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Columnas Social

La columna del perro

LA QUIMERA DEL EQUILIBRIO

M.V.Z. Miguel Dávila Dávila
domingo 17 de marzo 2019, actualizada 10:56 am


La carrera entre una enfermedad y el personal médico que la combate siempre será difícil, larga y desigual. Hay una teoría que nos dice que las enfermedades y las guerras son reguladoras de la sobrepoblación de personas y de los animales.

En la actualidad, con todos los conocimientos y avances tecnológicos, siguen existiendo enfermedades muy antiguas, para las cuales no existe cura, y si bien las expectativas de vida en cuanto a años se refiere, es mayor ahora que hace 30 años, también es cierto que el último tercio de la vida que en años ha aumentado, éstos se vivirán con algún tipo de enfermedad y siempre también con algún tipo de tratamiento, dependiendo por tanto de algún o algunos medicamentos que se habrán de tomar a diario por el resto de la vida.

Y es que tenemos que entender que la naturaleza nos dará siempre alguna cosa y nos quitará otra a cambio, es decir, nos dará más años, pero será a cambio de una menor calidad de vida. Por supuesto que para mejorar esta calidad de vida, tendremos nosotros que poner de nuestra parte, es decir, mantener en la medida de lo posible una actitud positiva ante cualquier circunstancia que se nos vaya presentando.

Actitud que no es fácil para el ser humano tener, pues en automático, tendemos a dejarnos caer anímicamente, a no prestarnos a algún tratamiento o en darnos por vencidos, si no tenemos una respuesta positiva a algún o algunos tratamientos, sobre todo si son tardados o si no nos dan una cura definitiva.

De por si las enfermedades están en constante cambio, pues los virus o bacterias mutan con frecuencia, siendo muy difícil para el hombre hacer vacunas altamente efectivas para prevenirnos contra ellas. Así como la resistencia cada vez mayor y más frecuente de las infecciones a los antibióticos.

En el caso de los animales existe una ventaja, pues cuando éstos sufren de alguna enfermedad, toda su energía está enfocada a resistirla y en la medida de lo posible superarla, no se detienen a pensar ¿por qué yo?, o ¿por qué me tocó a mí?, esto ayuda bastante sin duda al mejoramiento del paciente.

Ojalá algún día esta eterna lucha entre el médico y las enfermedades se pusiera más pareja y así poder brindarle al paciente una más larga y mejor calidad de vida.

Y ahora, para terminar, una gota de filosofía: EN ESTE OCÉANO TAN AZAROSO QUE ES LA VIDA, NUNCA TENDREMOS LA CERTEZA DE SABER CUÁNDO SOMOS EL PESCADOR O CUÁNDO SOMOS LA CAMADA.

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