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Torreón

'Lo único que queremos es una mejor vida'

Un grupo de migrantes se encuentra en la iglesia de Santa Cecilia en la colonia Las Julietas

MARY VÁZQUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, lunes 27 de mayo 2019, actualizada 7:36 am

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Hace unos días un grupo de migrantes hondureños arribaron a Torreón, pues eran parte de la caravana que se encuentra "atorada" en Chiapas, en espera de documentos que les permita transitar sin problema por el país, para llegar a la frontera con Estados Unidos.

Luego de tres meses de espera en la estación migratoria y al no conseguir los documentos, decidieron "jugársela" y emprender el viaje en el tren. Son siete familias las que encontraron refugio en la Iglesia de Santa Cecilia, en la colonia Las Julietas.

"Miriam" viaja con su esposo y dos hijos, de 3 y 6 años y dice que permaneció tres meses en la estación migratoria, pero ahí pasaron lo inimaginable, pues había otros migrantes que tenían más tiempo que ellos, sin conseguir los documentos y en una ocasión hubo una redada y observaron cómo "agarraban" a las personas y las aventaban a las camionetas, sin importar incluso que fueran niños, ahí se dieron cuenta que corrían el riesgo de ser deportados a sus países. Ahí se conocieron las familias y decidieron acompañarse, viajar en grupo por seguridad y "acompañados de Dios y sin papeles" poder llegar a la frontera.

Reconocen que no tiene familia en Estados Unidos, pero sí conocidos con quienes pueden llegar y afirman que todo el sufrimiento que han pasado valdrá la pena, una vez que logren cruzar.

"Miriam" confiesa que con todas las dificultades que han pasado, ha habido momentos en los que siente no tener fuerza y ha pensado en regresar a su tierra, pero dice que allá no tiene nada, pues para emprender el viaje se deshicieron de todos sus bienes, reunieron el dinero y emprendieron el viaje a México a obtener documentos para llegar "sin problema" al norte, pero lamentablemente no se pudo y "no hay más hay que avanzar, como sea".

"Ha habido gente que nos trata muy bien, pero también muy mal porque hay gente que viene en la caravana y es delincuente, pero también venimos familias que lo único que queremos es una mejor vida, no todos somos iguales, nosotros no podemos venir a este país a causar daño, traemos niños".

"María" es otra mujer que viaja con sus tres hijos y con su esposo y coincide con "Miriam" en cuanto a que en Honduras no "hay vida", hay mucha pobreza y además a los jóvenes se les obliga a formar parte de las pandillas, si no aceptan pierden la vida.

"María" dice que tienen 24 años, estudió enfermería, pero en su país le edad productiva es de los 25 a los 35 años. En su campo profesional para conseguir empleo hay que tener familia o conocidos que trabajan en hospitales y la recomienden, después de los 35 años se les considera personas "desechables".

"Miriam" tiene 30 años y estudió una carrera técnica en administración, tampoco encontró empleo y decidió emprender un negocio de comida, pero tenía que pagar "derecho de piso" a las pandillas y al final prácticamente trabajaba para pagarles, por lo que optó por cerrar.

El camino ha sido muy complicado y muy cansado, aguantar tantos días sin comer, expuestos a las inclemencias del tiempo y a los peligros, pues en el trayecto se han enterado de historias de horror, por las que han pasado sus paisanos, pero afirman que todo valdrá la pena si logran cruzar.

Hasta ahora dicen que Dios los ha acompañado en el camino, no han encontrado a "gente mala", pues como un mecanismo de seguridad si observan que los trenes van muy llenos y con gente "rara" prefieren esperar días, hasta sentirse seguros y continuar el viaje.

No se sabe cuánto tiempo permanecerán en la Iglesia, pues según se comenta entre los migrantes, para abordar el tren que los lleve a Monterrey deben pagar 200 pesos cada uno y dicen que deben reunir esa cantidad.

Las personas que colaboran en la Iglesia afirman que los apoyarán el tiempo necesario, por lo que piden el apoyo de la ciudadanía para que donen alimentos, ropa, calzado cómodo y mochilas. Pueden comunicarse a los teléfonos celulares 8711-55-21-14 con el padre Antonio Mata o al 8711-81-43-65 con Irma Valles.

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