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Nacional

Un testigo de los bombardeos sobre Barcelona

Un empresario lagunero, sobreviviente a la Guerra Civil Española con lúcidos recuerdos del conflicto narró sus vivencia en Barcelona

DOMINGO DERAS / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, domingo 23 de junio 2019, actualizada 9:48 am

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Mariano Cuerda Rodrigalvarez nació en Barcelona, España, el 23 de enero de 1927.

Hijo de Juan Cuerda Mateo y Adela Rodrigalvarez, ambos nativos de Castilla La Vieja emigrados a Cataluña, quienes lo engendraron a él y a su hermano Fernando. Su madre falleció cuando era un niño; tras ello, su padre contrajo segundas nupcias con Eusebia Sobrino, y de este matrimonio nacieron sus hermanos Gerardo y Pablo Cuerda Sobrino.

Tenía nueve años cuando estalló la Guerra Civil en España (1936-1939), sus recuerdos sobre este suceso son desgarradores y tristes, puesto que presenció los bombardeos de la aviación italiana sobre su ciudad natal, vio muertos, heridos, así como casas y edificios devastados.

En un ejercicio de memoria, comparte con los lectores de El Siglo de Torreón esas imágenes que como un destello brillante emergen de sus recuerdos.

LAS MACABRAS BOMBAS FASCISTAS

"Viví con angustia los bombardeos aéreos que realizó en 1938, sobre Barcelona la Aviación Legionaria Italiana de Benito Mussolini. Mi hermano Fernando y yo, éramos unos niños que pertenecíamos a la Defensa Pasiva que tenía como propósito abrir un refugio subterráneo en San Martín de Provensals, barrio cercano a la iglesia de la Sagrada de Familia que construyó el famoso arquitecto catalán Antonio Gaudí", relató.

Entrevistado en su casa de la colonia Los Ángeles, evocativo continuó: "Al sonar las sirenas que nos alertaban sobre el bombardeo de la fuerza aérea fascista, salíamos corriendo despavoridos de nuestra casa mis padres, mis hermanos y yo a los refugios subterráneos, junto con decenas de aterrorizadas familias. Fueron días de intenso pánico".

Comentó que Juan, su padre, trabajaba en la Compañía de Tranvías de Barcelona y continuamente se interrumpían las clases por las sangrientas refriegas entre franquistas y republicanos.

La institución donde estudió la secundaria se llamaba Escuela Nueva Unificada; adquirió este nombre porque los rusos dieron asesoría en materia educativa al régimen republicano, hubo reformas y una de ellas consistió en que las escuelas deberían de ser mixtas, ya no exclusivas para niños o niñas.

Mariano, a sus 92 años de edad, lúcido recuerda: "Al agudizarse la Guerra Civil, las autoridades locales acordaron con los padres de familia barceloneses en mandar a centenares de niños a la población de Campodrón, con el fin de salvaguardar nuestras vidas".

Dicha comunidad está ubicada en un municipio de Gerona y muy cercana a la frontera con Francia. "Íbamos a territorio francés en grupos, por la leche, sin presentar pasaporte alguno porque no se requería; los señalamientos limítrofes eran postes", detalló.

Narró que su casa paterna, en Barcelona, estaba sobre la calle Cuenca. Su padre perteneció a la Confederación Nacional de Trabajadores, era un organismo de filiación republicana, tiempo atrás había participado en la guerra de África en Marruecos donde combatió tres años durante el reinado de Alfonso XIII.

Cuerda Rodrigalvarez refirió que durante la época crítica de los bombardeos se acordó proteger a los niños catalanes llevándolos a Rusia o a México. "Nuestros padres se rehusaron a que nos enviaran a algunos de esos países, enérgicos respondieron que ellos no se separarían de ninguno de nosotros, sus hijos, pero sí aceptaron a que nos llevaran a Campodrón".

ESCASEABA LA COMIDA

"En aquellos aciagos días de la guerra mis papás salían al campo a buscar comida. En Barcelona era mucho muy difícil conseguir sobre todo carne. Yo me quedaba a cocinar puchero, a pesar de que era un niño me gustaba guisar, lo hice por años. Lo único que se podía conseguir eran avellanas y lentejas, había muchas y se podían obtener en el medio rural, los barceloneses salían a buscar a los "payeses" (hacendados), ellos vendían estos productos naturales y otros vegetales", recordó.

Refirió que las lentejas eran muy comunes en los días de la Guerra Civil, pues hasta las tropas combatientes las consumían diariamente; entre los relatos, tarareó una vieja canción de la época referida a estos granos y que cantaban los soldados: "Resistir, resistir, con un plato de lentejas y si no quieres las dejas".

