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Columnas Social

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MTRO. FRANCISCO PINEDA
jueves 13 de junio 2019, actualizada 4:37 pm


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EL BUEN JUICIO Y LA TOMA DE DECISIONESEL BUEN JUICIO Y LA TOMA DE DECISIONES

El uso de un juicio sólido y efectivo es muy importante en diferentes áreas de la vida diaria, por ejemplo, en nuestras relaciones interpersonales, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestra salud, etc. La importancia de esta habilidad es que nos permite ver el mundo con un lente analítico que ayuda a la toma de buenas decisiones.

Un buen juicio consiste de una opinión que está basada en ideas o pensamientos procesados cuidadosamente. Ejercemos un buen juicio cuando juzgamos a alguien o alguna circunstancia de forma objetiva, ética y legal, y la aplicamos en la toma de decisiones de acuerdo a un contexto y expectativas sociales normales. Es una función mental que desarrolla la habilidad de distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo, y está ligado a la madurez emocional de una persona, específicamente con las virtudes de ser prudente, sensato y racional. Cuando expresamos un buen juicio, normalmente opinamos sobre algo o alguien, y generalmente esta opinión es aceptada positivamente o sin problemas. Antes de dar una opinión, tenemos la opción de pensar en nuestras respuestas a determinada situación, y después de un momento, podemos analizar las respuestas elegidas y las posibles consecuencias de nuestras acciones.

Un buen juicio es una habilidad mental adquirida a través de conocimientos y experiencias asimiladas durante un desarrollo intelectual y emocional normal, los cuales son adquiridos por medio de educación y experiencias personales desde edad temprana. Con el tiempo, este conocimiento y experiencia se transforman en parte integral de la personalidad y carácter, y se manifiesta cuando tomamos decisiones. Por ejemplo, en el proceso de comprar un producto en una tienda, muchas veces tomamos un tiempo razonable para analizar antes de decidir la compra. O en el caso de decidir por una pareja para una relación interpersonal, exploramos sobre la persona, o quizás pedimos consejo antes de la decisión.

Existen también casos de personas quienes, por razones de su carácter o temperamento, o naturaleza de su trabajo, toman decisiones impulsivas, las cuales pueden tener resultados prácticos, pero también resultados negativos o no productivos. Igualmente, hay individuos que se toman más del tiempo necesario para una decisión, ocasionando retrasos o pérdida de oportunidades. Entre mayor sea la información adquirida a través de la adquisición de conocimientos y experiencias, mejores las posibilidades de una buena capacidad de juicio. Por conocimientos me refiero no solamente a lo logrado en el salón de clases, sino también a aquella información autodidacta y práctica, y la obtenida a través de experiencias de vida de una persona.

Existe la idea popular de que una inteligencia superior o talentos extraordinarios, un conocimiento académico elevado, o tener cierta profesión universitaria, es equivalente al éxito automático en la vida, pero no siempre es así. En mi experiencia en el campo penitenciario como clínico en unidades psiquiátricas y como director de prisiones, observé que había internos con una capacidad de inteligencia superior y con educación y talentos especiales, por ejemplo, médicos, abogados, ingenieros, artistas, políticos, etc., pero con una capacidad de juicio limitada o problemática. Una capacidad alta de inteligencia de acuerdo a exámenes psicométricos, y una formación académica sobresaliente, no siempre son indicadores para la adquisición de una capacidad de juicio efectiva y éxito a nivel personal y/o profesional.

No hay duda que muchos presentan mejor capacidad de juicio que otros. En la vida real, todos cometemos errores, unos mas serios que otros. De vez en cuando vemos gente buena y con capacidades extraordinarias de inteligencia quienes fracasan en sus carreras debido a la falta de un buen juicio en decisiones importantes, por ejemplo, en los negocios, en el matrimonio, estilo de vida, etc. Uno no nace con un buen juicio automáticamente, ni existen fórmulas para lograrlo. Sin embargo, podemos minimizar problemas de juicio si nos creamos una idea de dirección en la vida, procuramos información diversa y confiable y seguimos consejos de gente competente y madura. La mayoría de las veces confiar en noticias falsas, asociarse con gente negativa, o decidir compulsivamente, no es productivo. Generalmente, los errores nos dan pautas para hacernos mas expertos, lo que ayuda a reducir las probabilidades de repetir los mismos errores.

Un buen juicio está directamente relacionado a la prudencia, elemento esencial en el proceso de tomar decisiones, particularmente si el protagonista está en posición de liderazgo como el ejecutivo de una compañía, o el presidente de una república, debido al impacto de sus conductas en otros. Un buen juicio facilita una calidad de vida aceptable. Gracias por su interés en esta columna.

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