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Gómez Palacio y Lerdo

El desarrollo de la Hacienda Jesús Nazareno (Cuarta parte)

Crónica Lerdense

JOSÉ JESÚS VARGAS GARZA (CRONISTA OFICIAL DE LERDO, DURANGO)
domingo 19 de mayo 2019, actualizada 11:33 am

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Como era costumbre en aquellos tiempos los colonizadores de la Región Lagunera al ser propietario de las tierras y una vez que las abrían al cultivo, construían presas en los ríos y los canales de riego; así mismo el casco o casa grande de la Hacienda. En tal sentido Amador Cárdenas Ramón edificó la correspondiente en la Hacienda de Jesús Nazareno terminándola en 1905. Su base arquitectónica estaba conformada: 13 cuartos, un zaguán, patio central con corredores techados, muros de adobe de tierra; techos de rajas y vigas de madera. Además, ostentaba un vistoso divisador abarcando dos pisos. En la fachada principal existía un portón que tenía una placa empotrada en la parte superior con la inscripción hacienda Nazareno y a sus lados capullos de algodón y racimos de uvas. Así mimo contaba con su bodega para almacenar algodón, maíz, frijol, trigo y toda la producción de la hacienda, incluyendo una huerta. Un corralón grande para los animales de tiro y despepite del algodón.

En las instalaciones del despepite existía un riel doble como vías para un trenecito en forma de remolque: en el cargaban los costales de trigo o pacas de algodón para trasladarlas de las bodegas hasta la estación del ferrocarril, era de tracción animal o a veces la misma gente lo puchaba. Así mismo se construyó el Rebote para jugar al frontón como deporte, lugar de esparcimiento y recreación de los trabajadores de la hacienda. A principios del siglo XX Cárdenas explotó el tubérculo del agave de lechuguilla, así mismo la penca de esta misma se le extraía la fibra de ixtle, con la cual fabricaba reatas, costales, mantas y lomeras; productos que utilizaba en las actividades de sus ranchos algodoneros. Otra planta que logra explotar fue la del guayule, produciendo el caucho, esta especie se desarrolló a partir de que surgió la industria automotriz y la fabricación de calzado. Alemania era uno de los países que se interesaba por el hule para la fabricación de llantas; pero a partir de que el gobierno fijó aranceles altos a la exportación, fue entonces que las compañías establecieron las fábricas en la región lagunera.

En sus inicios de la hacienda de Jesús Nazareno a parte de la casa grande, había una cuadrilla de casas que habitaban alrededor de 20 familias, con un número de 80 habitantes. En este sistema de trabajo el patrón tenía una distinción entre los peones acomodados o acasillados, como se les solía llamar; eran a quienes los propietarios habían anticipado ciertas sumas de dinero y habitaban en el interior de la hacienda, estos jornaleros devengaban un salario de 6 a 7 pesos al mes, con treinta días laborales; además tenían una ración semanal de 2 almudes de maíz, aproximadamente 15 litros. Encontrándose la hacienda en un estado de plenitud máxima que poseía el rico terrateniente Amador Cárdenas Ramón, había conseguido a través de la explotación de los diferentes cultivos, la minería y el guayule, gracias a su espíritu de lucha y de trabajo.

A pesar de la inteligencia y los esfuerzos para administrar sus negocios, Amador Cárdenas de pronto decayó su actividad, pues el hacendado empieza a sufrir los estragos de la salud y los años de edad, y sobre todo los daños sufridos por el movimiento revolucionario de 1910, elementos que provocaron que la bonanza empezara a extinguirse, no teniendo otro remedio que trasladarse a radicar a la Cd. de México. Las atenciones de sus enfermedades fueron tratadas por doctores especialistas y con muchos conocimientos de la ciencia, pero todo fue en vano pues el 8 de febrero de 1912, falleció el rico terrateniente en la Capital de la República.

A la muerte de Amador Cárdenas, poseía innumerables bienes: como, casas, terrenos, dinero efectivo, alhajas, minas, ahorros en Bancos, acciones mineras y en la Jabonera de La Laguna Haciendas. Las haciendas: La Flor de Jimulco, Sombreretillo y anexas, con valor de 170,500 pesos. Además, la de Jesús Nazareno, valuada en 165,400 pesos. Todos esos bienes, de acuerdo con testamento los repartió entre sus herederos: a su esposa María del Refugio Breceda de 63 años y a sus hijos, Amador, Juan Eugenio de 35, María del Refugio 43, María Guadalupe, Carlos 30, Antonio de 25, María del Carmen de 22 y María de 24. Nombrando en su testamento como albacea a su hijo Juan Eugenio, al cual consideraba como un buen hijo e inteligente.

