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Columnas Deportes

La columna de Rosell

Rafael Rosell
domingo 17 de marzo 2019, actualizada 10:09 am


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La comisión disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol por oficio investiga las reacciones del árbitro Francisco Chacón en el partido entre América y Guadalajara de cuartos de final de Copa MX. Resulta que los del América le reclamaban un penal y Jesús Molina, experimentado mediocampista, ahora jugando con las Chivas (según él), le advertía o aconsejaba a Chacón que no cayera ante la presión y tirará a Lucas a las Águilas, Chacón se sintió de alguna manera insultado, ¿de veras pensaba Molina que los reclamos de los del América iban a influir en él? Y para dejarlo claro respondió: "me vale madre lo que digan, todos me la pelan".

Así de simple. Francisco Chacón dejó establecido que nada ni nadie lo iban a influenciar en su trabajo (que por cierto fue estupendo)

En estos tiempos donde prácticamente cualquier actividad pública, lo que sea, con el solo hecho que se vea expuesta en los medios debe pasar por un código inimaginable hace 10 o 20 años, una ética distorsionada que atenta contra el trabajo artístico por seguir una "política correcta" dejando atrás en el caso que nos ocupa lo más valioso del ser humano, lo que lo diferencia de las máquinas, su espontaneidad. No nos hagamos, cualquiera que tenga un mínimo de raciocinio sabe cuándo algo es malicioso, de mala leche y cuándo algo forma parte del juego y es el diálogo entre futbolistas y el árbitro, algo tan viejo como el juego mismo, que ahora las transmisiones de tele cuenten con 30 cámaras y simplemente capten todo es otra cosa.

Los diálogos con los árbitros son los mismos en la Premier de Inglaterra que en la automotriz de Torreón. Los que jugamos en el llano también lo sufrimos y gozamos, los árbitros amateurs fueron héroes a prueba de todo y además algunos simpáticos como Chacón.

En mis tiempos en los campos del "Tercer Mundo" uno nos advertía antes de iniciar: "al que no le eche ganas lo expulso" otro, ante su mala marca de un penal, trataba de consolar al equipo ofendido diciéndoles: "que al cabo lo va a fallar". En mi caso frecuentemente nos pitaba "Tui", así le decíamos a un árbitro con problemas de audición, cuando le preguntabas cómo se llamaba él respondía "Tui" en lugar de "Chuy". Tenía severos problemas para escuchar y yo, debo de confesarlo con pena, trataba de aprovecharme, cuando iba a entregarle las credenciales me volteaba (leía los labios de manera impresionante) y les decía a mis compañeros: "otra vez nos tocó este árbitro que está regüey" y nos reíamos como los idiotas que éramos.

Hasta el día de la final, llego a entregar las credenciales, me volteo para hacer otra vez la bromita aprovechándome que el de negro no oía. "A ver si ahora sí nos pita un penalti este animal" y escucho claramente la voz de Tui diciéndome: "ya traigo aparatito, güey, y el animal eres tú, estás expulsado" Bien merecido me lo tuve, dondequiera que estés, Tui, mi admiración y respeto, había que tener una pasión desenfrenada por el arbitraje para presentarse solo ante una bola de crudos y en la mayoría de los casos ignorantes de los reglamentos en los áridos campos del "Tercer Mundo" en la Liga Lerdense.

Todos los que hemos jugado fútbol a cualquier nivel y entendemos lo inherente al juego, apoyamos a Chacón y ojalá no lo censuren, que las reacciones humanas se sigan entendiendo y privilegiando a lo "políticamente correcto". El que se sienta libre de culpa que patee el primer penal.

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