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miércoles 30 de enero 2019, actualizada 9:59 pm


Cuando renace la esperanza

Que un perro muerda a una persona no es noticia, y si lo es, tal nota “no vende”, a menos que la mordedura sea mortal, o que la víctima sea un niño o una persona importante (de interés público); o mejor aún, que la persona muerda al perro.

El periodismo actual en cualquiera de sus formas, trae consigo una buena dosis de sensacionalismo; esto es, información de hechos intencionalmente seleccionados para provocar emociones y sensaciones diversas mediante los sentidos del oído y la vista; sin pretender que ésta (la información) llegue a ser comprendida por el perceptor, y mucho menos que éste elabore juicios acerca de los hechos narrados.

De la práctica de un periodismo carente de ética conocemos medias verdades, verdades exageradas, manipuladas, notas periodísticas que engañan, intrigan, incitan a la confabulación, a la conspiración, a la discriminación, a la falsa percepción del mundo que nos rodea y, obviamente la emisión de juicios, pues si las premisas dadas son falsas, la conclusión será falsa; de esta manera cualquier sociedad está a merced del periodismo, calificado por su influencia determinante en la conducta social, como el cuarto poder, en el que los perceptores de noticias navegamos, cuando podemos, en un mar de sofismas en busca de verdades netas, sin maquillaje, imparciales, veraces y oportunas.

Por fortuna, todavía hay en México periodistas con ética profesional, y de ello nos congratulamos los lectores y televidentes asiduos a las noticias; por suerte aún contamos con reporteros y comunicadores, que ejerciendo su libertad de expresión no han cedido a la tentación del libertinaje, del sensacionalismo y amarillismo noticioso; conscientes que la forma y fondo de la nota informativa cambia, en los perceptores, la comprensión y juicio acerca de su entorno social.

Con beneplácito leemos hoy (22/Ene) una nota que constituye un botón de muestra y prueba de que no todos tendemos a la rapiña aunque la ocasión sea propicia; nos complace leer que en Ciudad Juárez, Chihuahua, cientos de personas ayudaron a recoger paquetes y cajas de pan y de galletas que a un repartidor de la empresa Bimbo se la cayeron al pavimento, al abrirse las puertas de su camión en movimiento. Tal hecho resulta insólito ante el manantial inacabable de noticias sobre hechos corruptos en México, que hace que pensemos que los mexicanos hemos perdido los valores humanos más elementales.

La noticia en comento equivale al titular “hombre que muerde a perro”, pues lo “normal” en una sociedad que ha perdido el valor de la honradez sería la rapiña, cosa que hemos visto y leído innumerables ocasiones; actos deshonestos que a fuerza de repetirse han hecho que perdamos la capacidad de asombro y veamos como ordinario lo que es extraordinario.

Como ciudadano común, me da gusto leer una noticia así, porque de alguna forma me hace abrigar la esperanza de que no toda nuestra sociedad está corrompida, que hay todavía sectores sociales con una incólume escala de valores morales, que desaprueba la deshonestidad, la falta de honradez, y lamenta la carencia de integridad, de responsabilidad, de sensibilidad humana, de gratitud, de humildad, de respeto y de otros valores inherentes al ser humano, que desafortunadamente muchos ciudadanos hemos preferido hacer a un lado para vivir en el egoísmo, la crítica insana, la transa, el abuso y otros antivalores que nos devalúan como sociedad.

Pero también ojalá, el ejemplo de un numeroso grupo de juarenses se replique en múltiples formas de honradez en otros rincones del país y no caigamos en la tentación de apropiarnos de lo que no es nuestro.

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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