Los ricos herederos con el fin de cumplir el requisito que dejó establecido su padre, como fue la no separación de los bienes; constituyeron el 23 de agosto de 1912, una empresa denominándola Jimulco y Anexas, S. A. la cual inició con un capital de un millón 441 mil 400 pesos, valiendo 100 pesos cada acción. Los socios fueron María del Refugio Breceda con 7,210 acciones; María del Refugio, María del Carmen, Guadalupe, Juan Eugenio y Carlos con 1,029 acciones cada uno; Antonio con 1060 y el licenciado Manuel Escalante, quien fungía como albacea de la menor María con 999 acciones. En total sumaron 14 mil 414 acciones.

En estos lugares tan alejados de la cabecera de Cd. Lerdo, como fueron el valle de Nazareno, Picardías y en el cañón de Jimulco, sus habitantes no se quedaron atrás en los tiempos de la Revolución de 1910, que había convocado don Francisco I., Madero, en la cual instó a los mexicanos a que se levantaran en armas en contra el régimen dictatorial de Porfirio Díaz. Estos ocurrieron en los siguientes meses en la región, aunque eran asentamientos humanos con poca población, los ciudadanos rurales fueron testigos y algunos intervinieron en el movimiento revolucionario. Dándose el 27 de febrero de 1911, dos meses después del llamado al levantamiento de armas; un grupo valiente como de aproximadamente 300 hombres habían sido reclutados por Miguel Hernández y su hijo Zeferino, distinguiéndose como difusores de las ideas anti reeleccionistas de Madero en la hacienda de Picardías y rancherías cercanas.

Estos valientes lerdenses tomaron las estaciones del ferrocarril en Jimulco y Picardías, donde se destruyeron puentes y volaron máquinas del tren. De inmediato hubo respuesta contra los maderistas desde la ciudad de México, ordenándole al coronel federal Prisciliano Cortez, jefe del XI regimiento en Durango para que persiguiera a los gavilleros revoltosos. Estas fuerzas de Picardías, participaron en el ataque sobre la ciudad de Torreón que sucedió el 15 de mayo de 1911, bajo la dirección de los jefes maderistas de Emilio Madero, Orestes Pereyra, Gregorio García, Jesus Agustín Castro y Sixto Ugalde, además Benjamín Argumedo. Benjamín Argumedo el León de Laguna, para el 5 de febrero de 1912 se había inclinado por la rebeldía contra Francisco I., Madero una vez que ha tomado el poder. Argumedo se une a Pascual Orozco, junto con 200 hombres, quienes el 26 de febrero de 1912, fueron atacados por el ejército ahora sí del Presidente Madero, entre Mieleras y Nazareno. En San José de las Mangas, hoy ejido La Unión, Durango, Argumedo entregó a sus seguidores nombramientos firmados por Pascual Orozco.

La campaña militar de Madero contra Zapata y Orozco continuó y, el 19 de mayo, el destacamento establecido en Picardías a cargo del capitán Blanco fue asediado por Argumedo y 900 hombres de las tres armas. El día 21 esta fuerza enfrentó a Argumedo quien, con sus hombres, estaba en dos bloques posesionado del cañón de Picardías, aquí se hicieron tiroteos, retirándose los insurrectos a los sembradíos de Juan Eugenio. La gente de Nazareno y Picardías, tomaron parte en el ataque a la Ciudad de Torreón que estaba defendida por un número aproximado de 700 soldados. Estas fuerzas federales al no poder enfrentarse a los soldados maderistas, no tuvieron más remedio de huir por falta de pertrechos suficientes.

La evacuación salió por La Polvorera bajo un torrencial aguacero tomando el rumbo a la Cuesta de la Fortuna, donde fueron tiroteados por los revolucionarios apostados en los cerros cercanos, como el del Cajón. La huida de las fuerzas del gobierno no fue nada fácil para ellas, pues las mulas se encabritaron; la fuerza del gobierno porfirista llegó a la hacienda de Jesús Nazareno. Poco después los soldados federales pasaron el rio Aguanaval rumbo a la Ventana. Muy pronto entraron al cañón de la sierra (hoy Río Escondido) y salieron al poblado de Jalisco, para llegar a Jimulco.

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