrantes en aguas internacionales próximas a Libia y días después 11 personas fueron evacuadas pormotivos médicos tras una inspección sanitaria de la Guardia Costera italiana.

El rescate de este domingo por parte de Open Arms es el más reciente, pues la víspera un buque de la Policía Marítima de Portugal rescató 52 migrantes en aguas cercanas a la isla griega de Lesbos.

Según la Autoridad Marítima portuguesa, primero fue interceptada un barco con 13 migrantes –tres mujeres, un menor y nueve hombres- y poco después una segunda barca con otras 39 personas -22 menores, nueve mujeres y ocho hombres), todos de nacionalidad siria que fueron entregados a las autoridades griegas.

Portugal participa desde 2014 en la operación Poseidón de la agencia europea Frontex para apoyar a la Guardia Costera de Grecia y controlar y vigilar las fronteras marítimas griegas, rescatando hasta ahora más de cinco mil 300 personas.

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