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Gómez Palacio y Lerdo

Democracia 'a mano alzada'

ENFOQUE

RAÚL MUÑOZ DE LEÓN
domingo 23 de junio 2019, actualizada 11:06 am


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En la Grecia antigua, Atenas fue cuna de la democracia. En el Ágora ateniense, plaza pública, se reunían los ciudadanos de la polis griega, que era ciudad -estado, para conocer y discutir los asuntos públicos. Por eso, la griega fue considerada como una democracia directa, en oposición a la representativa, que es indirecta, en la que el pueblo se expresa y ejerce sus derechos por medio de sus representantes.

El Ágora fue escenario de los debates políticos, con intervención de grandes y elocuentes tribunos. Demóstenes, quien era tartamudo de nacimiento, solía irse a las costas y colocar arenillas de la playa bajo su lengua; y gritar fuertemente para sofocar el estruendoso ruido que producían las olas del mar; así corrigió su defecto, y llegó a ser, él y Pericles, los dos más grandes oradores de la antigüedad; rivalizando, acaso, con Marco Tulio Cicerón, romano, que también fue un granorador.

En esta Plaza Publica se celebraban asambleas una vez al año, y en ellas opinaba la gente sobre diversos asuntos importantes, como la designación de magistrados y senadores; era también una especie de tribunal popular, pues se decidía sobre los acusados de realizar acciones con la intención de desestabilizar a la polis. Si al acusado o sospechoso lo hallaban culpable era sentenciado al destierro u "ostracismo". El voto lo emitían en un trozo de cerámica llamado "ostrak"; de aquí el término ostracismo; que era en realidad el exilio. Votaban sólo los varones mayores de 18 años; las mujeres y los esclavos no tenían este derecho.

Según opinión de ciertos analistas y politólogos, supuestamente el propósito del presidente de la República en los actos masivos que realiza, es emular esta práctica ateniense, poniendo a consideración de la muchedumbre, generalmente desinformada; aún más, someter a votación un proyecto, una obra, o un servicio, con lo cual él anticipadamente no está de acuerdo; muchedumbre, que se aglutina en el momento en que él hace uso de la palabra, para preguntarle, tendenciosamente; ¿verdad que no están de acuerdo con este programa...?; levanten la mano los que estén en contra de la obra propuesta...; para concluir con satisfacción: "No pasa el proyecto". Agregando: "la gente es la que decide, en mi gobierno no habrá imposición de nada" y la multitud amorfa, acarreada y pagada para tal efecto, le aplaude y echa porras.

Esta práctica, de manera sistemática y reiterada, la está llevando a cabo, en las diferentes giras que ha realizado en varias entidades, con el fin de anular, suspender o iniciar, según sea el caso, un proyecto, una obra o un servicio, creyendo que con ello imita a los griegos en sus reuniones agóricas.

Si tal es su intención, se equivoca. Pues las ciudades griegas y las romanas en aquella época, eran relativamente pequeñas, con escasa población y la gente que se reunía, en el Ágora, por ejemplo, eran apenas unos cientos; las asambleas duraban varias horas, y hasta días, y toda la gente podía opinar.

El domingo 16 del presente mes, el Presidente López Obrador visitó el municipio de Gómez Palacio, en el Estado de Durango, que junto con Lerdo, Tlahualilo y Mapimí , registra una población aproximada de un millón y medio de habitantes; con Torreón, Matamoros, San Pedro, Francisco I. Madero y Viesca, del Estado de Coahuila, integran la zona conurbada de la Comarca Lagunera.

En el acto organizado para informar a la población gomezpalatina sobre los avances de los programas de bienestar, éstos se le olvidaron y centró su intervención oratoria en el proyecto del Metrobús en la Laguna de Durango, obra muy avanzada en la parte lagunera de Coahuila. Sin ningún soporte técnico, López Obrador, tendenciosamente, pregunta a los asistentes: "¿Verdad que no hace falta el Metrobús en Gómez Palacio?". La asistencia minoritaria, respondió: ¡Nooo! Levanten la mano los que no están de acuerdo con el Metrobús para Gómez Palacio. Levantaron la mano... cuatro, cinco, seis mil...? El señor López Obrador concluyó: "No pasa". ¿Y los otros ciento veinte mil habitantes que no levantaron la mano, qué, señor Presidente?

O sea una minoría desinformada, con sólo levantar la mano, sin tener conocimientos técnicos ni lógicos del asunto, rechaza un proyecto, perjudicando de este modo a una gran mayoría de la población. Y el señor presidente de la República en eso se apoya para tomar una decisión, actitud y conducta con las que una vez más demuestra su desprecio por las formas y los procedimientos, pues si de una consulta popular se tratara, como él lo dijo, tendría que aplicarse entonces la Ley de Participación Social.

Ésta, que pudiera llamarse "Democracia s Mano Alzada", es una práctica que con el tiempo se le revertirá al presidente. Además, no hay congruencia en las decisiones presidenciales, pues en Gómez Palacio dijo "en mi gobierno no habrá imposiciones, la gente es la que manda", mientras que en el asunto del Tren Maya, en el sureste del país, los pobladores de Chiapas, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo a ese proyecto, se han manifestado abierta y claramente en contra de ese proyecto, y sin embargo, éste sigue adelante.

Este Enfoque no está a favor ni en contra del Metrobús para la Laguna de Durango, pues hay en ese proyecto intereses no muy claros; aunque la opinión generalizada de quienes conocen del tema, es en el sentido de que de llevarse a cabo mejoraría notablemente el servicio del transporte público, ya que de todos es conocido, dicen, las lamentables condiciones en que se presta el servicio público del transporte en la Laguna de Durango.

Lo que se trata es de decir que resulta incomprensible, y por lo tanto inaceptable, que el titular del Poder Ejecutivo Federal, esté tomando decisiones trascendentales en asuntos importantes para el país basándose, como si se tratáse de un juego infantil, ("a ver niños, dice el profesor, levante la mano el que no quiere clases mañana") en los "levantamamos" acarreados y pagados por el propio gobierno federal; actitudes y acciones confusas, caprichosas y prepotentes del Ejecutivo Federal, que dan como resultado la desesperanza e irritación de la ciudadanía.

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