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Internacional

AMLO, tan lejos y tan cerca de América Latina

López Obrador no ha tomado una postura clara con relación a los principales conflictos en Latinoamérica

AGENCIAS
SAN JOSÉ, COSTA RICA, martes 04 de junio 2019, actualizada 8:46 am

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Solo un mes y tres días después de haber asumido la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador cumplió con su promesa: apegarse con rigurosidad a los principios constitucionales de no intervención en los asuntos internos de otros estados y de libre autodeterminación de los pueblos.

En una histórica y polémica acción que adoptó el 4 de enero pasado en Perú, México se separó del Grupo de Lima —foro hemisférico de consulta sobre Venezuela del que fue fundador en agosto de 2017— y se negó a desconocer al cuestionado presidente venezolano, Nicolás Maduro.

La decisión de ese día reafirmó la ruta de México.

Tras seis meses del nuevo gobierno, el país pareció convertirse en un jugador alejado y distante, a veces aislado y a ratos sin protagonismo, frente a la mayoría de América Latina y el Caribe ante las profundas crisis políticas e institucionales en Venezuela, pero con posiciones divergentes sobre el conflicto que estremece a Nicaragua desde abril de 2018 y con una renovada lealtad a Cuba.

Las posiciones de México “son muy válidas”, dijo el venezolano Rafael Ramírez, exjerarca de Petróleos de Venezuela, excanciller y exembajador de Maduro en la Organización de las Naciones Unidas.

Ramírez vive exiliado en Europa porque Maduro le acusó en 2017 de corrupción.

México “puede jugar un rol muy importante como interlocutor por la paz de la región. El que toma medidas a favor de un bando o de otro, sencillamente se inhabilita como interlocutor para lo que debe ser una transición en paz hacia una oportunidad distinta”, declaró.

La venezolana María Corina Machado, principal dirigente opositora en Venezuela, advirtió a este diario que “sólo el pueblo mexicano” puede lograr que el Gobierno de López Obrador cambie su apego estricto a la doctrina Estrada, que desde 1930 rige la política exterior mexicana con sus principios constitucionales.

“Los únicos que van a lograr cambiar esa posición del Gobierno federal son los mexicanos, que se ven en el espejo, en la cara y en el dolor de una nación destruida y devastada, como es Venezuela. Nosotros hace 20 años decíamos que esto [la aguda crisis socioeconómica y política] no nos iba a pasar, pero miren lo que es la Venezuela de hoy”, dijo.

En el caso venezolano el opositor Juan Guaidó fue reconocido como presidente interino a partir del pasado 23 de enero por EUA, Canadá, Costa Rica, Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Haití y Bahamas.

Guyana y Santa Lucía se unieron el 4 de enero al Grupo de Lima y desconocieron a Maduro, aunque todavía sin reconocer a Guaidó. Jamaica sigue sin reconocer a Guaidó, pero se distanció de Maduro.

Las cuentas en América suman 19 que desconocieron a Maduro como gobernante.

Son 13 —entre los que está México— que lo reconocen, aunque con mayoría del mundo caribeño anglosajón y de limitada influencia continental.

López Obrador está en proceso de consolidar sus lazos con el gobierno comunista de Cuba. En este contexto, y en un guiño a la oposición nicaragüense con un hecho sin precedentes en casi seis meses de gestión López Obrador, la política exterior mexicana se apartó de la doctrina Estrada y el 21 de mayo anterior votó en la OEA a favor de una resolución que instó al Gobierno nicaragüense a liberar a los prisioneros políticos y a respetar los derechos humanos.

Más allá de la crisis venezolana, México buscó un acercamiento con Guatemala, El Salvador y Honduras, que forman el Triángulo Norte de Centroamérica y son la fuente principal de la masiva migración irregular a EUA. López Obrador promueve un multimillonario plan de desarrollo socioeconómico para esas tres naciones y el sur de México que persigue atacar las causas de la migración masiva a Estados Unidos.

