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CULTURA

RODOLFO CERPA ROBLES / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, jueves 27 de junio 2019, actualizada 9:31 am


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En el año de 1987 en un partido por el campeonato de la Liga Americana entre los Tigres de Detroit y los Mellizos de Minnesota en el antiguo Tiger Stadium y si mi pobre memoria de teflón que tengo no me falla, el primera base del equipo local Darrell Evans que se encontraba en la esquina caliente para empatar el partido, fue sorprendido fuera de la almohadilla lo que cortó un probable rally para la escuadra de Michigan con una desilusión total para todos los aficionados por lo que, como buenos mexicanos que somos, pensé que, en la próxima ocasión que tomara turno al bate el exjugador de los Gigantes, toda la gente reunida en el parque, hasta le iban a decir de lo que se iba a morir pero cuál fue mi sorpresa que, cuando se paró en el pentágono, todos los fanáticos de pie, le dieron una sonora ovación como si hubiera pegado un cuadrangular con la casa llena y solo me quedé con la boca abierta no dando crédito a lo que estaba viendo.

Esto es lo que hace la diferencia de nuestra bendita cultura con la de otros países porque así se nos ha acostumbrado y con el paso del tiempo, han ocurrido otras situaciones similares que solo nos queda, bueno en lo personal, que se nos caiga la cara de vergüenza ya que, para que sigamos aprendiendo, ahora ocurrió la semana pasada en San Luis porque como todos sabemos, en el año del 2011 uno de los mejores peloteros latinos que han pisado los diamantes como lo es el dominicano Albert Pujols y que representaba prácticamente un símbolo en la franquicia de los Cardenales, firmó un contrato millonario con las organización de los Serafines en la Liga Americana lo que, en un momento dado, significaba un golpe en el alma de los aficionados del equipo de Missouri y que, si es que no existieran los bienvenidos juegos interligas, la única forma como el primera base del equipo de Brad Ausmus volviera a pisar el Busch Stadium, sería por medio de una Serie Mundial entre estos equipos.

Pero ahora con la logística en la forma como se realiza el calendario del beisbol de la gran carpa, el pasado viernes 21, el conjunto de California, se enfrentó en una serie de tres juegos en la casa de los Cardenales por lo que existía, una curiosidad de cómo los aficionados de San Luis, recibirían a quién tantas glorias les dio pero que, pensando en su futuro y en su familia, tuvo que emigrar de Missouri.

Y sucedió que desde el 28 de octubre de 2011, Albert Pujols no había vuelto al estadio donde ganó precisamente el “clásico de otoño” de hace 8 años y solo nos resta quitarnos la gorra de cómo fue recibido como un verdadero ídolo (Hagan de cuenta mis 5 lectores, me acordé de los absurdos aficionados que se hacían presentes en el viejo Estadio Corona cada vez que venía a jugar con Las Chivas Ramón Ramírez) y tengo que reconocer que, en su primer turno al bate y como a mí en lo personal el receptor de los Pájaros Rojos Yadier Molina se me hace muy payaso, mis respetos para el cátcher de los Cardenales ya que, ante un acto tan sublime que estaba pasando, solo se retiró del pentágono para darle rienda suelta a un momento tan conmovedor.

Y todavía para acabarla de amolar, el pasado sábado, el seguro miembro del salón de la fama, se enredó con la esférica para ponerla detrás del jardín izquierdo ya que, contra toda lógica, los aficionados locales festejaron el cuadrangular como si aún jugara para los Cardenales ¿No es esto cultura?

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