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE LA GUERRA

Al llegar el año de 1939 la guerra la iba ganando el ejército de Francisco Franco.

Mariano vio pasar por las calles de Barcelona a infinidad de republicanos procedentes de varias provincias españolas que iban huyendo a su destierro en Francia, donde serían asilados temporalmente.

"Incontables familias republicanas marcharon desesperadas a territorio francés, huían de las tropas franquistas, fueron muy tristes escenas porque abandonaron sus hogares y la mayoría de sus pertenencias. Vi rostros de hombres, mujeres, niños y ancianos desesperados, tenían pavor de ser víctimas de la cruel represión que se desencadenó por toda España", dijo.

LA REPRESIÓN FRANQUISTA.

Concluida la Guerra Civil, llegarían los sangrientos días de la represión del franquismo sobre los indefensos republicanos, muchos de ellos fueron condenados al paredón. Mariano Cuerda Rodrigalvarez, hizo remembranzas de aquellos episodios de violenta venganza contra los perdedores:

"Durante aquellas trágicas noches y desde nuestro hogar se oían los fusilamientos en el área de la playa, como vivíamos en un tercer piso divisábamos el mar, en este sitio fueron ejecutados muchos republicanos por los franquistas. Mis padres, mis hermanos y yo oíamos impresionados las descargas de los rifles sobre las vidas de aquellos infelices, fueron inclementes baños de sangre".

Enfatizó que en 1939 -hace ochenta años- el entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río, en un gesto de sentimiento humanitario giró instrucciones a la embajada mexicana en París, para brindar apoyo a los infortunados republicanos desterrados a los que se dio asilo en suelo azteca. El viaje lo realizaron por barcos.

LOS ADOLESCENTES NAZIS REFUGIADOS EN CATALUÑA

Memorizó que cuando Francia fue recuperada por las fuerzas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944, muchos soldados nazis que invadieron aquella nación salieron huyendo hacia España, tenían miedo de ser apresados por las tropas estadounidenses; la mayoría se refugió en Cataluña.

"Están vivas en mi memoria las imágenes de muchos de aquellos soldados del ejército de Adolf Hitler, eran adolescentes, casi unos niños, desesperados pedían protección en las casas de los habitantes de Barcelona. Constaté la compasión que les tuvieron las familias catalanas que los asilaron en sus hogares. Nunca podré olvidar sus angustiadas caras, imagino que durante los días de la posguerra, pudieron regresar con sus familias en Alemania.

LA LLEGADA A MÉXICO

Ángel Sobrino, hermano de su madrastra Eusebia, era republicano y fijó su residencia en Torreón. Gracias a él la familia Cuerda realizó su viaje a México en 1952, Mariano ya estaba casado con su esposa Asunción, su hija Adela, la mayor, había nacido en España. Todos sus demás hijos nacieron en México.

Los hermanos Cuerda Rodrigalvarez habían estudiado en Barcelona en una escuela técnica industrial. A base de esfuerzos instalaron un taller en la vecina población de Matamoros, Coahuila. La negociación creció, adquirió el perfil de una sociedad fabril que llevó el nombre de Industrial Lagunera y se mudó a Torreón, sus instalaciones se encontraban en el Bulevar Revolución donde hoy está ubicado Hipermart Oriente

En esta fábrica se fabricaron tornos, bombas para pozo profundo y matricería. Fueron un gran apoyo para Mariano sus hermanos Fernando y Gerardo. Fernando era especialista en la fabricación de moldes para hule.

También se elaboraron refacciones automotrices, cepillos de codo, cajas de velocidades y válvulas hidráulicas con normas internacionales. Algunas de estas piezas se exportaron con éxito a Venezuela, donde Cuerda Rodrigalvarez fue invitado a establecer una fábrica como la que tuvo en Torreón. Fundó las negociaciones Hercusa e Industria Mecánica Auxiliar, esta última tiempo después pasó a ser propiedad de su hermano Gerardo.

Mariano, comentó: "A mi empresa Industrial Lagunera iban muchos alumnos en plan de estudios, sobre todo provenientes del entonces Instituto Tecnológico Regional de La Laguna, mi fábrica fue llamada por ellos "la escuelita". Fui socio de la Cámara Nacional de la Industrial de la Transformación y socio fundador del Club de Industriales de la Laguna".

Y concluyó: "Cuando llegué a México me llamaba mucho la atención fijar mi residencia en la ciudad de Monterrey, su gran fama de centro industrial me atraía, pero finalmente decidí vivir en la Comarca Lagunera. Esta tierra lagunera fue generosa conmigo, me realicé como empresario industrial y aquí crecieron mis siete hijos; tengo 18 nietos y 26 bisnietos. Estoy muy agradecido con Torreón".

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