20 de junio de 2019 notifications
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Entrar al Gota de Uva es un viaje en el tiempo, a un Torreón más sencillo, donde la botana dejaba de ser un momento de convivencia entre amigos para convertirse en una experiencia de vida entre padres e hijos, abuelos y nietos, generaciones que se encargaron de pasar la tradición a sus descendientes.

"No tenemos sucursales, somos únicos en la República Mexicana", dice la placa que se localiza sobre la barra del lugar, en la que se indica que fue fundado en 1930. Torreón entonces tendría apenas 23 años de haber sido elevada al rango de ciudad.

Entre los clientes, hay adultos mayores que aseguran tener más de 50 años acudiendo al Gota de Uva, cada tres días o cada semana visitan el bar y piden una copa. Hoy se mezclan con jóvenes veinteañeros que han escuchado del lugar por sus abuelos o sus padres, y quienes requieren de otros servicios como el internet gratuito o pantallas para eventos deportivos, por lo que el sitio ha buscado ir adaptándose a estas necesidades.

Actualmente ya no opera con el giro de cantina, sino que desde hace 10 años es restaurante bar, lo que le ha permitido el ingreso de mujeres al área principal, además de que puede abrir los domingos, sirviendo bebidas alcohólicas en el consumo de alimentos, con su tradicional botana, que cambia de acuerdo al día de la semana: caldo de res, chamorro al adobo, tostadas de mariscos, caldo de camarón, espinazo y pollo al achiote.

El Gota de Uva era sitio obligado para los artistas que presentaban su show en Torreón y saliendo del concierto buscaban seguir el festejo en la vida nocturna de la ciudad. Los meseros recuerdan a clientes como Juan Gabriel, Pablo Montero, Aracely Arámbula, entre otros.

LEGADO FAMILIAR

El actual propietario, Víctor Manuel Pérez Sánchez, lleva 20 años con el negocio. Lo compró a la tercera generación de la familia fundadora, que decidió dejar el legado de su padre y abuelo para continuar con su desarrollo como profesionista.

Para don Víctor fue una oportunidad de oro, porque él había sido cliente asiduo del lugar desde hace varias décadas, cada que visitaba la ciudad, por lo que fue el pretexto perfecto para quedarse a vivir aquí.

"El bar está próximo a cumplir 90 años, es un bar tradicional, de los más antiguos, era sede de los mariachis, lugar de reunión de los tríos, de los duetos, de los cuartetos, solistas, la música norteña, todavía se juntan aquí, para la gente que quiera llevar", comenta.

Recuerda que la inseguridad de hace ocho años y algunos temas sindicales ocasionaron que los grupos abandonaran el Poniente de la ciudad y se movieran a ofrecer sus servicios en el crucero de Cuatro Caminos, donde permanecen hasta la fecha. Sin embargo, nunca falta el mariachi que aún regresa al Gota de Uva para poner el ambiente entre los asistentes.

"Cuando la gente necesita una serenata, un gallo, el teléfono es totalmente tradicional, no se ha cambiado, nosotros de aquí hacemos el llamado a los músicos para que se cumpla esa contratación, no se ha perdido esta tradición, sí ha bajado pero no ha desaparecido", dice.

El actual administrador, Javier Eduardo Pérez Ovalle, es el hijo menor de don Víctor y desde los cuatro años creció en el ambiente de la cantina, desde el reservado familiar, pues de niño no le permitían el acceso al bar principal. Dice que siempre se sintió fascinado por la música de los mariachis y se siente orgulloso de continuar hoy con el legado de su padre.

"Es un orgullo ser parte de la historia de este bar, los laguneros ubican bien al Gota de Uva, los clientes siempre nos están contando historias, es muy padre, va para 90 años y que no se quede, que sean más", dice.

Don Víctor dice que recientemente se hizo una encuesta entre los comercios y la cantina quedó en tercer lugar de los mejores alimentos y botanas de La Laguna, mientras que en otra se reveló que 8 de cada 10 laguneros conocen el Gota de Uva.

"El Gota de Uva, además, es paño de lágrimas en La Laguna", dice, pues indica que muchos parroquianos aquí externan sus sentimientos, recuerdan a familiares que ya no están, o incluso llaman a seres queridos que están de inmigrantes en Estados Unidos y lloran. Esta semana concluyó también el rodaje del cortometraje El Gallo, de realizadores laguneros, que está disponible en internet.

89

AÑOS

tiene la cantina Gota de Uva, que está ubicada en el Poniente de Torreón.

TRADICIÓN LAGUNERA

Del lugar que se construyó hace 89 años, en las calles Matamoros y Múzquiz, se conservan aspectos de la fachada, la barra y la contrabarra. También hay algunos carteles y pósters que fueron parte de lo que recibió la actual administración, como el de una joven desnuda tamaño natural, que se pierde entre los cuadros de Los Beatles, Scarface, El Che, Tin Tan.

Cuando los mariachis no están tocando, la rockola hace lo suyo. El enorme aparato tiene 20 años y sigue funcionando a la perfección. En el exterior se colocaron bancas para que los mariachis puedan descansar mientras esperan a sus clientes, pero no descartan que aquí se podría servir al público si obtienen un permiso para ello de parte de las autoridades.

Don Víctor dice que su personal está preparado para atender a la clientela, pero si el cantinero un día falta, él entra a la barra, de igual forma es en la cocina y el aseo, porque "el cliente no tiene la culpa de que fulanito o manganita se enfermen, hay que darles el servicio y como se merecen, limpio y con buena atención".

Contrario a lo que podría creerse, aclara que el cliente del Gota de Uva es muy exigente y, aunque estima que hay un 2 o 3 por ciento a los que no les importa, la gran mayoría demanda un buen servicio, pues son muy cuidadosos de lo que pagan.

"La clave ha sido perseverar, hay días buenos y hay días malísimos, cuando se nos vino la inseguridad encima ya no cerrábamos a la 1, nos íbamos a las 10, 11, a veces perdimos, la verdad es que los bares no son un gran negocio, muchas veces uno sale tablas pero seguimos perseverando", dice.

El propietario dice que hace ocho años quisieron guardar la tradición "a golpes y porrazos", mientras la inseguridad azotaba a la región y el poniente se vació por completo. Hoy señala que esa convicción le permitió mantener un pedacito de la identidad de Torreón.

Con las obras del Metrobús, durante casi dos años tuvieron problemas con el acceso, porque hubo excavaciones y los parroquianos no podían estacionarse cerca, por lo que fueron tiempos muy complicados para el negocio.

"Lo que sí nos salvaba era que los mismos trabajadores de la construcción terminaban su labor y aquí se quedaban un ratito, no teníamos otros clientes más que ellos", comenta jocoso don Víctor.

Considera que, ya terminada la obra, será momento de dar una "manita de gato" al bar para que luzca mejor, guardando los aspectos tradicionales, a fin de atraer a una mayor clientela, darlo a conocer en las redes sociales, acceder a las nuevas generaciones y sobre todo, invitar a los jóvenes a que construyan sus propias historias con sus familias y amigos.

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