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miércoles 17 de abril 2019, actualizada 9:35 pm


La gran mentira

La principal promesa en campaña de “ya sabes quien” y la bandera más importante de su gobierno ya en el poder, es la corrupción. En cada acto publico insiste en acabar con la corrupción, se compromete una y otra vez de manera reiterada “en terminar con la corrupción”. ¡Vil Mentira!

La corrupción no es una enfermedad, es una condición social que según la “Transparency International”, México ocupa el lugar 138 de 180 países evaluados en el mundo, alcanzando 28 de 100 puntos y lamentablemente somos el país más corrupto de Latinoamérica todavía peor que Venezuela. Dinamarca y Noruega son los países mejor evaluados con 90 de 100 puntos al nivel de excelencia; por lo tanto, terminar con la corrupción es imposible. Para éste organismo no hay país perfecto hasta ahora que haya alcanzado los 100 puntos de excelencia, ellos evalúan de acuerdo a los parámetros de Gobernabilidad y Sustentabilidad en el Tiempo, Fortaleza Institucional y Riesgos de Corrupción, Riesgo Económico, Indicadores de Vulnerabilidad, Competitividad Frente al Mundo, Políticas Públicas Sostenibles y Justicia y Separación de Poderes.

El Gobierno actual en el poder nos dice reiteradamente que ya no existe la corrupción. Es imposible suponer que nuestro actual presidente no sepa como se evalúa el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) y si no lo sabe, pasa a ser un vulgar político de nuestros tiempos. Lo más probable es que si lo sepa y la corrupción la utiliza como herramienta de manipulación social. Para las masas, tiene más impacto escuchar que “vamos a terminar con la corrupción” cuando lo correcto y más honesto sería solo comprometerse con lo que humanamente es posible a partir de las condiciones heredadas del país al inicio de su mandato y de acuerdo a los parámetros que se califican, pero si lo está pregonando desde su campaña y esto le ha redituado excelentes resultados, significa que es el mejor filón para obtener ventajas de control político.

Me gustaría saber que alguien en sus conferencias mañaneras, tuviera el valor para cuestionarlo a este respecto; como por ejemplo preguntarle si según el IPC estamos en el lugar 138 con tan solo 28 puntos, ¿Cómo piensa llevarnos al primer lugar sin importar que no obtengamos los 100 puntos de excelencia? ó ¿En qué tiempo escalaremos lugares que nos indique que estamos avanzando hasta llegar a la cuarta transformación que nos promete? Y si ese alguien se atreve, deberá insistir con sus preguntas hasta descubrir el verdadero perfil de gobierno.

Es indudable que nuestro presidente tiene niveles de aceptación y de popularidad nunca vistos; sin embargo esto no es como para presumir, porque naturalmente somos una sociedad que vaciamos toda nuestra simpatía, afecto y consideración por el desgraciado más débil en una lucha contra un ente maléfico y poderoso como es la corrupción y en contra de quien la origina y nadie duda que en este sentido, nuestro presidente ha sabido colocarse como un líder victimizado dispuesto a “desgarrar sus vestiduras” en favor de los más desprotegidos. Y el tema de la corrupción seguirá siendo su recurso inagotable para pretender un liderazgo permanente sabiendo que jamás podrá erradicarla, pero que si le servirá para mantenerse en la preferencia de las mayorías. Quizás este sea el poderoso motivo por el que inteligentemente administra los casos de corrupción que arroja a la luz pública; los manipula y los dosifica como el mago que quiere mantener la atención de todos en su expectativa, por este mismo motivo ofrece únicamente la información que quiere y la que a sus intereses particulares le conviene, tan solo para seguir colocado como líder de un ejército de víctimas, cuando en realidad es un lobo con piel de cordero.

“No mentir, no robar y no traicionar” resulta un eslogan mercantil barato que no pasa de ser una falsa promesa política que muchos mexicanos creen y están esperanzados, cuando la verdad es que nuestro presidente miente una vez cuando promete. “Eliminar la corrupción” y miente de nuevo cuando promete que al pueblo “No le fallará”, sabiendo que si fallará ante un imposible, así sea reelegido eternamente.

Juan Antonio Aguilar

Torreón, Coah.

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