México y Europa, no es su mejor momento

La política exterior de México hacia Europa ha menguado significativamente desde la llegada al poder del presidente Andrés Manuel López Obrador. En los últimos seis meses, las relaciones con Europa han estado marcadas por el escaso interés del Jefe del Ejecutivo mexicano, quien ha orientado la mayor parte de sus energías a encarar las problemáticas que afectan directamente al país en detrimento de otras realidades internacionales.

A pesar de las fuertes inversiones de las grandes empresas europeas y de la negociación de un nuevo tratado de cooperación integral entre México y Bruselas, que se halla en fase de revisión jurídica, López Obrador ha mantenido en el primer semestre de su administración un perfil hermético en sus relaciones con el Viejo Continente. Antes de asumir la presidencia, López Obradormostró cierto interés por el Vaticano y por sus pares de Reino Unido (James Corbyn) y Francia (Jean-Luc Melenchon).

Del secretario de Relaciones Exteriores (SRE), Marcelo Ebrard, cabría esperar una actitud más europeísta, pero la autonomía de la Cancilleríamexicana se halla restringida por el sello personalista que el presidente está imprimiendo a su mandato, lo que explica que el país no se haya hecho visible aún en las instituciones europeas.

La relación con Europa no solo atraviesa por momentos bajos, sino que en algunos aspectos ha empeorado, como sucedió en marzo pasado cuando trascendió la carta que López Obrador envió al rey de España Felipe VI, exigiéndole que su nación se disculpara por los agravios en la Conquista.

Un gesto que fue calificado por los expertos de enorme falta de tacto diplomático, y que provocó la enérgica respuesta del Gobierno de Madrid, el cual tachó de improcedente la demanda del político mexicano tras considerar que no se podían juzgar los hechos del pasado con los parámetros actuales.

El incidente generó también malestar en el presidente Pedro Sánchez, quien en entrevista lamentó que López Obrador hubiera hecho pública la carta al rey, saltándose el protocolo que todos los mandatarios deben seguir.

El desencuentro fue algo inédito en la historia de las relaciones entre México y España que, con pasadas administraciones, se venían fortaleciendo de manera constante desde la reanudación de la actividad diplomática entre los dos países en 1977.

El jefe del Ejecutivo no se retractó e insistió en que el monarca español debía ofrecer disculpas por la Conquista, luego de negar que desde la Presidencia se hubiera publicitado la carta confidencial, pero España se resistió a ofrecer perdón.

Con su reclamo, López Obrador generó una disputa innecesaria y opacó el gesto de buena voluntad que tuvo semanas antes con la visita a México de Sánchez, el primer mandatario extranjero en ser recibido durante su administración.

México también marcó distancias con Europa a propósito de la crisis en Venezuela. Mientras el bloque europeo reconocía al opositor Juan Guaidó como mandatario encargado, después de que el presidente Nicolás Maduro rechazara la celebración de elecciones democráticas, López Obrador reivindicaba la neutralidad de México y apostaba por el diálogo entre las partes, alineándose con la minoría latinoamericana.

El presidente del Gobierno español trató en vano durante su visita a México el pasado enero de convencer a López Obrador para que se incorporara a la posición europea respecto a Venezuela, lo que ilustra la falta de sintonía entre el mandatario mexicano y Bruselas sobre el modo de abordar ciertos acontecimientos internacionales.

De este modo, la política de no interferencia aplicada por el Gobierno dificulta que México pueda actuar de manera sincronizada con Europa en algunos foros internacionales, ello distancia a las dos partes en escenarios relevantes.

López Obrador parece estar enfrascado en la solución de los graves problemas que enfrenta México, mientras Europa se mantiene a la expectativa y observa con inquietud la suspensión de grandes proyectos de infraestructura que ya estaban previamente acordados, lo que crea incertidumbre jurídica y tiene un efecto negativo en los planes de inversión de las multinacionales europeas.

El alejamiento de Bruselas por parte de Andrés Manuel López Obrador puede provocar que las relaciones políticas y comerciales entre México y Europa avancen a un ritmo mucho más lento del que se ha registrado hasta ahora.

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