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Columnas Social

MUJERES PLENITUD

CISTOCELE O VEJIGA CAÍDA

Dr. Raúl Domínguez González
domingo 17 de marzo 2019, actualizada 10:55 am


La vejiga es un órgano membranoso que se ubica en la pelvis y que recibe y acumula la orina que van produciendo los riñones a través de sus respectivos uréteres. La vejiga está ubicada detrás de la pelvis y delante del recto, y se sitúa por encima de la próstata y las vesículas seminales en el caso del hombre y sobre la vagina en el caso de la mujer. Los músculos de la pelvis se encargan de sujetar la vejiga, que está separada del canal vaginal por una pared fibromuscular que en un momento dado y por diversas causas puede debilitarse. Al fallar la contención, y por efecto de la gravedad, la vejiga puede caer hacia abajo sobre la vagina causando síntomas diversos produciendo la vejiga caída o cistocele.

¿Cómo se produce?

La caída de la vejiga por debilidad de la pared que la separa de la vagina suele ser debida a alteraciones que se producen durante el parto o tras él, especialmente cuando se trata de partos prolongados, complicados y que requieren instrumentación, en casos de bebés muy grandes o por la existencia de múltiples partos. El trabajo de parto y la tensión masiva a la que se somete a la musculatura pélvica hace que ésta se debilite.

Asimismo, los estrógenos, hormonas sexuales femeninas, se encargan entre muchas otras cosas de mantener un tono muscular adecuado en la musculatura de la pelvis, para así sostener las diferentes estructuras en su posición anatómica correcta y hacer que se esté preparando para un eventual parto. Al llegar a la menopausia, se produce una disminución de la secreción de estrógenos, con lo que sin ellos las estructuras musculares pélvicas tienden a debilitarse.

Otros factores que pueden llevar a que estos grupos musculares se debiliten y faciliten la aparición de un cistocele son la carga continuada de pesos que aumenten la presión sobre la zona pélvica, el estreñimiento severo y prolongado o la tos crónica, maniobras que aumentan la presión abdominal y, consecuentemente, la que se ejerce sobre esta musculatura pélvica, pudiendo llegar a debilitarla.

En ocasiones, el cistocele puede estar producido por alteraciones congénitas, como la espina bífida o malformaciones de la vejiga, la vagina o el recto, aunque son casos poco frecuentes.

Síntomas

El cistocele se caracteriza por la presencia de una sensación de masa u ocupación a nivel de la pelvis que puede alcanzar diversos grados. Al caer la vejiga sobre la vagina, se aumenta la presión sobre aquélla, con lo cual se pueden producir síntomas de incontinencia urinaria por aumento de la presión, que hace que se abra el esfínter urinario. Al estar de pie -por la gravedad- o al realizar maniobras que aumenten la presión sobre esta zona (llamadas maniobras de Valsalva), como reír, toser, estornudar, correr, defecar o cargar peso, es probable que se produzcan también pérdidas de orina.

Asimismo, el mismo hecho de la caída de la vejiga puede dificultar el vaciado de la misma, con lo cual la micción no es completa y pueden darse ganas constantes de orinar y una ausencia de satisfacción con la micción. La orina arremansada que queda en el interior de la vejiga puede favorecer que se produzcan infecciones de orina de repetición.

El cistocele puede causar también dificultades para defecar por compresión secundaria del recto y hacer que las infecciones de orina.

En función del nivel de descenso de la vejiga el cistocele se puede clasificar en:

• Cistocele de grado I, leve, con un descenso escaso con respecto a su posición normal.

• Cistocele de grado II, moderado, cuando el descenso ya llega a la abertura de la cavidad vaginal.

• Cistocele de grado III, grave, cuando la vejiga sale hacia el exterior del cuerpo a través de la vagina.

Diagnóstico

El diagnóstico se basará inicialmente en los síntomas que explique la paciente sobre urgencia para la micción, incontinencia urinaria (y en menores ocasiones, rectales), sensación de peso a nivel vaginal y relaciones sexuales dificultosas o incluso dolorosas.

Se llevará a cabo una exploración completa, realizando un tacto vaginal y observando si existe salida o protrusión de la vejiga hacia el exterior, tanto estando la paciente de pie como tumbada. Se pedirá a la paciente que en ambas posiciones apriete el abdomen para comprobar si existe escape de orina.

Se pueden realizar pruebas de imagen que permitan valorar la forma y ubicación de la vejiga, mediante una tomografía axial computadorizada (TAC) o una cistografía, que permite ver la forma y posición de vejiga y su mecanismo de vaciado al hacer radiografías seriadas mientras se orina.

Es conveniente realizar también un estudio urométrico que permita valorar la preservación de los mecanismos de la micción.

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